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  • La ambición global de Putin vuela por los aires tras la caída de sus aliados clave

    » La Nacion

    Fecha: 25/01/2026 16:58

    La ambición global de Putin vuela por los aires tras la caída de sus aliados clave La colapso de regímenes clave como Siria y Venezuela, la fragilidad de Irán y el avance de EE.UU. en África exponen los límites del poder ruso, cada vez más centrado en la guerra en Ucrania y condicionado por Donald Trump - 7 minutos de lectura' PARÍS. En poco más de un año, Moscú vio reducirse su zona de influencia tanto en Medio Oriente, con la caída del régimen sirio de Bashar al-Assad, como en América Latina, con la captura de Nicolás Maduro por las fuerzas estadounidenses. Para sus aliados esto significa la peor de las perspectivas. Para Vladimir Putin, representa el fracaso de su ambición geoestratégica. La caída de esos dos dirigentes se produjo en un tiempo récord: Al-Assad huyó de Damasco en la noche del 7 al 8 de diciembre de 2024 tras una ofensiva de los rebeldes islamistas apoyados por Turquía y Estados Unidos, para refugiarse con su familia en Moscú; Nicolás Maduro tuvo un destino más dramático, siendo secuestrado por fuerzas de élite estadounidenses mientras dormía, antes de ser trasladado a Nueva York para ser juzgado por narcoterrorismo, entre otras graves acusaciones. Irán, otro gran aliado de Rusia, también está al borde del derrumbe. En junio pasado, Estados Unidos e Israel llevaron a cabo ataques aéreos sin precedentes contra ese país, apuntando a cientos de sitios militares y nucleares y dando muerte a varios altos mandos y científicos atómicos. Desde hace algunas semanas, un movimiento de protesta denunciando el deterioro de la situación económica en el país gana fuerza entre la población, mientras el régimen de Teherán reprime brutalmente, provocando la ira de Donald Trump que podría intervenir militarmente en cualquier momento. Teherán advirtió a Washington contra cualquier injerencia en sus asuntos internos, lo que mucho más que simple retórica podría someter a Medio Oriente a sangre y fuego. Sin embargo, por el momento, Moscú se mantiene al margen. Vladimir Putin, que es un aliado de larga data de Teherán, Damasco y Caracas, se ha limitado a denunciar las agresiones estadounidenses, prefiriendo evitar cualquier enfrentamiento directo con Estados Unidos. Para los expertos, esa actitud pone de manifiesto el pragmatismo del Kremlin y la prioridad que otorga a sus propios intereses. Pero también demuestra que varios aliados de Rusia dependen de Putin por falta de opciones, en un contexto de sanciones y aislamiento en la escena internacional. Esto se aplica tanto a los viejos aliados de Moscú, como Teherán, como a los más nuevos, como Burkina Faso, Malí y Níger, en África. Tres países que rompieron recientemente sus lazos con sus antiguas potencias coloniales occidentales para acercarse a Rusia, señala Patrick Martin-Génier, especialista en Relations Internacionales. En 2021, Moscú desplegó en esos tres países del Sahel paramilitares del grupo Wagner con el propósito declarado de combatir la amenaza de los jihadistas islamistas en la región. Más recientemente, en noviembre, el Kremlin intentó un acercamiento con Nigeria, ofreciendo su ayuda en la lucha contra el terrorismo. Pero Estados Unidos fue más rápido: el 25 de diciembre, día de Navidad, el ejército estadounidense llevó a cabo ataques aéreos contra militantes del Estado Islámico en el noroeste de Nigeria, causando un número indeterminado de víctimas. En todo caso, estos últimos meses han sido muy difíciles para ser un aliado de Moscú, que dedica toda su energía a su guerra en Ucrania. El régimen de Bashar al-Assad se derrumbó en parte porque el apoyo militar ruso desapareció, redirigido por Putin hacia Ucrania. Irán, un proveedor clave de drones para Rusia, no vio mucho beneficio en la relación cuando sus sitios