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Parana » AIM Digital
Fecha: 24/01/2026 17:20
Y el viejo sabio se marchita". Confucio se moría a los 73 años sin ver concretado el propósito al que había dedicado su vida, y uno de sus discípulos expresó el sentir de todos en esas líneas, que poéticamente hacen solidaria la muerte del sabio con la destrucción de una montaña sagrada y con el colapso del techo del mundo. "El monte Tai se desmorona/ La gran viga se rompe / Confucio murió hace 2500 años en el estado de Lu, actual Shandong, donde nació, convencido de que todo su esfuerzo por pacificar la vida social y política en los tiempos convulsos en que vivió había fracasado. La muerte prematura del discípulo que podía ser su continuador le confirmó el fracaso. Hoy, dos milenios y medio después, sus enseñanzas han sufrido una transformación impensada: rigen la vida de mil millones de personas. Sin embargo, así como por encima de la vida humana del predicador Jesús está el Cristo de la teología, sobre el Confucio de la historia está el iniciado. Las Analectas, la obra de Confucio, son en realidad apuntes que tomaron los discípulos de las enseñanzas del maestro. Una de ellas es que hay dos tipos de sabios: los de nacimiento y los producto del esfuerzo, entre los que él se contaba a sí mismo. La biografía de Confucio muestra cuánto tuvo que esforzarse para estudiar a pesar de un origen humilde que lo arrinconaba en la ignorancia y la pobreza. Bien conocemos las interesadas recomendaciones modernas de esforzarse para conseguir algo, aunque generalmente los que se esfuerzan a veces solo consiguen sobrevivir mientras otros prosperan sin esfuerzo. ¿A qué apuntaba Confucio con "sabios de nacimiento"? El "sabio" (cheng) es el grado más alto la jerarquía confuciana, pero es también el primer escalón de la jerarquía taoísta. Con "sabio de nacimiento" Confucio designó posiblemente al que tiene por naturaleza todas las cualificaciones requeridas para acceder sin esfuerzo a los grados de la jerarquía exterior, en la que él mismo se mantuvo siempre. René Guénon, expositor calificado de las doctrinas orientales, sostiene que todo conocimiento efectivo constituye una adquisición permanente obtenida por el ser de una vez por todas. Es una variante de la afirmación popular de que el hombre puede perder familia, propiedades, prestigio, etc, pero nadie puede quitarle lo que conoce. (La afirmación del evangelio de Juan: "conoceréis la verdad y la verdad os hará libres", es una anomalía respecto de la doctrina paulina de justificación por la fe, no de liberación por el conocimiento) "Por consiguiente, si un ser que ha llegado a un cierto grado de realización en un estado de existencia pasa a otro estado, deberá necesariamente aportar lo que haya adquirido, así que aparecerá entonces como "innato" en ese nuevo estado". Tiempo después, por la misma época pero en otro lugar del mundo, Aristóteles marcó la identidad de ser y conocer: sostuvo en Occidente que el hombre es lo que conoce, desde el inicio en los sentidos hasta la culminación en la razón, que le permite penetrar la esencia de las cosas. El Tao inasible Confucio estaba en la culminación de la iniciación confuciana y en el comienzo de la taoísta. El taoísmo siempre fue en la China un "saber oculto", incluso bajo el hábito azafrán de los monjes budistas. En resumen, Confucio fue un filósofo influyente, quizá el más influyente de todos, considerado todavía hoy como "maestro supremo", encarnación de la sabiduría. Expuso el saber exotérico de su época, que los discípulos en cada época han adaptado hasta convertirlo en una filosofía universal. La base de su doctrina es la vida virtuosa, una cuestión fundamentalmente moral, que expresó en varios puntos esenciales: el amor al prójimo; el "ren" o principio supremo de rectitud, compasión y altruismo; el principio de reciprocidad (dar lo que se recibe); la sabiduría; la sinceridad; el conocimiento del bien y del mal; el respeto a los demás y el cultivo del esfuerzo personal. La benevolencia confuciana, mencionada con mucha frecuencia, no es la aceptación de cosas incompatibles, la tolerancia indefinida que la palabra suscita en las mentes occidentales, donde hace lugar a cierta dosis de mal para salvar la convivencia; debe ser entendida como "voluntad de bien" (bene-volencia), es decir, conocer primero el bien y luego dirigir a él la voluntad. Estas normas eran necesarias para la felicidad personal, pero ante todo para la paz social, cuestión que urgía en los tres siglos que duraron "los reinos combatientes", que se enfrentaban