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  • Una de las iglesias más emblemáticas de la Ciudad cumple 150 años y rompe una larga tradición

    » Clarin

    Fecha: 24/01/2026 07:27

    Apenas traspasar la entrada, dos esculturas de mármol de Carrara reflejan parte de la trágica historia que cuenta este lugar. Pero también cuenta otras muchas historias, sin dejar de ser lo que fue desde que la familia Guerrero la construyó en el siglo XIX: un lugar de culto. La iglesia de Santa Felicitas, una de las más famosas y una verdadera joya de Buenos Aires, cumple 150 años. Y, en este aniversario, rompe una regla no escrita que la atravesó desde siempre. La Plaza Colombia es el epicentro del barrio de Barracas, en el sur porteño. Pero alguna vez supo ser la quinta de la familia De Alzaga, una de las más tradicionales de la ciudad. Quedan fotos históricas en las que se ve la fastuosa mansión, demolida en la década de 1930, justamente, para construir la plaza. En esas mismas fotos se ve, a un lado, la iglesia. El homenaje que le hicieron sus padres a Felicitas Guerrero de Alzaga, considerada una de las más bellas mujeres de la alta sociedad, que tuvo una vida signada por la tragedia y una muerte sellada con un mito. En una tarde de verano, con la iglesia cerrada, el padre Carlos Peteira invita a pasar por la entrada abierta de sus jardines, coronados al fondo por la primera gruta de la Virgen de Lourdes que se construyó en Argentina en 1898 y que convoca a muchos fieles. La de Santos Lugares se hizo después, cuenta. La historia del sacerdote, rector de Santa Felicitas, merecería otra nota. Reparte sus días y sus noches entre el hospital pediátrico Pedro de Elizalde, ex Casa Cuna, donde es el capellán, y el templo, donde se dan misas y donde él es también hoy el guardián de un tesoro invaluable. Pasó ocho años en misión diocesana en Cuba, y en 2022 regresó al país. Este dato es importante para entender lo que se contará después. Peteira está a pleno organizando los festejos, que tendrán lugar el viernes 30 a las 19 con una misa presidida por el vicario Alejandro Giorgi. También tiene puestas sus energías en reuniones varias con funcionarios, diplomáticos y especialistas para intentar conseguir los fondos que se requieren para preservar la iglesia, monumento histórico nacional desde 2012. Confía en que las autoridades puedan aportar fondos o impulsar algún programa de mecenazgo para realizar la todas las obras que requiere la iglesia y que exceden las posibilidades del Arzobispado porteño, de la que pasó a depender recién en 2018. Video El rector rescata el trabajo que hicieron sus antecesores para mantenerla en valor con fondos propios y el aporte de la comunidad, pero todo el complejo requiere de una profunda restauración para revitalizar el esplendor que tenía cuando se inauguró, el 30 de enero de 1876. No obstante, incluso con la pintura que se descascaró o la humedad que se filtró por los muros exteriores, la belleza de Santa Felicitas es apabullante. Se construyó en menos de cuatro años, resalta el padre Carlos, y compara que la basílica de Luján demandó 45. El responsable fue el arquitecto argentino-alemán Ernesto Bunge, el mismo que diseñó el Normal 1 y la demolida penitenciaría en lo que hoy es Parque Las Heras. En el conjunto predomina el estilo neogótico alemán, y son también de origen alemán varios de los objetos de la profusa ornamentación del interior, como las cuatro arañas con caireles de cristal que iluminaban originalmente a gas y que cuelgan del techo sobre la nave. La enumeración de los tesoros de Santa Felicitas podría seguir por las esculturas de los 12 apóstoles que, sobre las columnas, sostienen simbólicamente la estructura del crucero. O por las tres sillerías de madera, un trabajo de ebanistería notable, que se trajeron también de Alemania. Habría que destacar los vitrales, todos traídos desde Francia. Entre otros, representan a Jesucristo, a la Virgen María y varios santos protectores de los miembros de las familias Guerrero y De Álzaga. También a la Virgen de Guadalupe, de la que era devota Felicitas, aunque no en su representación más popular, la mexicana. Es imposible no levantar la vista y fijarla en el techo original, pintado de celeste cielo y oscurecido con los años, salpicados de estrellas doradas simétricamente ubicadas. Pero el padre Carlos obliga a bajarla al piso de