nucleares fueron bombardeados por Estados Unidos, exponiendo sus vulnerabilidades antes de las protestas masivas de este mes. Mientras el venezolano Nicolás Maduro languidece en una cárcel de Nueva York, funcionarios venezolanos manifiestan en privado su indignación porque la asociación tradicional que tenían con las agencias de inteligencia cubanas y rusas fue inútil cuando más importaba. Las defensas aéreas rusas y el apoyo cibernético también resultaron insuficientes frente a las capacidades estadounidenses. Por su parte, el régimen cubano enfrenta una crisis humanitaria provocada por el bloqueo estadounidense a las importaciones de petróleo venezolano de las que dependía. Eso significa disturbios potenciales en La Habana, lo que lleva a diplomáticos occidentales a predecir que será el próximo dominó en caer. Moderar las ambiciones geoestratégicas Esto querría decir que, en un mundo cada vez más moldeado por Trump, y con sus objetivos centrales en Ucrania aún no alcanzados, Moscú podría tener que moderar sus ambiciones geoestratégicas. Irónicamente, el cambio ampliamente buscado por Vladimir Putin de lograr un mundo multipolar, podría terminar limitando sus propios objetivos. Lo más importante es que esa estrategia ayudó a Vladimir Putin a consolidar el apoyo interno. Ofreció a los rusos la satisfacción de revertir la humillación de los años 90 y devolver al país su antigua gloria. A cambio, pudo contar con un grado de apoyo interno para la guerra y tolerancia hacia su régimen, cada vez más represivo. Pero, después de Venezuela, muchos rusos se sienten desilusionados, ya que Moscú no fue capaz de llevar a cabo una operación similar de cambio de régimen en Ucrania. Ese contraste desfavorable socava la narrativa de Putin y podría afectar la estabilidad interna. La agresión contra Ucrania está costando a Moscú sus ambiciones globales. Con Putin, Rusia invirtió enormes esfuerzos para expandir su alcance global, con el objetivo de reducir la influencia occidental y, particularmente, la de Estados Unidos, afirma a LA NACION Martin-Génier. Y agrega: Esas inversiones la ayudaron a mitigar el impacto de las sanciones occidentales y evitar el aislamiento diplomático. Ampliando sus objetivos geoestratégicos desde derrotar a Ucrania hasta remodelar el orden global, Rusia pretendió proyectar su fuerza con el fin de confrontar a todo Occidente. Pero desde entonces, la segunda administración de Trump también busca cambiar el orden internacional. Al igual que Moscú, ha abogado por un mundo multipolar en el que el poder hace la ley y las grandes potencias tienen derecho a defender sus intereses de seguridad nacional sin restricciones. Tanto Moscú como Washington argumentan que tienen derecho a su propia esfera de influencia: el hemisferio occidental para Estados Unidos y el llamado extranjero cercano para Rusia, que comprende sus Estados vecinos exsoviéticos. Sin embargo, al buscar remodelar el orden global, Trump le quitó la iniciativa a Putin. Rusia ahora tiene que ajustarse a un mundo redefinido por Estados Unidos y sin restricciones de normas o instituciones internacionales, dice a LA NACION el geopolitólogo Frédéric Encel. La lógica de ese orden multipolar altamente competitivo dicta que las grandes potencias buscarán obtener ventaja sobre sus adversarios a medida que el equilibrio global de poder se disputa en forma continua. Por lo tanto, no hay garantía de que las reclamaciones de Estados Unidos sobre su influencia en el hemisferio occidental se traduzcan en que Rusia obtenga influencia incontestada sobre su propio vecindario, y mucho menos en una expansión hacia Europa. A juicio de Encel, la ironía es que a Rusia le podría haber ido mejor en el orden internacional liderado por Occidente, cuando Occidente priorizaba el diálogo, Europa buscaba evitar la confrontación y Estados Unidos aún se sentía atado por las reglas.

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