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  • El capital humano como nudo gordiano: realismo y supervivencia política

    Parana » El Diario

    Fecha: 26/01/2026 13:56

    La realidad es un muro que no se derriba con retórica, sino con diagnóstico y acción orientada. En los pasillos de Washington, un pragmatismo frío ha comenzado a imponerse: se reconoce en Delcy Rodríguez una capacidad de gestión pública que los actores económicos estadounidenses parecen haber validado. Para la administración de Donald Trump característicamente alérgica al caos real y orientada a los resultados orden y negocios por encima de consideraciones morales, el tablero venezolano se lee hoy bajo una luz distinta. Estamos pagando severamente los errores de la etapa (Juan) Guaidó y el severo fraude a las expectativas que significó. Si bien nadie en el Departamento de Estado discute nuestra cualidad de fuerza mayoritaria, hablo de nosotros, la oposición, existen dudas legítimas y severas sobre nuestra capacidad actual para asumir el poder y, lo más crítico, para sostenerlo. La crisis de las neuronas: un problema de gestión de datos Como analista especializado en inteligencia y cadenas de valor, no puedo ignorar que el problema de la transición en Venezuela es, en su núcleo y hacia donde sea que vayamos a transicionar, un problema de capital humano. La política, al igual que la gestión agroalimentaria, requiere capacidades tecnopolíticas especializadas. Las neuronas no se educan de un día para otro y el hecho público exige una especialidad que se ha drenado con la migración. El ejemplo es tangible en sectores estratégicos: Chevron hoy debe importar ingenieros de la India para escalar operaciones porque el talento de élite que Venezuela formó ya está ocupado, dentro o fuera del país. Si no tenemos la fuerza laboral para operar un pozo, ¿tenemos el contingente para operar un Estado? 1958 y 2026: La lección del mal necesario La historia nos ofrece un espejo incómodo pero necesario. En 1957, la dictadura de Marcos Pérez Jiménez había desbaratado a la oposición real; había exiliados, presos, enconchados o temerosos. Fue la apertura de una Junta Revolucionaria de Gobierno encabezada por alguien con las manos vinculadas al régimen anterior, como Larrazábal, la que permitió que los exiliados volvieran, los presos fueran liberados, los enconchados salieran de sus conchas y los temerosos recuperaron la vocación de acción colectiva y que con ello política reviviera. Hoy, nuestra prioridad absoluta, la de quienes queremos una Venezuela democrática, debe ser recuperar la capacidad de hacer vida política en el terreno. Esto pasa, inevitablemente, por el regreso del exilio, la liberación de los presos políticos y el restablecimiento de un mínimo de derechos y libertades políticas. Existe una capa más de cerca de 10 millones de venezolanos que emigraron, y dentro de esta existe una capa de exiliados o expatriados, de entre 300.000 a 350.000 venezolanos, con capacidades técnicas y políticas demostradas que pueden marcar la diferencia en la reconstrucción del tejido nacional. Es estratégico priorizar generar las condiciones políticas para su retorno y su redespliegue en el terreno. Una reflexión incómoda Debemos abrir una reflexión honesta sobre las figuras actuales del poder. Delcy Rodríguez representa todo lo que hemos denunciado: corrupción y autoritarismo. Sin embargo, si para actores determinantes ella es hoy un mal necesario, el gobierno de EE UU, por ejemplo, debemos preguntarnos: ¿Qué estamos dispuestos a conceder o ignorar para cumplir objetivos superiores? Para disputar y ganar el poder en elecciones, y sobre todo para sostenerlo, necesitamos redesplegar a nuestro mejor capital humano en el terreno. Necesitamos volver a las bases, reconstruir los partidos, las organizaciones no gubernamentales (ONG), gremios y los sindicatos. En 2026, el reto no es solo desplazar a un adversario, sino ser capaces de gobernar el vacío que dejen. Es hora de dejar de lado la moralidad de salón y abrazar el realismo político que la hora nos exige.

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