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» La Nacion
Fecha: 24/01/2026 10:06
Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo. Frío en el aire, calor en las tribunas: las sensaciones de un tibio derby en St.Pauli en el que solo ganaron los hinchas HAMBURGO, Alemania.- Hay cinco grados bajo cero, pero el ambiente en el aire prende fuego. Un fuego explosivo propio de un volcán. Un volcán humano y emocional que se desprende en los aledaños del Millerntor Stadion, la casa del Sankt Pauli. La ocasión lo merece porque es una de las más esperadas en los tiempos contemporáneos: 15 años después, el gran Clásico de la segunda ciudad más grande de Alemania, Hamburgo, tuvo de nuevo lugar en Primera División en este mismo estadio. El que hoy en día es el único derby de la misma ciudad en la Bundesliga, es el más vibrante pese a que, en pleno invierno, el aire no sea precisamente el más cálido. El día del partido St.Pauli-Hamburgo, un viernes que huele a sábado, la neblina y una sensación térmica de -8 grados se adueñaban de una ciudad en la que la rivalidad entre los dos equipos, y de paso de las hinchadas, se había aflojado en los últimos años también porque ambas entidades estaban en segunda división. La mañana en el vecindario de St. Pauli, que de noche se transforma en el barrio con más vida, los aledaños del Millerntor Stadion están prácticamente vacíos. Los aficionados que pueblan estas calles, y los que no, retienen el aliento para más tarde. Solo unos pocos atrevidos, cerca de las 11, se hallan enfrente de la entrada de la cancha. Seis testigos celebran el casamiento, rigurosamente pagano, de Hans y Lara, una pareja de 54 y 51 años que han decidido juntarse oficialmente en el día del gran derby. No había mejor ocasión ni manera de celebrar nuestra unión, vamos St. Pauli!, dice Lara. El día es propicio para algo que pueda hacer historia. Esto es lo que sienten. Quedarán muy desilusionados. Una ciudad, dos mundos El clásico número 113 de Amburgo cargaba muchas expectativas, sobre todo para los locales, necesitados de una victoria para levantar tanto la moral como la situación en la tabla. Últimos juntos con el Mainz, los Piratas afrontaban el gran clásico del Norte con la obligación moral de aprovechar la condición de local después de que en el partido de ida había terminado 1-1. Más representativo de la ciudad en sí, el St.Pauli destaca por su índole solidaria, social y progresista, como bien explica la cinta de capitán con los colores del arcoiris. La rivalidad ciudadana iba más allá de la que reside en el típico enfrentamiento entre dos entidades futbolísticas de la misma urbe. Porque, pese a que su esplendor ya no es el de los años 80, el HSV, como es conocido acá el Hamburgo, suele llevar consigo un carácter más nacionalista y conservador, aunque en los últimos años el componente neonazi entre los aficionados de este club no es tan fuerte como se podría pensar desde fuera. El auge del AfD, el partido de derecha alemán, no tiene cabida en los pensamientos de la gente. Ni en los hinchas del HSV que a las 17, cuando la luz del día ya es solo un recuerdo, empiezan a concentrarse en el centro de la ciudad para moverse todos hacia el estadio rival. Más de 500 policías han sido alertados para escoltar los aficionados visitantes en la famosa Derbymärsche, el paseo que lleva al Millerntor. Hay que evitar choques, y aunque en los últimos años no se hayan registrado disturbios importantes, ninguna precaución parece estar de más. De los del HSV nadie quiere hablar, o por lo menos todos fingen no hablar inglés, y al cabo de una hora se juntan cerca de 3000 personas. De éstas, solo 2000 tienen entradas, por lo que los demás volverán corriendo a casa para ver el Derby en la tele. El intendente Peter Tschentscher, hincha del HSV, ha sido protagonista de un video en el que sostiene la bufanda del Hamburgo en el que dice: Esta noche, los ojos de toda Alemania, apasionada por el fútbol, están puestos en el Hamburgo. Porque esta noche se