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  • El fútbol argentino no sabe cómo cambiarles la ruta a los jóvenes que solo miran hacia Ezeiza

    » La Nacion

    Fecha: 23/01/2026 11:48

    El fútbol argentino no sabe cómo cambiarles la ruta a los jóvenes que solo miran hacia Ezeiza Comenzó el torneo que juegan los que no pudieron irse. Alguno habrá querido quedarse y otro habrá decidido volver, pero lo que predomina son las ganas de ser transferidos. De subirse a un avión casi sin preguntar el destino. Si décadas atrás se iban sólo los consagrados y hace años empezaron a irse simplemente los consolidados, ahora alcanza con prometer. A Marcelo Gallardo se lo escuchó públicamente por primera vez en el año en los medios oficiales de River. El escenario hizo que faltaran preguntas sobre sus impresiones sobre el plantel y el libro de pases. Pero siempre quedan conceptos cuando se manifiesta. En este caso, generó más repercusión que se pronunciara sobre el muy flojo 2025 de su equipo y la salida de algunos referentes. Sin embargo, sobre el final del editado de 41 minutos se le escuchó la siguiente descripción: El futbolista que viene de abajo no es un desconocido. Salvo por el boca en boca, los jugadores de su generación empezaban a demostrar en primera o en los partidos de reserva que la antecedían; una época, por otro lado, que a cualquier futbolero de ley debe darle nostalgia. Hoy, por las jugadas subidas a YouTube o por la cadena de representantes y ojeadores que siguen los partidos de divisiones inferiores, el proyecto empieza a recibir elogios muy temprano. Cuesta, cuando llegan a primera, hacerles ver que recién están empezando. Reconoció Gallardo: Hay chicos que no debutaron y ya se quieren ir a Europa. Su River buscó en este receso jugadores paradigmáticos de lo que sucede. El primero de esta lista fue Claudio Echeverri, a quien todo le sucede rápido: su debut (a los 17 años), su deseo de emigrar, la concreción de la venta y sus recientes ganas de retornar. Él mismo había motorizado esa posibilidad; lógico: juega poco. Y también tiene lógica que no consiga continuidad: más allá de haberse quedado un año, no se fue de River del todo formado. El City ya lo prestó dos veces. Descartado Echeverri, Gallardo pidió que se hicieran gestiones por dos jóvenes valores de nuestro medio. Pero ambos priorizaron una oferta de Europa. Uno de ellos, Santino Andino, fue transferido al Panathinaikos griego a cambio de una fortuna para Godoy Cruz: más de 9 millones de dólares por el 75% del pase. Los clubes chicos venden directo al exterior desde hace tiempo sin necesidad de que primero recalen en los grandes del país. Un previo paso por River tal vez podría haberlo curtido para el fútbol de gran exposición y, en el caso de un buen rendimiento, podría haberlo proyectado a un club más importante. El fútbol de Grecia no está en la órbita principal de las potencias europeas. Pero son pocos los que apuntan a trazar ese camino ideal de un proceso de largo plazo. Existe una razón demasiado obvia para entender por qué quieren emigrar: cualquier ser humano quisiera cobrar más de lo que cobra. También habría que puntualizar que probablemente River pueda ofrecer un contrato más alto que clubes medianos de Europa. El segundo caso fue el de Maher Carrizo, directamente un absurdo. Y no por la negativa a Gallardo; al fin de cuentas, se repite: los jugadores hoy pueden hacer una gran carrera sin Boca y River en sus pasos. Lo que sucedió fue que Carrizo no quiso jugar este jueves para Vélez frente a Instituto, en la fecha inaugural del torneo porque ya estaba enfocado en la venta que le había prometido su representante. Un detalle: mientras se estaba jugando el partido en Córdoba, no sólo la venta no se había concretado, sino que además no había llegado ninguna propuesta concreta. Midtjylland, de Dinamarca, había preguntado por él; en la nueva generación, un buen equipo de Europa League puede ser motivación suficiente. Vélez ha sido una verdadera fábrica de talento en los últimos años. A la vez, demasiados jugadores de la cantera forzaron su salida. Antes de ser transferido a Botafogo a mediados del año pasado, Álvaro Montoro no quiso jugar la última fecha del torneo porque, así le contestó al entrenador, ya le había dado todo al club. Había jugado, a sus 18 años, un total de 37 partidos en primera. Ya se había ido Alejo Sarco, un prometedor delantero de selecciones juveniles que no renovó el contrato. Recaló en Bayer Leverkusen; un año después, ya fue prestado a Borussia Mönchengladbach. Los clubes deben redoblar esfuerzos en generarles sentido de pertenencia. La identidad puede estirar los plazos de permanencia en un fútbol que, es cierto, expulsa por falta de jerarquía y confiabilidad. Sin embargo, hay casos en que los formados en sus inferiores cobran sueldos muy bajos en comparación con quienes llegan como incorporaciones. El mercado describe de esa manera a Boca, del que se fue hace un año y medio Ezequiel Equi Fernández, motivado por los petrodólares de Al-Qadisiyah, de Arabia Saudita. Si la idea era rápidamente asegurarse el porvenir, el objetivo habrá quedado cumplido; si consideraba estar en la órbita de Lionel Scaloni, recién lo conseguirá ahora, cedido al Leverkusen alemán. Si la imposibilidad de lograr la permanencia de los buenos es evidente, la dificultad de asegurar la continuidad de los proyectos sin contratos firmados está menos a la luz. Hasta que explota en forma de salida por la patria potestad. La AFA falló al respecto en la semana. Todo aquel jugador que se vaya de esa forma de un club argentino no será convocado a la selección juvenil. Esto tiene su costado negativo: la posibilidad de que, aun con esta advertencia, un jugador (al ser menores, cabría hablar del combo de familia y representante) decida marcharse y, en el futuro, quede listo para representar a otra selección. Con ese tema tuvo que lidiar Bernardo Romeo, que como director de selecciones juveniles sabía que podrían perderse buenos valores. Así, habló entre otros por Matías Soulé, Francisco Baridó (se fue de Boca, apareció en Juventus y hoy está en Napoli) y, recientemente, Luca Scarlato, cuya salida de River desató la decisión dirigencial. Romeo atendía a los preocupados dirigentes de los clubes, hablaba con los jugadores y su entorno, y trataba de hacerlos llegar a un acuerdo. En los últimos años se firmaron contratos con la camiseta de la selección como anzuelo. Cambiaron las épocas. No se puede lograr los mismos resultados con los procedimientos del pasado. Fidelizar a los jugadores requiere de más atención a ellos, mejor visión para detectar problemas a futuro y mayor inversión. Los dólares y los euros de afuera llaman la atención, claro. Y alrededor de un jugador hay más bocas de las que se podría imaginar. Pero tan difícil como competir económicamente es entender la cultura juvenil. Es el tiempo de querer todo ya. Mañana lo consideran tarde. Ya no hay sólo un representante por jugador; son agencias, y muchas veces, internacionales. Así es como se repite que la salida es Ezeiza. O se genera el temor de que una lesión pueda romper un proceso. O la de siempre: el tren pasa una sola vez. Es un contexto prolífico como para que esas frases impacten. Como para que el fútbol argentino quede cada vez más desnutrido.

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