en guerras muy despiadadas. «Si tus palabras son leales y sinceras y tus actuaciones consecuentes y respetuosas, podrás ser aceptado incluso en los países bárbaros. Pero si tus palabras no son leales ni sinceras y tus actitudes no son consecuentes ni respetuosas, podrás ser rechazado incluso en tu pueblo natal". Esta afirmación de las Analectas podría cotejarse con el estado en que está el lenguaje actualmente, donde como adelantó Orwell en su novela "1984" cada palabra puede significar su contrario y la opinión ocupa el lugar de la verdad con el pretexto del respeto. La familia unida La idea de que la familia es la base de la sociedad es también confuciana. La fórmula "la familia permanece unida, vive unida y se cuida unida" tiene milenios, pero recuerda a "la familia que reza unida permanece unida", de la propaganda católica. Desde Confucio no se ha roto en la China la relación entre padres e hijos; la piedad filial es un deber, los hijos deben cuidar a sus padres ancianos. Cierta propaganda occidental quiso mostrar a la sociedad china prescindiendo de los ancianos por motivos económicos, pero la realidad contraria se imponía a los que visitaban el país Y como los padres deben cuidar a los hijos, el rey debe cuidar a los ciudadanos, proveer la paz, la seguridad y la prosperidad de modo que el pueblo pueda desarrollar su vida libremente, incluso sin saber que está siendo gobernado. La tormenta cultural En la década de los 60 del siglo pasado, después de perder Mao el poder político, para recuperarlo lanzó la revolución cultural. Intentó erradicar a Confucio de la mente de los chinos, y trató de vincularlo con las ideas de su adversario, Chiang Kai shek. Hubo ataques a templos, destrucción de obras y símbolos, se intentó modificar la historia además de aplicar duras represiones. Confucio dejó de ser el "maestro" que había sido en toda la historia para convertirse en "profesor de niños ricos". Durante la revolución cultural, los guardias rojos intentaron destruir el palacio de Potala en Lhasa, en el Tibet, que se salvó gracias a la intervención de Chou en Lai, primer ministro del Consejo de Estado. Pasada la tormenta, el gobierno actual ha visto la imposibilidad de retirar a Confucio de la mente china y ha vuelto a considerarlo esencial en el esqueleto que da forma y consistencia a la nación china. El propio Confucio se había expresado en esta materia, consultado sobre si se debe pagar el rencor con bondad en un diálogo que recogen las Analectas. "¿Y con qué se pagaría entonces la bondad? Hay que pagar el odio con justicia y la bondad con bondad». Cómo ver la democracia De visita oficial en Atenas hace algunos años, el presidente de la China, Xi Jinping, mencionó la democracia occidental moderna: "vuestra democracia es la democracia de la antigua Grecia y la antigua Roma; es vuestra tradición, nosotros tenemos la nuestra". Xi Jinping se refería con "la nuestra" a la herencia confuciana, y pareció fundir la democracia de Pericles, que trataba de limitar el poder de los ricos y los nobles, con lo que tiene el mismo nombre en la actualidad y trata de evitar el poder de los pobres, que era la finalidad declarada de algunos padres de la democracia estadounidense, como Hamilton. En Grecia Xi reseñó en qué ha venido a parar en su criterio la democracia occidental: "en los últimos años, algunos países occidentales se han visto envueltos en feroces luchas entre partidos políticos, deshonestidad gubernamental, desorden social y epidemias fuera de control". "Se han intensificado la polarización política, la polarización entre ricos y pobres y los antagonismos étnicos. El racismo ha prevalecido con el populismo y la xenofobia, y los problemas de derechos humanos se han vuelto cada vez más prominentes". Hubiera podido completar su exposición con alguna referencia igualmente verídica a su propia conducta como gobernante, pero no será un político el que haga eso. Ni Confucio ni Buda fundaron religiones Desde algunos siglos antes de nuestra era, la parte más visible de la civilización china estuvo marcada por el confucianismo, que en occidente solía presentarse como una religión. Es más bien el aspecto exterior del taoísmo, el inicio del camino para llegar a él; es una doctrina moral, social, política, jurídica y ritual que permitía preservar el núcleo taoísta bajo bajo la corteza confucianista. Confucianismo, taoísmo y budismo son las tres grandes doctrinas que han pervivido a lo largo de buena parte de la historia china y se sostienen todavía, incluso bajo un marxismo adaptado al modo oriental. Posiblemente el budismo