cerámica española, una verdadera obra de arte "milimétricamente colocada sin ningún error", enfatiza. Así fue hecho todo en el templo: de manera artesanal, minuciosa, precisa. La mesa del altar está detrás del que se usa hoy para las misas, porque en 1876 el sacerdote las daba en latín y de espaldas a los fieles. Del otro lado de la nave, el padre Carlos sugiere apreciar el órgano de tubos alemán Walcker, que se construyó en 1873 y es hermano mayor del que tiene la Catedral Metropolitana, los únicos de la casa alemana instalados en Buenos Aires que siguen manteniendo su sistema mecánico de transmisión. El padre invita a pasar detrás del altar y revela uno de los secretos de Santa Felicitas: la capilla doméstica de la casa de los De Alzaga / Guerrero, construida entre 1840 y 1850. Cuenta que en esa época era común que las familias adineradas tuvieran una capilla en su casa. Esta, también iluminada por ventanales con bellos vitraux, tiene un espectacular altar de mármol con un hueco debajo donde pensaron enterrar a Felicitas, aunque luego decidieron que sus restos descansaran en el Cementerio de la Recoleta. El sacerdote desafía a Clarín a acercarse al reclinatorio y ver la foto de la importante figura que estuvo exactamente en ese mismo lugar en 1934: el cardenal Eugenio Pacelli, quien visitó la iglesia durante el Congreso Eucarístico Internacional, antes de ser investido como Pio XII en 1939. Todos estos rincones pueden descubrirse durante las visitas guiadas que organiza @recorreba y también hay una visita, más corta, luego de la misa de los domingos a las 10.30. También hay misas, a las 19, los jueves, viernes y sábados. La historia de Felicitas Guerrero Felicitas Guerrero tenía 18 años cuando sus padres arreglaron, como era usual en la época, su casamiento con Martín de Alzaga, que tenía 50 y era un adinerado estanciero. Tuvieron un hijo, Félix, que murió de fiebre amarilla en 1869. Felicitas quedó embarazada de su segundo hijo, quien murió al nacer el 2 de marzo de 1870. Un día antes, había fallecido De Alzaga. Felicitas pudo sobreponerse a estas tres pérdidas y encontró, ahora sí, el amor romántico: en un paseo en Castelli, donde está el famoso castillo de los Guerrero que se ve desde la ruta 2, conoció a otro estanciero, Samuel Sáenz Valiente. La pareja anunció su compromiso en la quinta de Barracas, el 29 de enero de 1872. Pero Enrique Ocampo, que estaba enamorado de ella desde antes de su casamiento con De Alzaga, le reprochó que fuera a casarse con otro y la mató de un tiro por la espalda. Así es que se conoce a Felicitas como la primera víctima de femicidio en Argentina. Los Guerrero transformaron su tragedia personal en un legado. Construyeron esta iglesia, en el mismo lugar en el que asesinaron a su hija. Y colocaron en la entrada esas maravillosas esculturas de mármol de Carrara que se tallaron en Roma: De Alzaga a la derecha, Felicitas y Félix a la izquierda. Los volados de la falda de Felicitas parecen moverse, y el padre Carlos cuenta que se para frente a ella a veces y pareciera que fuera a hablarle. Pero, contra la creencia popular, la Santa Felicitas a la que está consagrada la iglesia no es Guerrero: es una santa y mártir que vivía en el imperio Romano, que también quedó viuda y que perdió a sus siete hijos varones antes de morir ella, siempre en la defensa de su fe. El retablo con su imagen está a la izquierda del altar. La figura de Felicitas Guerrero fue creciendo con los años hasta convertirse en un ícono. Y la iglesia está atravesada también por muchos mitos. Uno de ellos, que cualquier vecino de Barracas y zonas aledañas conoce, es que nadie se casa en Santa Felicitas. Pero se está derribando. "¿Por qué nadie se casaría? ¡Es una iglesia, no un museo! El Papa Francisco decía bien clarito que no queremos una iglesia de museos", se exalta el padre Carlos, vecino desde hace poco del barrio y ajeno a las razones sin lógica de esa tradición. Cuenta que hace unos tres años, una sobrina nieta de los Guerrero se casó en la iglesia, y que luego volvió a bautizar a su hija a quien, claro, llamó Felicitas. Y revela que ya tiene un casamiento agendado y otro pedido con fecha a definir. Es que, en definitiva, la historia de Felicitas es la de una mujer que, pese al mandato social, supo buscar y encontrar el amor. AS Sobre la firma Newsletter Clarín

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