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  • De pasaportes romanos a cucharitas de avión: el museo sin edificio con 50.000 piezas en 20 países

    » TN

    Fecha: 24/01/2026 06:03

    Durante décadas, los museos fueron asociados a edificios solemnes, recorridos rígidos y vitrinas silenciosas. El Museo del Turismo propone romper con esa lógica: se trata de una entidad sin fines de lucro dedicada a exhibir la historia de esta actividad, recuperar material olvidado y compartir curiosidades vinculadas al viajar, pero con una particularidad que lo distingue de cualquier otra institución cultural: no tiene una sede única. Su territorio es el mundo. Leé también: Ni Cariló ni Pinamar: la desconocida playa a 5 horas de Buenos Aires, ideal para conectar con la naturaleza El proyecto nació en enero de 2016 como un hobby impulsado por Alberto Bosque Coello, promotor turístico español con más de tres décadas de trayectoria en la región de Castilla y León. Con el tiempo, aquella iniciativa personal se transformó en una propuesta colectiva que hoy coordina junto a otros cuatro referentes del sector. A diez años de su creación, el Museo del Turismo se consolidó como una red global sin precedentes. No hay una dirección central ni un edificio emblemático: se trata de un museo extendido, descentralizado y en permanente movimiento. Un museo sin fronteras A diferencia de las instituciones tradicionales, el Museo del Turismo funciona a través de salas permanentes ubicadas en lugares que ya forman parte del ecosistema viajero: hoteles, agencias de viajes, oficinas de turismo y centros de formación. Actualmente contamos con 126 salas distribuidas en 20 países, y este 2026 marcará un hito histórico con la apertura de la sala número 127 en Nueva Zelanda, lo que nos permitirá tener presencia en los cinco continentes, anticipó Bosque Coello. Esta estructura es posible gracias a una comunidad internacional que sostiene el proyecto de manera ad honorem: más de 600 personas colaboran en el cuidado de las colecciones, con el respaldo de 200 compañías y un equipo de 30 community managers que difunden los contenidos en 20 idiomas a través de plataformas digitales. De hélices históricas a pasaportes de bronce ¿Qué tesoros se pueden encontrar? El Museo del Turismo custodia alrededor de 50.000 piezas que abarcan desde objetos curiosos hasta elementos de alto valor histórico y arqueológico. Hagamos un pequeño repaso. En la Sala 63, ubicada en Pernambuco, Brasil, se exhibe la hélice del hidroavión Fairey F III-D MkII que realizó en 1922 el primer vuelo entre Portugal y ese país. En tanto, la Sala 49, en Palencia, España, alberga las téseras de hospitalidad: piezas de bronce de más de 2.000 años de antigüedad que funcionaban como salvoconductos o documentos de identidad para viajeros celtas y romanos. Leé también: El Castillo de Harry Potter en la Argentina: la joya arquitectónica oculta en Buenos Aires Las téseras son pequeñas piezas, metálicas o de hueso, que eran utilizadas como contraseñas y que garantizaban acuerdos recíprocos de protección y ayuda. Incluso podían ser fragmentadas para que cada parte tuviera una mitad, que luego se encajaba para verificar el acuerdo. Otro elemento destacado en las vitrinas son los primeros carnets de Guías de Turismo o Acompañantes de Forasteros y sus insignias, exhibidos en la sala 17, en la Escuela Turismo Alhamar, en Granada, España, que datan de hace más de medio siglo, señaló el coordinador. La colección funciona como un collage de la memoria viajera: cucharitas de líneas aéreas, uniformes antiguos de azafatas, lámparas ferroviarias, cámaras fotográficas de distintas épocas y cartelería publicitaria centenaria que ya invitaba a descubrir destinos lejanos. También se conserva folletería utilizada para atraer turistas a acontecimientos específicos, como el eclipse total de sol observado en Burgos, España, en 1905; objetos vinculados a la historia de las estaciones de servicio; postales, souvenirs y una amplia variedad de piezas que dan cuenta de la evolución del turismo como práctica social. Algunos de esos tesoros se exhiben en muestras itinerantes. Por ejemplo, hasta finales de marzo de 2026, por ejemplo, el Museu del Turisme de Calella (Barcelona) exhibe la muestra Destino España, compuesta por 40 pósters que recorren la historia de la promoción turística del país a través de su cartelería". La Argentina: una parada obligatoria La Argentina participa de esta ruta histórica, y cuenta actualmente con seis salas abiertas al público: - Ciudad de Buenos Aires: hay tres espacios dedicados a pioneros de la industria. Uno fue Juan Carlos Tártara, y se lo homenajea en las oficinas de la empresa que fundó, Viajes Piamonte (Sala 21). El segundo es Mario Aragoneses (Sala 105), creador de la compañía Aragoneses Viajes y Turismo. Y la Sala 26 que funciona en el Instituto Superior Perito Moreno de Buenos Aires recuerda a Sara Spinelli, impulsora de la formación turística en el país. - Córdoba: la Sala 24 en la Agencia de Turismo Itatí resguarda materiales diversos sobre la evolución de la actividad. - Sierra de la Ventana: la Sala 40 revive la historia de la comarca, del mítico Club Hotel y la labor turística del pionero Ernesto Tornquist. - La Pampa: la Sala 107 ofrece una inmersión en la literatura de viajes y folletería del mundo desde la Biblioteca Profesor Fernando Aráoz, de la Secretaría de Turismo de Santa Rosa. Una red abierta y participativa El Museo del Turismo no es solo para observar recuerdos, sino una iniciativa totalmente participativa. Cualquier viajero, empresa o institución puede sumarse a esta aventura de tres formas: abriendo una nueva sala, donando material histórico (como guías, postales o souvenirs) o simplemente difundiendo el proyecto para que la red siga creciendo. Como bien señala un artículo publicado por Aitor Pedrueza en el blog del Museo, el concepto moderno de turismo comenzó con visionarios como Thomas Cook, quien en 1841 delineó el primer viaje organizado de la historia. Movido por las oportunidades que podría brindar, el empresario fletó un tren para un grupo de personas que quería asistir a un congreso antialcohol desde Leicester a la localidad de Loughborough, en Inglaterra, recuerda Pedrueza. Aunque la iniciativa no funcionó como esperaba, fue el puntapié inicial para que Cook creara su propia agencia de viajes, sentando así las bases de una industria que transformaría la forma de viajar. Hoy, el Museo del Turismo retoma ese espíritu aventurero para recordarnos que cada vez que hacemos sellar un pasaporte o abrimos un mapa estamos escribiendo una página más en el libro global de las excursiones.

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