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  • Para abrir la economía, hay que salir del Mercosur

    » Clarin

    Fecha: 27/01/2026 06:27

    A 35 años de la fundación del Mercosur, está claro que la apuesta de integración colectiva al comercio global no funcionó y que es inútil esperar cambios que no van a llegar. Pero no hacer nada tampoco es una opción. Dado que el Mercosur, con sus siempre altos aranceles, obstaculiza la agenda aperturista del presidente Milei, lo mejor que puede hacer Argentina es salir del Mercosur y abrir su economía al mundo de manera unilateral, tal como hizo Chile hace cincuenta años. El presidente ha tomado pasos importantes para normalizar el comercio: ha bajado retenciones a las exportaciones y aranceles a las importaciones, así como ha eliminado los tipos de cambio múltiples, las licencias no automáticas de importación y las medidas antidumping vencidas que ha decidido no renovar. Pero dado que el Mercosur actúa como una jaula, este tipo de apertura comercial tiene un límite: excepto por poquísimas excepciones, Argentina no puede disminuir los aranceles más que lo que le permite el Mercosur. El problema esencial es que, en lugar de que el Mercosur se haya convertido en una zona de libre comercio que dé libertad de acción a sus miembros de cara al resto del mundo, ha terminado por convertirse en un bloque proteccionista gigantesco. Según la base BACI, el arancel promedio del Mercosur se mantiene hoy en un 12%, un porcentaje que duplica al de Chile, triplica al de la Unión Europea y cuadriplica al de Perú, entre otros ejemplos. En la práctica, el Mercosur se volvió un zoológico para que la industria brasileña pueda cazar a piacere. En efecto, la combinación de libre comercio intrazona pero altos aranceles comunes hacia el exterior otorga unos privilegios artificiales a la enorme industria brasileña; para los argentinos, estos resultan, entre otras consecuencias, en tener que comprar autos caros e inseguros en relación al resto del mundo. Lo que se vendió como un paso hacia un comercio más libre resultó, en realidad, en lo que los economistas llaman un desvío de comercio perjudicial para los consumidores. Como si el fracaso económico fuera poco, el progreso en cualquier otra dirección liberalizadora también ha sido mínimo o inexistente. Increíblemente, 35 años después de la fundación del Mercosur, todavía no existe un espacio Schengen para la movilidad de personas; cualquiera que haya intentado cruzar por tierra, aire o agua a Brasil, Uruguay y Paraguay sabe lo insoportable que puede ser el proceso. Eso sí, existe el Parlasur, que solo emite recomendaciones en lugar de leyes pero mantiene una jugosa estructura burocrática cuya existencia pagan todos los contribuyentes. La última esperanza para el Mercosur podría haber sido, quizás, el famoso tratado de libre comercio con la Unión Europea, el inicio de cuyas negociaciones data del milenio pasado. El TLC Mercosur-UE se ha anunciado tantas veces que es difícil llevar la cuenta; la última de ellas es tan ilusoria como las anteriores, habida cuenta de que ahora se ha enviado el tratado a la justicia europea, lo que podría demorar todo indefinidamente. Se descontaban problemas para la ratificación en varios parlamentos nacionales, pero esto es peor: ni siquiera el Parlamento Europeo quiere el tratado, que incluso si entrara en vigor solo lo haría de una manera lenta y extremadamente acotada. El acuerdo es en muchos casos cosmético: no solo tiene generosas cláusulas de protección en caso de pérdida de cuota de mercado, sino incluso cupos iniciales de importación que en algunos casos no llegan al 2% de lo que ya se produce en cada bloque. ¿Para qué insistir en abrir el comercio con países que no quieren hacerlo? ¿Cuál es el punto de seguir buscando que Brasil o Francia cambien políticas proteccionistas que llevan décadas luchando por mantener? Si hay una idea en la que suelen coincidir los economistas es que comerciar es bueno y comerciar más es mejor. Por eso, Argentina, un país que se encontraba en 2023 entre las cinco economías más cerradas del mundo pero que ahora tiene un gobierno liberal, debe salir del Mercosur y seguir el consejo de Milton Friedman de abrirse al libre comercio unilateralmente, aunque otros países se opongan o no correspondan a las bajas de aranceles. Hay un gran precedente: Chile. En el medio de una crisis de gasto, déficit e inflación similar a la que Argentina sufrió recientemente, Chile tenía a fines de 1973 un arancel nominal promedio cercano al 100%. Como está ocurriendo en nuestro país desde diciembre de 2023, ese valor disminuyó al ritmo de algunas bajas iniciales de aranceles, la eliminación de las barreras no arancelarias y la estabilización de la economía; en 1976, el arancel nominal promedio chileno se ubicaba así en 44%. Para seguir abriendo su economía, sin embargo, Chile enfrentaba la oposición del Pacto Andino, un mercado común de naciones que era entonces tan proteccionista como hoy lo es el Mercosur. ¿Cómo logró Chile abrir su economía? Con la salida del Pacto Andino y el anuncio de metas de apertura. Ya estabilizada la situación económica, en 1977 se anunció una meta del 10% de arancel promedio que se alcanzaría dos años después; pero para cumplirla, ya se había tomado la decisión de salir del Pacto Andino ante la imposibilidad de abrir el bloque mismo. Fue un éxito: no solamente subieron las importaciones, sino que para 1980 se habían triplicado las propias exportaciones. Desde el inicio de los cambios, Chile ha firmado 35 acuerdos comerciales con las principales economías del mundo, y no es casual que sea a ese país adonde los argentinos viajamos para hacer tours de compras: la apertura comercial implica más productos que además son mejores y más baratos. Chile pudo escapar de su cárcel y Argentina también puede hacerlo: si el Mercosur insiste en mantenerse cerrado, no hay motivo para que sigamos presos en él. Es verdad que el gobierno se encuentra aún en minoría en el Congreso, pero en la medida en que sea posible conseguir o acercarse a una mayoría legislativa, el presidente Milei haría bien en plantear la idea de salir del Mercosur para integrar la Argentina al mundo unilateralmente. Como correctamente ha señalado el presidente en el pasado, el Mercosur es hoy simplemente una cárcel: se suponía que iba a eliminar la jaula en la que se encontraban sus miembros, pero solo la agrandó un poco más. En un contexto global donde el proteccionismo crece y las consecuencias negativas de ese cambio aún están por verse, Argentina tiene la oportunidad de convertirse en un país líder a nivel mundial en favor del libre comercio. Tenemos todo para ganar. Sobre la firma Newsletter Clarín

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