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» Clarin
Fecha: 27/01/2026 06:27
Hoy se recuerda el Día Internacional del Holocausto (Shoá). El 27 de enero de 1945 el Ejército Rojo entró en Auschwitz y desde este día el mundo pudo conocer la mayor masacre de la historia humana. Se trataba de un campo dedicado al trabajo esclavo, a la experimentación médica y a la matanza industrial de seres humanos: un millón de judíos, también gitanos, homosexuales, Testigos de Jehová, patriotas, etc. Un lugar en que el odio llevado a su máxima expresión se transformó en industria. Los nazis, en su prédica antisemita, en los años 30 y 40 se valieron solamente de los medios gráficos y de la radio, que ni siquiera era de uso masivo. Con estos medios precarios generaron el Holocausto. Hoy los medios de comunicación y las redes sociales llegan a miles de millones de personas. Nos preguntamos: ¿qué papel tienen las redes sociales en la difusión de las ideas racistas y xenófobas? El politólogo y escritor estadounidense Francis Fukuyama publicó recientemente un artículo llamado significativamente Its the Internet, Stupid. Fukuyama, luego de estudiar múltiples causas (desigualdad, racismo, fallos de las élites), sitúa a las redes sociales como la variable explicativa más importante del auge del populismo y la crisis democrática actual. Si bien no estudió especialmente el odio racial a través de las redes sociales, resalta su papel central. Las redes no son espejos neutrales de la sociedad. Los algoritmos agrupan a usuarios con intereses similares, creando burbujas donde las teorías conspirativas no encuentran oposición, reforzando prejuicios preexistentes. El algoritmo es una especie de espejo y de eco que confirma los prejuicios. El virus del odio se acrecienta en las redes sociales, y la judeofobia no murió con el Holocausto, sino que se ha potenciado por millones en Internet. La responsabilidad de las redes en el aumento del antisemitismo, luego del 7 de octubre de 2023, es significativa. Son el motor de amplificación y globalización más potente que ha existido. Los controles que ejercen los dueños de las redes no alcanzan y no tienen la rapidez necesaria para borrar los mensajes de odio. La Unión Europea entendió la importancia de combatir el odio en Internet (incluido el antisemitismo) y creó la Ley de Servicios Digitales (DSA, en inglés), que ya impuso fuertes sanciones e importantes multas a la red X (antes Twitter). Para burlar los controles de las redes sociales han surgido las técnicas de camuflaje de los prejuicios. A Hitler lo llaman el pintor austríaco o escriben Hitl3r, y a los judíos los denominan, por ejemplo, jugo, por lo que es necesario siempre estar en guardia para detectar estos camuflajes. Como en los comentarios de los portales de noticias no hay tanto control, en esos sitios el antisemitismo se manifiesta con mayor violencia. No solo ha crecido la judeofobia en las redes, también la islamofobia. Así lo confirma el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia en su informe del año 2025. Para concluir, en la era de los algoritmos y la desinformación aplicar el pensamiento crítico implica una resistencia activa. Aplicando la teoría de Theodor Adorno debemos criticar a la industria cultural que nos entrega productos masticados para que dejemos de pensar. Hoy, el algoritmo es esa industria: debemos decidir por nosotros mismos. El odio racial con medios de comunicación precarios llevó al Holocausto nazi. No debemos permitir que las redes generen nuevos Holocaustos contra ninguna minoría Sobre la firma Newsletter Clarín
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