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» Clarin
Fecha: 24/01/2026 06:32
La invasión a Venezuela, el nulo apoyo a la rebelión iraní, la amenaza a Groenlandia y el activismo político en la Reunión de Davos, constituyen el núcleo de una dinámica disruptiva.Una síntesis permite ordenar las primeras implicancias. La operación Venezuela no está cerrada. Con el argumento de no repetir el fracaso de la ocupación de Irak, la Casa Blanca optó por cooptar a un sector de la cúpula chavista. Lo visible es una negociación donde se descabezó a Maduro, prisionero en los EE.UU; la presidencia a cargo de la Vice respetando la ley de sucesión y los ministros chavistas a cargo de la gestión de las áreas duras de las fuerzas militares y de seguridad. No hubo un plan de transición, sustentado sobre la oposición política que logró un triunfo electoral inobjetable, y no existe un esbozo de transición. La agenda es petrolera y externa. Los datos son concluyentes: se envía petróleo al mercado americano; sobrevive la mayor petrolera privada y en materia de política exterior la nueva agenda excluye a los tres países aliados: Rusia, China y Cuba. Hoy sólo existe la agenda de la invasión, no se vislumbran licitaciones petroleras y se ignora la situación de muchos presos políticos. En Irán la ayuda que prometió Trump para proteger a la oposición, que en las calles reclamaba el fin del régimen teocrático-militar, nunca llegó. Hubo muertos, detenidos, desaparecidos. Pasará mucho tiempo para que se repita un movimiento opositor de envergadura, que en este caso nació protegido por el poder económico iraní encarnado en su núcleo geográfico: el Bazar. Lo novedoso fue la aparición de proyectos de restitución de la monarquía, una idea sin aparente inserción social, que explota la nostalgia y que no movilizó a las petro-monarquías vecinas, que recuerdan con mala memoria las ambiciones del Sha. Seguramente, esta revuelta fortalecerá a los sectores mas radicalizados del régimen que van a incrementar el patrullaje ideológico y los controles. El reclamo de soberanía sobre Groenlandia posee otro significado. No se busca obtener sólo recursos, es un proyecto de ampliación del territorio americano, portador de una simbología histórica sustentada en la seguridad. La esencia de este proyecto colisiona con la OTAN y con una geografía aliada como la Unión Europea. Inspira este proyecto la idea de un mundo organizado en base a esferas de influencia, donde los EE.UU no están dispuestos a depender de una alianza, sino que impulsan un proyecto hegemónico que implica anular el proyecto europeo. La anticipada formulación de este proyecto estuvo en boca del entonces super-asesor del presidente Trump, Elon Musk, que postuló la desaparición de la Unión Europea. Esta idea estuvo muy presente hace pocas semanas, cuando el gobierno americano retiró la visa de ingreso a T. Breton, comisario responsable de la regulación de las plataformas digitales americanas. El ex ministro francés fue el responsable de la Ley de Servicios Digitales y la Ley de Mercados digitales votada por 539 votos, contra 54, en el Parlamento europeo, que sumó votos y abstenciones de la derecha europea que Washington considera aliados en la Estrategia de Seguridad Nacional del 5 de diciembre. El argumento de la seguridad, esgrimido por el gobierno americano, alude al peligro que se cierne sobre los EE.UU debido a la articulación de los intereses ofensivos de la alianza ruso-china que podrían amenazar su seguridad nacional desde esa geografía. El argumento no se ajusta a la realidad: existe un Acuerdo de Defensa entre Washington y Dinamarca, firmado en1951, que le permite a las fuerzas armadas americanas mantener una base aérea y espacial en Pituffik, territorio groenlandés. Además, cuando hace pocos días se desató el conflicto, el gobierno danés ratificó su doble compromiso con los EE.UU: miembro de la OTAN y firmante de un acuerdo bilateral de defensa. Este punto es clave: existen garantías de seguridad para Washington. Dinamarca acaba de sumar una: si Trump avanzara con el costoso proyecto de defensa espacial cúpula dorada, un sistema anti-misilístico, nada se lo impediría, podrían instalarse en territorio groenlandés los misiles interceptores. En la última mediación, el Secretario de la OTAN Mark Rutte, ofreció transferir una porción de soberanía dinamarquesa: la actual base pasaría a ser territorio americano. Es el modelo Chipre: cuando esa Isla se independizó las bases británicas allí instaladas quedaron bajo la soberanía de Londres. Se trata de una salida inteligente. En Europa algunas derechas se distancian de Trump: el francés J. Bardella apoyó a Dinamarca y Giorgia Meloni no adhirió al Consejo de Paz que impulsa Washington. En materia financiera aparecen preocupaciones para los EE.UU: los tenedores europeos de Bonos americanos seguramente reducirán sus compras. El Director de J.P. Morgan, J. Dimon, alertó sobre la cuestión en una entrevista que mantuvo con Trump, evento donde concurrió luciendo la Legión de Honor francesa. Por último una cuestión no menor: los juegos de Trump en Groenlandia tienen un ganador: Rusia. Su ministro de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, estableció en su rueda de prensa anual un paralelismo con la Península de Crimea: Crimea es tan importante para la seguridad rusa como Groenlandia para los Estados Unidos. El 19/1 el tabloide ruso Komsomolskaya Pravda tituló: Groenlandia, el cementerio de la OTAN.w Sobre la firma Newsletter Clarín
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