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» Clarin
Fecha: 26/01/2026 19:16
En tiempos de sobreinformación y acceso constante a datos, una consulta habitual es la del pronóstico del tiempo. Hoy se puede chequear desde una app en el celular, un widget en la computadora o incluso desde el Smart TV. Sin embargo muchas veces esos pronósticos no parecen acertar del todo, como cuando dicen "probabilidad de lluvia" y tal vez no llueve. El tema es cómo se interpretan los datos. Así lo explica la meteoróloga Cyrena Arnold, quien pone el foco en la probabilidad de lluvia, un o de los valores más mirados en cualquier previsión meteorológica y, al mismo tiempo, uno de los más malentendidos. Según advierte, ese porcentaje no expresa la chance directa de que llueva en un lugar y momento específicos, como suele creerse. En una entrevista con Popular Science, Arnold señaló que el error más común es interpretar ese número como una certeza parcial. Por ejemplo, asumir que un 30% de probabilidad significa que va a llover durante un tercio del día o solo en una parte del territorio. En realidad, se trata de una herramienta estadística que surge de múltiples simulaciones meteorológicas realizadas por distintos modelos. La especialista remarca que mucha gente no sabe realmente qué significa probabilidad de precipitación y aclara que ese dato, por sí solo, no ofrece información sobre la intensidad, la duración ni el impacto de la lluvia. Un mismo porcentaje puede anticipar desde una llovizna leve hasta un episodio intenso, sin que el número dé pistas claras sobre lo que efectivamente podría ocurrir. Qué mide realmente la probabilidad de precipitación Según Arnold, cuando un pronóstico indica un 30% de probabilidad de lluvia, lo que está diciendo es que en 3 de cada 10 simulaciones realizadas por los modelos numéricos aparece algún tipo de precipitación en esa zona. No es una predicción puntual, sino un resultado estadístico. Esto explica por qué dos días con el mismo porcentaje pueden ser muy distintos entre sí. Un 40% puede implicar una lluvia débil y aislada o un evento intenso y breve. El número no discrimina volumen de agua ni severidad, solo la frecuencia con la que el fenómeno aparece en los cálculos. Por ese motivo, la meteoróloga recomienda no tomar ese valor como una garantía ni como una negación absoluta de la lluvia, sino como un indicador de incertidumbre dentro del sistema de pronóstico. Modelos, capas de aire y fenómenos difíciles de prever Los sistemas que utilizan los meteorólogos combinan observaciones satelitales, datos atmosféricos y ecuaciones físicas para anticipar cómo evolucionarán las masas de aire. Aun así, ciertos fenómenos siguen siendo especialmente complejos de prever. Arnold pone como ejemplo la lluvia engelante, que se congela apenas toca una superficie fría. Este tipo de precipitación puede generar capas de hielo muy peligrosas con acumulaciones mínimas y depende de transiciones térmicas muy finas entre distintas capas de la atmósfera. También menciona el granizo blando, que suele tener un comportamiento algo más predecible, pero cuya presencia indica cambios importantes de temperatura en el recorrido de los copos antes de llegar al suelo. Cómo leer mejor un pronóstico del tiempo Un punto clave que destaca la especialista es que toda precipitación comienza como nieve en las capas altas de la atmósfera, incluso en verano. A partir de ahí, la evolución hacia lluvia, aguanieve o hielo depende del perfil térmico que atraviesa en su descenso. Además, Arnold subraya que la fiabilidad del pronóstico mejora a medida que se acerca el evento. Para explicarlo, utiliza una metáfora simple: ver un remolino de polvo a lo lejos no permite saber si se acerca un auto o un caballo, pero cuanto más se aproxima, más clara se vuelve la imagen. En ese sentido, aclara que las tendencias de temperatura a una o dos semanas suelen ser bastante confiables para anticipar escenarios de calor o frío, aunque no tanto para fenómenos puntuales como lluvias intensas. Newsletter Clarín
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