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Gualeguaychu » El Dia
Fecha: 24/01/2026 09:50
Escuchar esta nota Este 24 de enero de 2026, se conmemora el Día Internacional de la Educación, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas para reconocer el papel determinante que el aprendizaje desempeña en la construcción de la paz y el desarrollo global. No obstante, la efeméride se presenta este año con una advertencia severa: sin una educación de calidad, inclusiva y equitativa que garantice oportunidades para todos a lo largo de la vida, los países no lograrán alcanzar la igualdad de género ni romper el ciclo de pobreza que actualmente frena el potencial de millones de personas. Se trata de una fecha clave para reflexionar sobre el rol de la educación para todas las personas del planeta. En ese sentido, en La Plata una exponente a nivel global ha sido Ana María Stelman, la maestra que desde Barrio Hipódromo fue considerada como una de las 10 mejores docentes del mundo por su sobresaliente labor pedagógica con niños de edad escolar. La realidad actual presenta desafíos que la ONU califica de inaceptables. En el mundo, 250 millones de niños y jóvenes están sin escolarizar, mientras que 763 millones de adultos viven en el analfabetismo. Estas cifras representan una violación sistemática del derecho fundamental a la educación, lo que hace imperativo un proceso de transformación profunda en los sistemas de enseñanza globales. Bajo el lema de las celebraciones de 2026, "El poder de la juventud en la co-creación de la educación", se busca destacar que los jóvenes menores de 30 años constituyen más de la mitad de la población mundial. Aunque son la principal fuerza motriz para el desarrollo sostenible, la innovación y la transformación social, siguen siendo el sector más afectado por la pobreza, la desigualdad y el acceso limitado a empleos dignos. Por esta razón, la ONU enfatiza que los jóvenes no deben ser vistos solo como receptores de información, sino como participantes activos en la configuración de su propio futuro. Es esencial involucrar de manera significativa a los estudiantes en el diseño de los programas educativos para que estos satisfagan sus verdaderas aspiraciones y ambiciones. Esta necesidad de colaboración es hoy más crítica que nunca debido a la transformación radical provocada por la revolución tecnológica, la cual exige replantearse tanto el propósito como las modalidades de la enseñanza. Solo mediante esta co-creación se podrá asegurar que la educación evolucione al ritmo del mundo contemporáneo y cumpla su promesa de ser la herramienta más poderosa para el progreso humano. Sin dudas, para ella la educación es un acto amoroso, una herramienta para potenciar los saberes del otro, un espacio de construcción. Por eso, no resulta extraño que Ana María Stelman haya desafiado su temor a los caballos y elaborado un programa para que sus pequeños alumnos de Barrio Hipódromo aprendieran a leer motivados por su entorno. Ana María estuvo nominada en principio entre las mejores 50 maestras del mundo, en el marco del premio Global Teacher Prize que otorga la Fundación Varkey, en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Tecnología (UNESCO). Ana María vivió con felicidad aquel reconocimiento que recibió en el año 2021, en el que siguió avanzando hasta calificar entre las diez mejores maestras del planeta. La educadora platense se desempeña en la Escuela Primaria Nº7 Fragata La Libertad, de Barrio Hipódromo. Stelman se formó como docente en una carrera de grado y posteriormente se graduó también en Ciencias de la Educación. A su llegada a la escuela del barrio lindero al Hipódromo, una de las primeras sugerencias que recibió fue la de no hablar tanto de caballos, ni cuestiones afines porque sería tema de distracción para sus estudiantes. A partir de ese consejo entendió el desafío que tendría por delante. La docente confesó que le atemorizaba caminar por la zona esquivando caballos, pero entendió que elaborando proyectos grupales podría interpelar más a los estudiantes desde su realidad y aportarles nuevas experiencias de aprendizaje. Fue así que, casi de inmediato, se puso en contacto con la facultad de Veterinaria y se vinculó a los cursos de extensión. Una de sus iniciativas estuvo apuntada al trabajo con el medio ambiente desde una mirada social. Con elementos de fácil acceso en el barrio se propuso elaborar compost a base de bosta de caballos, lombrices y producir plantines. Los trabajos involucraron de lleno a sus alumnos, en su mayoría chicos de bajos recursos, algunos incluso han vivido en los studs y caballerizas de la zona. A partir de la riqueza de sus procesos de formación consiguió, por ejemplo, que uno de los chicos que no estaba alfabetizado aprendiera a leer. Acerca de la experiencia de enseñanza ambiental con ese alumno contó que él no sabía leer y tras el proyecto él fue a la Feria de Ciencia y explicó cómo estaba formada la bosta de caballo y para qué sirve, y se sintió tan feliz, porque él podía explicar desde su realidad lo que él sabía. Es que para la maestra es valioso el entorno de sus alumnos, el que sepan que se puede seguir aprendiendo desde cuestiones cotidianas y con el objetivo de superarse. Por eso les remarca cada día que se propongan ser los mejores en lo que decidan ser como adultos. 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