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» La Nacion
Fecha: 27/01/2026 09:49
Quién es Mette Frederiksen, la mujer que se interpone entre Donald Trump y Groenlandia COPENHAGUE.- Mette Frederiksen nunca toleró a los abusadores. Cuando estaba en la secundaria, Frederiksen, primera ministra de Dinamarca, una vez se le plantó a una banda de skinheads que molestaban a los niños inmigrantes. No le fue muy bien: le dieron una trompada en la cara. Pero la semana pasada la que pegó fue ella, y fuerte. Tras su escalada de amenazas sobre tomar Groenlandia, gigantesco territorio de ultramar de los daneses, el presidente Donald Trump finalmente parece haber reculado. En un discurso ante la élite financiera mundial en Davos, Trump afirmó que no usaría la fuerza para tomar la isla, y más tarde dijo que junto a los líderes de la OTAN habían elaborado el marco de un futuro acuerdo que dejaría contentos a todos. Está por verse. Por supuesto que al cambio de postura de Trump contribuyeron también otros factores, como la creciente oposición del Congreso y la caída de las bolsas, pero no cabe duda de que la defensa cuidadosamente elaborada de Frederiksen fue crucial para impedir que Trump obtuviera lo que realmente deseaba. La primera ministra danesa viene sorteando un juego tenso y arriesgado con Trump desde hace meses, y por el momento parece que haber ganado. Mientras las negociaciones continúan, Frederiksen sigue enfrascada en un combate que no buscó y tratando de calibrar cómo dejarle claro al volcánico Trump que la respuesta a su exigencia de que Dinamarca entregue Groenlandia es un no rotundo, pero sin llegar al punto de enfurecer al presidente estadounidense y que amenace con arrebatársela de nuevo. De hecho, la primera ministra ya ha manifestado su resistencia a una de las concesiones que Trump parecía estar evaluando: establecer la soberanía de Estados Unidos sobre las bases militares que tiene en Groenlandia. La soberanía, insiste Frederiksen, sigue siendo la línea roja. Hace un par de meses Frederiksen accedió a una inusual entrevista en Groenlandia, en una antigua casa con vista al mar, y ahí le preguntamos si sentía que Trump se comportaba como un abusador. El habla muy claramente, y yo también, dijo la mandataria. Esa tranquila determinación en su trato con Trump la diferenció de otros líderes europeos que prefirieron la adulación o el apaciguamiento, y le ha dado una extraordinaria popularidad en su país: las encuestas de opinión en Dinamarca muestran un auge de su partido, y a finales de este año se celebran elecciones donde todo indica que está en condiciones de ganar un tercer mandato. Ese creciente apoyo refleja lo mucho que Groenlandia significa para los daneses, por no hablar de Trump y los propios groenlandeses. Para Frederiksen la primera ministra más joven de la historia danesa, quien asumió el cargo en 2019, la disputa es innegablemente existencial y amenaza la identidad, la composición y la posición de su país en el escenario mundial. Habilidad táctica Pero los vertiginosos acontecimientos de la semana pasada demostraron su habilidad táctica. Después de que Trump declarara que al no haber ganado el Premio Nobel de la Paz renunciaba a la paz y avanzaría con Groenlandia, ella también puso manos a la obra. Importó a Groenlandia tropas de su propia coalición de países bien dispuestos, incluidos Gran Bretaña, Alemania, Francia e Islandia, hizo un llamado a Europa para que defendiera a Dinamarca, y resistió las amenazas arancelarias de Trump. Hasta ese momento, muchos daneses se habían resignado a que poco podrían hacer si Trump pasaba a los hechos en la isla. La arriesgada estrategia de Frederiksen de convocar a militares y fuerzas del orden extranjeras aunque se tratase de un pequeño contingente de unas pocas docenas de tropas y aparentemente como parte de un ejercicio de entrenamiento en el Ártico, fue una clara señal de que cualquier acción militar que Trump emprendiera terminaría muy mal, como dijo el comentarista político danés Bent Winther. El argumento de Frederiksen era que si van a tomar Groenlandia por la fuerza, tendrán que esposar