juega el gran clásico en el Estadio Millerntor: el derbi de la ciudad: HSV contra FC St. Pauli. Ambos equipos necesitan los puntos. Les deseo mucha suerte y espero un partido emocionante pero justo y una convivencia pacífica, tanto dentro como fuera del estadio. Campanas celestiales e infernales Del otro lado de la ciudad sale la marcha de los hinchas locales, que llegan sin ninguna posibilidad de cruzarse con los contendientes. En las cercanías del estadio destaca una llamativa pancarta que copa la interna fachada de un edificio y dice: Amburgo es marrón y blanca, en referencia a los colores del St.Pauli. El bar Jolly Roger, nombre de la bandera pirata, símbolo del equipo local por su rebeldía, es el vertedero más emblemático de la pasión del barrio. Un barrio en que se nació el fenómeno Beatles, ya que el grupo inglés empezó a tocar, y sobre todo a romperla, en estas mismas calles antes de su definitiva eclosión en 1962. El St.Pauli es un actor único, aunque viva un oxímoron. Uno de los clubes más antisistema del mundo vive envuelto en el magma de una liga desigual en la que el Bayern Munich domina sin prácticamente oposición. El oxímoron se amplía una vez se acerca el inicio del partido, cuando la entrada de los jugadores a la cancha es bendecida con una canción legendaria. Una canción que hace eco a los toques de las campanas de la iglesia de San Joseph, a unos 700 metros de la cancha, que dos horas antes suenan a fiesta. Pero la misa más sentida y esperada será en el estadio, y será introducida por otro tipo de campana. Los toques iniciales de la gloriosa Hells Bells de AC/DC abren la irrupción del equipo al terreno de juego. Y en esta circunstancia, la intensidad y el drama hacen que el sonido sea aún más tétrico y pasional. Más cerca del infierno del descenso el club local quiere exorcizar la situación con la energía de siempre. El Hamburgo, cinco puntos más arriba, viene a casa de su eterno rival con un objetivo claro: ganar por el prestigio y condenar a los conciudadanos a una permanencia en el pozo. Primero el viento, después el humo La nieve que había caído unos diez días antes se amontonaba en algún costado de las calles que llevaban a la cancha. Pero, en la opinión de muchos, la sensación térmica era más gélida que durante la nevada. El viento, que por estos lares es letal, era el enemigo principal de los periodistas, cuyos dedos temblaban a la hora de escribir la crónica. Para más bronca, el deleite en la cancha era escaso, mientras que el espectáculo verdadero se respiraba en las gradas, donde ambas aficiones parecían no sentir el frío. El entretiempo se extendía unos minutos por la intensa bruma generada por los bengala, mientras los suplentes entraban en calor abrigados con toda prenda posible. Lo que pasaba sobre el pasto era ya algo secundario. Antes del partido muchos habían pronosticado un empate sin goles, algo casi consecuencial: un 0-0, al final y al cabo, es un resultado tibio entre el frío en el aire y el calor en las tribunas. Precisamente, el St. Pauli nunca ha deslumbrado por su fútbol, y aunque lo intentara más en los minutos finales no se llevaría un premio que hubiesen merecido solo los aficionados. Ellos, finalmente, eran los que más sentían la decepción volviendo a casa tras más de dos horas de recital. Un recital propio de un aficionado que había concentrado su amor incondicional en un lapso temporal reducido y a la vez intenso. Como en un verdadero concierto de rock basado en la rebeldía de los Beatles cuya estrella nació en St.Pauli y los AC/DC que acompañan cada previa. El consuelo final de no ser más últimos en la tabla casi no se veía reflejado en los rostros de los hinchas locales, que regresaban a sus bares de siempre para ahogar las penas de otra ocasión perdida. Su amor por el equipo más popular de Alemania, el único que alza la voz en cuestiones sociales, no mermará pese a todo. Ni el frío del pleno y álgido invierno norteño pudo con ello.
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