no estaba dirigido en principio a la India donde nació y de donde desapareció rápidamente después de tomar ideas del hinduismo. Ahora está creciendo en occidente, a pesar de ser ajeno al proselitismo. Llegó a la China en el siglo VI por iniciativa de un emperador que envió una misión a la India para traer monjes budistas, escrituras e imágenes de Buda. Sería un caso parecido en algunos puntos al del cristianismo, que surgió en terreno judaico pero no estaba hecho para el judaísmo sino para otro tipo de mentalidad y se expandió fuera de Palestina. A diferencia del budismo, la tendencia del cristianismo al proselitismo e incluso a la intolerancia es muy marcada. Un país que fue la mayor potencia comercial del mundo pudo conciliar doctrinas aparentemente tan diferentes como las religiones orientales y el marxismo y conseguir un equilibrio a veces precario pero siempre operante, nunca destruido del todo. La gran humillación Después de abrir la flota imperial británica a cañonazos los puertos chinos en el siglo XIX e imponer al país las guerras del opio, la China vivió "la gran humillación", uno de muchos períodos oscuros en su historia milenaria. Esas eran las condiciones cuando Mao llegó al poder a mediados del siglo pasado en un país pobre y devastado por la invasión japonesa y la guerra civil. Hoy es una potencia mundial, quizá otra vez la primera del mundo en materia económica después de siglos. Esa sorprendente evolución se debió a una campaña sigilosa pensada por Deng Xiaoping, un gobernante posterior a Mao que lanzó el programa de "reforma y apertura" dirigido a devolver a la China su grandeza milenaria y a vengar la gran humillación. Eligió la idea de "socialismo con características chinas" para impulsar reformas económicas. En 1978, cuando se inició el cambio, la China era un país empobrecido, su producto bruto interno era alrededor de 15 veces menor que en 2018. Ahora ya no se trata de producir masivamente manufacturas, sino de innovar sin cesar. Esta otra etapa del proyecto se ve en que la cantidad de patentes de invención que se registran anualmente en la China duplica a todas las occidentales. Las "cuatro modernizaciones" de Deng Xiaoping se refieren específicamente a la agricultura, a la industria, a la defensa nacional, y a la ciencia y tecnología. Confucio en el fondo de las modernizaciones El confucianismo es un fenómeno espiritual, cultural y político que sigue dando forma a muchos aspectos de la ética, el derecho y la política de la China actual. El confucianismo, como el taoísmo del que es el aspecto exterior, no tiene fecha de nacimiento; es muy anterior al mismo Confucio, que vivió entre 551 y 479 antes de la era corriente. La palabra "confucianismo" fue creada por los jesuitas que trataron de cristianizar a la China a la que llegaron a fines del siglo XVI y abandonaron en 1772 -poco después que las misiones del Paraguay- por orden del Papa Clemente XIV, que disolvió la Compañía de Jesús. Siguiendo el modelo taoísta, Confucio admitía que sus ideas provenían de dinastías muy antiguas que constituían modelos de perfección. Trató de revivificar esas ideas en un período de crisis grave, de colapso de una civilización; quiso retransmitirlas y sembrarlas en medio de la disgregación y de luchas fratricidas de aquellos tiempos. Murió amargado por la muerte prematura de Yan Hui, su discípulo más querido; pero fueron justamente sus discípulos quienes recogieron las charlas del maestro y expusieron su arte de vivir, su modelo de sabiduría y autoconocimiento. Confucio no quería imponer una ley que la gente siguiera como autómatas, quería que el pueblo autorregulara sus actos privados y públicos con base en el amor a los padres y la reverencia a los antepasados. La manera de convencer de la conducta apropiada era el ejemplo vital. A las teorías sobre el comportamiento humano prefería seres que se comportaran correctamente; es decir, amar las cosas bien hechas en lugar de cumplir ritos mal comprendidos. Confucio admitía que no había formulado ninguna idea nueva, sino sólo transmitido las de sus modelos antiguos. De Confucio proviene, incluso en la China actual, la tendencia al perfeccionamiento individual, a la realización de las virtudes, a la valoración de la familia y de la cosa pública. Una consecuencia de que los hombres se gobiernen por sí mismos es que no deben ser gobernados por la ley, porque en ese caso se arruinaría la autenticidad, la espontaneidad de la conducta correcta y no habría cambios en el corazón. De la Redacción de AIM.
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