a los oficiales británicos, franceses y alemanes, apunta Winther. Creo que parte de su apuesta era esa. El enfrentamiento de Frederiksen con Trump terminó por definir su liderazgo, una batalla que arrancó en 2019 en sus primeras semanas en el cargo, cuando llegó al poder de Dinamarca a los 41 años como líder de los socialdemócratas de centroizquierda. Ese verano boreal, durante su primer mandato, Trump sugirió que Estados Unidos podía comprar Groenlandia, territorio que forma parte de Dinamarca desde hace más de 300 años. Frederiksen calificó la idea de absurda: Trump canceló de inmediato su viaje programado a Copenhague y calificó sus comentarios de desagradables. ¿Se arrepiente de haber dicho eso? Es capítulo cerrado, dijo Frederiksen en la entrevista. Pero Trump se ocupó de reabrir ese capítulo el 7 de enero de 2025, incluso antes de su segunda asunción, cuando afirmó por primera vez que no descartaba el uso de la fuerza militar para apoderarse de Groenlandia. Ese mismo día, el hijo mayor del presidente, Donald Trump Jr., realizó una visita relámpago en pleno invierno a Nuuk, la capital de Groenlandia, supuestamente por un tema de negocios. Su aparición atrajo a un grupo de influencers pro-Trump de las redes sociales, que vestidos con gruesos trajes de nieve y banderas estadounidenses se pusieron a repartir billetes de 100 dólares, lo que desalentó a muchos groenlandeses. La semana siguiente, Frederiksen y Trump mantuvieron una acalorada conversación telefónica, en la cual Trump la reprendió durante 45 minutos, según funcionarios europeos informados posteriormente. En la entrevista, la primera ministra danesa tampoco quiso hablar del tema. Una conversación telefónica entre dos colegas debe seguir siendo una conversación telefónica entre dos colegas, dijo Frederiksen. La mayoría de los analistas políticos daneses califican positivamente su gestión por Groenlandia. No encuentro errores importantes, señala Ulrik Pram Gad, un respetado académico especializado en Groenlandia. Gad dice que a medida que Trump empezó a mostrarse más agresivo respecto a Groenlandia, Frederiksen realizó un buen trabajo de coordinación con las autoridades groenlandesas y de movilización de las capitales europeas, como Londres y París, para que nuestro mensaje no llegara por boca de otros. ¿La razón? Dinamarca necesita Groenlandia: gracias a ese territorio, Dinamarca se convierte en el duodécimo estado soberano más grande del mundo, forma parte del Consejo Ártico, el principal foro internacional para asuntos árticos, y mantiene una relación especial - aunque ahora problemática - con Estados Unidos, que protege Groenlandia desde la Segunda Guerra Mundial y mantiene una base militar en el extremo norte de la isla. Sin Groenlandia, Dinamarca perdería el 98% de su territorio, dice Pele Broberg, líder de un partido político groenlandés que ha sido muy crítico con Dinamarca. Así que es muy simple, concluye Broberg. Son importantes mientras nos posean. Frederiksen, por su parte, ha apoyado la autonomía de Groenlandia. El futuro de Groenlandia pertenece al pueblo groenlandés, afirmó la primera ministra danesa. Hoy, más que una antigua colonia, somos dos países trabajando juntos, con todo lo que ello implica. Frederiksen agregó que uno de sus principios rectores más importantes era preservar la solidez de la alianza de Europa con Estados Unidos, o al menos que no sufra bajas. En 2024, afirmó que no permitiría que entre ambas partes se filtre ni una aguja. Y la semana pasada dijo que sigue creyendo en mantener una estrecha relación con Estados Unidos, alegando que el interés común es garantizar nuestra seguridad. Creo realmente que a Europa le habría ido muy mal de no ser por el Día D y por el importante rol de Estados Unidos para poner fin a la Segunda Guerra. Nos salvaron, y ciertamente lo hicieron una y otra vez, dijo como muestra de reconocimiento. Así que mi punto de partida es hacer todo lo posible para mantenernos unidos en este mundo, y por eso no inicio un conflicto, sino que trabajo para resolverlo, dijo la mandataria danesa.
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