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Parana » Informe Digital
Fecha: 23/01/2026 17:28
De la redacción de INFORME DIGITAL Lo que comenzó como una denuncia explosiva por presunto espionaje en el corazón de Casa de Gobierno ya se transformó en un verdadero culebrón institucional que suma capítulos cada día, con giros inesperados, marchas y contramarchas políticas, sospechas cruzadas y una pregunta de fondo que nadie logra responder con claridad: ¿quién controla realmente la seguridad del poder en Entre Ríos? El hallazgo de cámaras y dispositivos ocultos en despachos oficiales incluida la oficina del gobernador Rogelio Frigerio y áreas clave de la Secretaría General de la Gobernación generó inicialmente un cimbronazo inmediato: la interpretación dominante fue directa y brutal. Espionaje. Las repercusiones fueron provinciales y nacionales. Hubo expresiones de repudio, solidaridad política e incluso pronunciamientos de sectores opositores que, en primera instancia, rechazaron cualquier tipo de vigilancia ilegal dentro del Estado. Sin embargo, el caso dio rápidamente un giro que abrió otra dimensión del escándalo. Cámaras viejas, gestiones anteriores y el rol de Kueider INFORME DIGITAL constató en las últimas horas que parte del sistema hallado habría sido instalado durante el gobierno peronista, cuando Edgardo Kueider era secretario general de la Gobernación en la gestión de Gustavo Bordet. Según esas versiones, varios de esos dispositivos habrían quedado fuera de funcionamiento desde 2019, lo que llevó a que algunos sectores comenzaran a cuestionar el episodio desde otro ángulo: si eran cámaras antiguas, ¿cómo puede ser que hayan permanecido dentro de Casa de Gobierno durante años sin que nadie las detecte? Y entonces emergió otra pregunta, quizás igual de grave: ¿cómo se pudo hablar de espionaje actual sin tener el cuadro completo de información? El escándalo, lejos de cerrarse, empezó a crecer por acumulación. Porque en cualquiera de las interpretaciones posibles, la situación es alarmante. Si era espionaje, es gravísimo. Si era negligencia, también. El nuevo capítulo: una cámara bajo sospecha Pero cuando parecía que el episodio podía quedar encapsulado en un rezago de otra administración, apareció un dato técnico que vuelve a encender todas las alarmas políticas e institucionales. La cámara ubicada en el despacho del gobernador sería ahora objeto de un análisis particular: investigadores evalúan si podría haber contado con una salida o circuito adicional que no estaría vinculado al sistema original. En otras palabras, no se descarta que ese dispositivo pudiera haber estado conectado a un sistema no detectado o a un DVR alternativo que todavía no fue hallado. Ese elemento cambia el eje completo del caso. Porque ya no se trata solamente de cámaras antiguas desactivadas, sino de la posibilidad todavía en investigación de que al menos una pudiera haber tenido capacidad de transmisión real. La seguridad del gobernador y el vacío institucional El escándalo deja al descubierto un problema que excede el dispositivo en sí: la seguridad institucional del edificio más sensible de la provincia. ¿Se realizó un barrido completo cuando asumió Frigerio? ¿Quién certificó que los despachos estaban libres de tecnología de vigilancia? ¿Quién responde por la custodia interna del gobernador? Porque si el despacho del gobernador puede quedar bajo sospecha, la conclusión es inquietante: si el mandatario no está plenamente seguro dentro de su propia oficina, ¿qué queda para el resto de los entrerrianos? Apoyos, retrocesos y un boomerang político El culebrón también expuso una dinámica política feroz. Cuando la hipótesis fue espionaje reciente, el repudio fue generalizado. Incluso sectores del PJ se manifestaron contra cualquier forma de vigilancia interna. Cuando surgió la versión de que eran equipos antiguos de gestiones anteriores, aparecieron críticas inversas: ¿cómo se instaló una denuncia tan grave sin que estuviera todo chequeado? Y ahora, con el foco puesto en una cámara específica del despacho del gobernador, el caso vuelve a explotar en su versión más inquietante: la posibilidad de que no todo estuviera apagado, de que no todo fuera pasado. Un caso que recién empieza La causa judicial continúa y todo indica que será extensa. Porque en Entre Ríos existen antecedentes, archivos, internas y operaciones que vuelven imposible leer este episodio como un simple hecho técnico. Y porque cada vez que el caso parece cerrarse, aparece un nuevo capítulo. Esta vez, con una pregunta brutal sobre la mesa: ¿fue espionaje, fue desidia o fue algo que nunca terminó de apagarse?.
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