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  • Cuando la fiesta pierde el pulso de la ciudad

    Concepcion del Uruguay » La Calle

    Fecha: 25/01/2026 12:10

    La edición 2026 confirmó que el evento más emblemático del verano uruguayense atraviesa un desgaste profundo. Baja convocatoria, una grilla sin identidad y la desconexión con su origen deportivo dejaron más preguntas que celebraciones. Por: Redacción La Calle La 37ª Fiesta Nacional de la Playa de Río se realizó del miércoles 14 al domingo 18 de enero de 2026 en el Predio Multieventos de Concepción del Uruguay. La organización propuso cinco noches de música en vivo, feria de emprendedores, oferta gastronómica y espacios recreativos, en un intento por sostener uno de los eventos históricos del calendario local. La ciudad volvió a tener escenario, luces y parlantes encendidos. Sin embargo, el clima general no logró despegar. La fiesta mostró signos evidentes de agotamiento y dejó la sensación de un evento que se repite sin una idea clara de hacia dónde va. El problema no fue la falta de producción ni de artistas reconocidos, sino la ausencia de una propuesta que convoque desde la identidad y la pertenencia. Durante años, la Fiesta Nacional de la Playa fue mucho más que recitales nocturnos. Fue deporte, competencia, playa y encuentro. Hoy, esa esencia aparece diluida. El evento se convirtió en una sucesión de shows en un predio armado para recitales, lejos de la lógica original que hacía que la gente llegara temprano, se quedara todo el día y cerrara la jornada frente al escenario. Una grilla despareja y errores que no son detalles La programación artística buscó abarcar distintos públicos, pero no logró construir una identidad común. La apertura para las infancias con Topa y Pim Pau no queda claro si fue una decisión acertada y bien recibida por las familias. Por su parte; la noche de rock tuvo como figura central a Las Pelotas, una banda respetada y con historia, aunque sin el poder de convocatoria que otras ediciones supieron ofrecer. La grilla no incluyó una noche de folclore, una ausencia que llamó la atención en una fiesta que se presenta como nacional y que históricamente supo integrar géneros populares y regionales. Esa decisión dejó afuera a un público fiel que en otros años garantizaba presencia y clima festivo. La jornada de música urbana expuso uno de los momentos más simbólicos de la edición. Un DJ saludó desde el escenario a la ciudad de Concordia en lugar de Concepción del Uruguay. El error, lejos de ser una anécdota menor, reflejó una falta de cuidado y de respeto hacia el público. El artista cobró un cachet acorde a su figura, pero no mostró el mínimo interés por conocer el lugar donde estaba tocando. En una fiesta nacional, esos gestos pesan y dejan marca. Damas Gratis aportó cumbia y energía con Pablo Lescano como referente del género. El recital cumplió en lo musical, pero volvió a evidenciar el problema central del evento: el predio resultó demasiado grande para la cantidad de gente presente. La convocatoria fue inferior a lo esperado y dejó una imagen difícil de disimular. La última noche tuvo a Luck Ra como número principal y concentró la mayor cantidad de público. Aun así, la respuesta no alcanzó los niveles de otras ediciones históricas. La dependencia de un solo nombre para levantar la asistencia dejó en evidencia la fragilidad de la propuesta general. Del evento deportivo al recital aislado Uno de los cuestionamientos más repetidos por quienes conocen la historia de la fiesta tiene que ver con la pérdida de su perfil deportivo. La Fiesta Nacional de la Playa supo ser un espacio donde convivían torneos de fútbol playa, rugby seven, hockey femenino y masculino, tenis playa, tejo y múltiples competencias que atraían delegaciones de distintos puntos del país. Esos eventos generaban movimiento, público y sentido de pertenencia. La gente competía, acompañaba y luego se quedaba a disfrutar del cierre musical. Hoy, esa lógica prácticamente desapareció. Algunas actividades deportivas quedaron dispersas en otros espacios, como la Isla del Puerto, mientras el escenario artístico funciona de manera aislada en el Predio Multieventos. El predio actual ofrece comodidades, pero responde más a la lógica de un recital pago que a la de una fiesta popular. Sectores con sillas para quienes pagan más, circulación limitada y una experiencia pensada para llegar, ver el show y retirarse. Gastronomía, costos y un negocio que no cerró La oferta gastronómica fue amplia, con sólo caminar por el lugar se podían apreciar más de 20 propuestas. Sin embargo, la cantidad de propuestas superó claramente al público presente. No se observaron filas extensas ni un consumo sostenido que permitiera pensar en un buen resultado económico para los gastronómicos. Varios de ellos señalaron que el negocio no fue rentable. Los costos de canon, personal, mercadería y logística resultan elevados, y la baja circulación de gente complicó la posibilidad de cubrir gastos. La presencia de puestos de fuera de la ciudad no es un problema en sí, pero la sobreoferta terminó diluyendo las ventas. La fiesta necesita generar volumen de público para que quienes invierten puedan trabajar con previsibilidad. En esta edición, esa condición no estuvo garantizada. Cierres abruptos y un clima que se cortaba de golpe Otro aspecto que generó malestar fue la forma en que se cerraron las noches. Una vez finalizados los recitales, la presencia policial apuró la salida del público del predio. No hubo margen para quedarse, consumir o distenderse con música más baja. La escena resultó incómoda y chocante. El ingreso de personal uniformado para desalojar rápidamente el lugar cortó el clima festivo y dejó la sensación de que el evento debía terminar cuanto antes. Una salida más gradual, con música ambiente y circulación libre, podría haber favorecido el consumo y una experiencia más amigable. Talento local y una oportunidad desaprovechada En medio de un panorama deslucido, los artistas locales estuvieron a la altura. Con profesionalismo y compromiso, demostraron que Concepción del Uruguay tiene talento de sobra. No fueron un relleno de la grilla, sino quienes sostuvieron el escenario con identidad y cercanía. La paradoja fue evidente. Lo más genuino de la fiesta vino de quienes siempre están, pero muchas veces no son prioridad en la planificación. Repensar para no perder lo que queda La Fiesta Nacional de la Playa necesita una revisión profunda. No alcanza con balances optimistas ni con repetir fórmulas. El evento requiere autocrítica, planificación y una mirada que recupere su esencia. Volver a integrar deporte, participación comunitaria y cultura puede ser un camino. Pensar beneficios para deportistas, generar actividades durante el día y construir una grilla que dialogue con la identidad local aparece como una necesidad urgente. La experiencia del balneario Itapé muestra con claridad qué busca la gente: espacios abiertos, pertenencia y propuestas que inviten a quedarse. La edición 2026 dejó una señal clara. Si no hay cambios reales, la Fiesta Nacional de la Playa corre el riesgo de dejar de ser un orgullo colectivo y convertirse en una sucesión de noches olvidables. Concepción del Uruguay merece mucho más que una fiesta que solo sobrevive por inercia.

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