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  • Una mujer no le cocina a su hija y dice que no se siente culpable: "No quiero ser una esclava doméstica"

    » TN

    Fecha: 25/01/2026 05:48

    Un video breve, grabado casi sin intención de generar impacto, terminó desatando una de las discusiones más incómodas y necesarias sobre la maternidad contemporánea. Casandra Ochoa, médica, magíster en psiconeuroinmunoendocrinología y jefa coordinadora de la guardia central del Hospital Italiano de Córdoba, se volvió viral tras explicar que no siempre cocina para Eva, su hija de cuatro años. Lo que siguió fue una avalancha de críticas, insultos, burlas y también mensajes de agradecimiento. Porque, como ella misma lo explicó, el video no hablaba de comida. Hablaba de algo mucho más profundo. Leé también: Crianza 2026: once propósitos realistas Creo que este video se hizo viral porque expuso algo que muchas madres sienten y no se animan a decir, explicó Casandra. No se trata de cocinar o no cocinar, sino de la carga mental y del mandato de sacrificio que históricamente recayó y recae aún hoy sobre las mujeres, sostuvo en diálogo con TN. La cocina como símbolo del mandato materno Desde el inicio, Casandra intentó correr el eje del debate. Para ella, la cocina no es un problema en sí misma, sino el lugar simbólico que ocupa dentro de una maternidad idealizada. Yo hablo de salud mental, de energía y de una maternidad real, posible y sostenible, precisó. Cocinar representa una tarea más dentro de la rutina doméstica, no una obligación emocional. Aclaró que sí cocina, y que incluso disfruta hacerlo cuando tiene energía y tiempo. Hay días en que lo disfruto, cocinamos juntas, hacemos tortas, compartimos ese momento. A ella le encanta romper los huevos, literal y figuradamente, contó entre risas. Pero también hay días en los que no, y como ella misma asegura, eso no debería ser motivo de culpa ni de juicio social. Lo que quise transmitir es que no todas las mujeres tenemos que sentir placer cocinando para ser buenas madres", asegura. Guardias, maternidad y límites Casandra no habla desde un lugar abstracto. Su rutina es exigente: trabaja en el sistema de salud, cumple guardias de 12 y hasta 24 horas, y ejerce la maternidad sola gran parte del día. Trabajo mucho, soy médica, hay veces que estoy todo un día en el hospital y soy mamá sola la mayor parte del tiempo, explicó. Priorizar mi energía es una postura de salud mental, añadió. En ese contexto, detalla por qué cocinar todos los días no siempre es posible ni deseable. Leé también: Ocho trucos para incluir el pescado en la dieta de tus hijos Imaginate volver de una guardia nocturna, que el papá me deje a mi nena, ponerme a jugar con ella, estar presente emocionalmente y encima tener que pelar papas, cebollas y cocinar. Ese es tiempo que no puedo compartir con ella. Para Casandra, delegar tareas no es abandono. Todo lo contrario. Delegar no me hace menos madre, me hace una mamá más disponible emocionalmente. Cuidar no es sinónimo de cocinar Uno de los comentarios más repetidos en redes fue que en 20 minutos se puede cocinar, a lo que Casandra respondió con firmeza: Un menú elaborado como los que yo compro no se hace en 20 minutos. Y dicho sea de paso, no es que compro lomito con papas todos los días. La cordobesa explicó que opta por viandas saludables, caseras y nutritivas, y que la alimentación de su hija está lejos de ser descuidada. La organización de la alimentación de mi hija es simple, saludable y adaptada a nuestra vida. Hay días que cocino, días que delego y días que resolvemos con opciones prácticas: un tomate, un huevo duro, un pedazo de pollo, sostuvo. Y remarca el eje central de su postura: Mi foco es que ella esté nutrida y tranquila, y que yo no me sacrifique en la cocina. Cuidar no es sinónimo de cocinar. Alimentación saludable, cuerpo y violencia Paradójicamente, uno de los ataques más violentos que recibió tuvo que ver con su propio cuerpo. Me decían: Se ve que tan saludable no come, haciendo alusión a mi sobrepeso, relata. La gente no sabe que yo antes pesaba 115 kilos, asegura sorprendida por los ataques de los usuarios de redes. Leé también: Por qué nadie habla del lado B de la maternidad: estrés, exigencia y el derecho a sentirse agotada Casandra contó que a los 22 años, tras el fallecimiento de su madre, desarrolló una diabetes autoinmune y un síndrome metabólico severo que la llevó a subir más de 40 kilos en pocos meses. Fue terrible. Hace 15 años que estoy luchando con enfermedades metabólicas, explicó. Desde que quedó embarazada, cambió radicalmente su alimentación y su estilo de vida. Empecé a comer orgánico, frutas, verduras, legumbres, alimentos libres de agrotóxicos. Con ejercicio y cambios sostenidos, bajé 30 kilos en dos años. Mi salud cambió muchísimo. Aun así, los ataques continuaron. La gente habla sin saber, resumió. El doble estándar de género Casandra está convencida de que la reacción habría sido muy distinta si el video lo protagonizaba un hombre. Si la cara es la de un padre, lo hubieran aplaudido. A un hombre que dice no cocino nadie lo cuestiona. La vara es completamente distinta, afirmó. Para ella, el video incomodó porque puso en evidencia una desigualdad que sigue vigente: Hace ruido que una mujer dijera no me sacrifico más y que no pidiera permiso para priorizarse. Lejos de la maternidad idealizada, Casandra propone otra definición: Buena madre no es la que se sacrifica, sino la que está emocionalmente disponible, la que cuida sin perderse a sí misma, la que puede poner límites y pedir ayuda. Y agregó: No es estar 24/7 al servicio del otro. Es darse cuenta cuando no se puede más. Pero la violencia fue tal que Casandra terminó desactivando su cuenta de TikTok. Aun así, no se arrepiente. Si pudiera volver atrás, lo diría igual. Quizás aclararía más que mi hija está perfecta, alimentada, amada y contenida, reflexionó. Leé también: El desafío de la nutrición en la infancia: los alimentos más recomendados para un balance correcto Para ella, el verdadero debate sigue pendiente: No es sobre comida, es sobre mandatos. Sobre no asumir que una mujer tiene que hacerlo todo sola. Y sobre las madres que tal vez se sienten identificadas, como consideró, ella sostiene: No están falladas. Sus límites son válidos. No son malas madres por cansarse. Criar desde la verdad y no desde la culpa es el acto de amor más grande. Yo no vine a la maternidad a sacrificarme. Vine a criar. Criar no es esclavizarse. No me define lo que cocino, me define lo que me animo a desobedecer, concluyó y aseguró: Prefiero usar ese tiempo que me sobra en compartir tiempo con ella: jugar, pintar, mimarla y no ser una esclava doméstica.

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