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Paraná » Confirmado.ar
Fecha: 26/01/2026 10:18
La llegada de un avión del Departamento de Defensa de Estados Unidos a Ushuaia, en simultáneo con la intervención del puerto dispuesta por Javier Milei, expone con crudeza una política exterior subordinada, decisiones estratégicas tomadas a espaldas del pueblo y un preocupante retroceso en materia de soberanía nacional. - Por AF para Confirmado El aterrizaje de una aeronave militar de los Estados Unidos en Ushuaia no es un hecho menor ni un episodio administrativo. Es una señal política de enorme gravedad que se produce en el contexto exacto en el que el Gobierno de Javier Milei decidió intervenir el Puerto de Ushuaia, una infraestructura clave para el control del Atlántico Sur y la proyección antártica argentina. La coincidencia no es casual. El silencio oficial tampoco. Desde que asumió, Milei dejó en claro que su política exterior se rige por el alineamiento incondicional con Washington, incluso a costa de intereses estratégicos propios. Ushuaia aparece ahora como el escenario donde ese alineamiento se traduce en hechos concretos: control centralizado del puerto, ausencia de debate institucional y presencia militar extranjera sin explicaciones públicas. El Gobierno no informó quiénes viajaban en el avión, qué tareas realizaron, qué acuerdos habilitaron su arribo ni qué vínculo existe con la intervención portuaria. No habló el Presidente, no habló la Cancillería, no habló el Ministerio de Defensa. En una democracia, el silencio frente a hechos de esta magnitud no es neutralidad: es encubrimiento político. Ushuaia es mucho más que una ciudad turística. Es una pieza estratégica del mapa nacional, una llave logística hacia la Antártida y un punto sensible en la disputa por el Atlántico Sur. Intervenir su puerto y permitir el desembarco de una aeronave militar extranjera sin control público equivale a resignar soberanía de manera encubierta. Todo lo contrario a la retórica grandilocuente que Milei utiliza para consumo interno. Mientras el Presidente se presenta como defensor de la libertad, concentra decisiones estratégicas en el Ejecutivo, ignora a las provincias y vacía de contenido al Congreso. La intervención del puerto fue decidida sin debate federal y ahora aparece rodeada de movimientos que refuerzan la sospecha de una agenda geopolítica acordada fuera del país. La política exterior de Milei no es solo ideológica: es peligrosa. El alineamiento automático con Estados Unidos transforma a la Argentina en una pieza funcional de intereses ajenos, especialmente en una región clave para el futuro energético, logístico y militar del planeta. El sur argentino no puede ser moneda de cambio para ganar simpatías internacionales ni para consolidar relaciones personales del Presidente con potencias extranjeras. El pueblo fueguino queda relegado al rol de espectador mientras su puerto es intervenido y su territorio utilizado sin explicaciones. La soberanía no se pierde de un día para otro: se erosiona con silencios, con decisiones administrativas disfrazadas y con gobiernos que confunden política exterior con obediencia. Ushuaia no necesita tutela extranjera ni un Presidente dispuesto a entregar espacios estratégicos a cambio de alineamiento ideológico. Necesita transparencia, federalismo real y una política exterior que defienda los intereses nacionales. Cada hora sin explicaciones confirma que el Gobierno de Milei eligió el silencio porque explicar implicaría admitir hasta dónde está dispuesto a llegar. - Periodista de investigación
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