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Parana » Inventario22
Fecha: 23/01/2026 10:48
Cuba, el próximo objetivo de Trump según el WSJ La Casa Blanca evalúa que la economía de Cuba está al borde del colapso y apuesta a un quiebre interno para impulsar una transición política. 23/01/2026 10:46 109824 3.09 minutos. Washington volvió a colocar a Cuba en el centro de su agenda hemisférica. La administración de Donald Trump activó una ofensiva política y económica con el fin de provocar un quiebre dentro del poder cubano que allane el camino hacia una salida del régimen comunista antes de fin de año. La estrategia fue revelada por The Wall Street Journal (WSJ), que citó a altos funcionarios estadounidenses involucrados en las conversaciones. En la Casa Blanca sostienen que el escenario nunca resultó tan favorable. La evaluación interna, según el diario, indica que la economía cubana se acerca al colapso, debilitada por la caída del respaldo venezolano y por el endurecimiento de las sanciones estadounidenses. Para el entorno de Trump, la fragilidad económica se transformó en una ventana política. No existe, al menos por ahora, un plan formal para un cambio de régimen. Sin embargo, funcionarios citados por el WSJ reconocen que Washington tomó como referencia lo ocurrido recientemente en Venezuela. Trump considera que la caída de Nicolás Maduro y las concesiones posteriores de su entorno demostraron que Estados Unidos puede forzar acuerdos si combina presión económica con negociaciones discretas dentro de los gobiernos aliados. Ese mensaje llegó también a la esfera pública. El 11 de enero, Trump advirtió en Truth Social que no habrá "más petróleo ni dinero para Cuba" y sugirió a la dirigencia isleña llegar a un acuerdo "antes de que sea demasiado tarde". Detrás de esa advertencia, la Casa Blanca avanzó con el bloqueo al envío de crudo venezolano hacia la isla. Desde mediados de diciembre, Cuba no recibe cargamentos de petróleo, según confirmaron fuentes estadounidenses al WSJ. Estados Unidos interceptó al menos siete buques en el Caribe y apuntó directamente al principal sostén energético de la isla. Dentro del círculo de Trump, el secretario de Estado Marco Rubio empuja una línea dura. Hijo de inmigrantes cubanos, el funcionario promueve abiertamente la caída del castrismo y aparece como una de las voces más influyentes en la estrategia hacia La Habana. Desde Cuba, la respuesta fue de rechazo frontal. El presidente Miguel Díaz-Canel descartó cualquier entendimiento bajo presión y afirmó que no existe margen para una rendición ni para acuerdos basados en la intimidación. Mientras tanto, en Washington creen que el desgaste económico hará el trabajo que no logran las declaraciones públicas. La ofensiva sobre Cuba, concluye el WSJ, forma parte de un giro más amplio de la política exterior estadounidense, orientado a reafirmar su influencia en América Latina. Para Trump, un acuerdo en La Habana sería la prueba definitiva de que la presión puede torcer regímenes y reordenar el tablero regional. Venezuela es el mayor proveedor de crudo de Cuba y el corte del suministro amenaza con profundizar una crisis marcada por apagones prolongados y una economía paralizada. En Washington estiman que el país podría quedarse sin reservas en cuestión de semanas. Mientras aprieta el frente económico, la administración republicana explora la vía política. Funcionarios estadounidenses mantuvieron encuentros con exiliados cubanos y organizaciones cívicas en Miami y Washington para identificar posibles interlocutores dentro del aparato estatal. La apuesta, según uno de los funcionarios citados por el WSJ, es encontrar a alguien dispuesto a "leer el escenario" y negociar una transición. El cerco se extendió además a las misiones médicas cubanas en el exterior, una de las principales fuentes de ingresos del Estado. Estados Unidos restringió visados a funcionarios cubanos y extranjeros vinculados a esos programas, a los que acusa de financiar al régimen mediante la retención de hasta el 85% de los salarios de los profesionales. En la Casa Blanca sostienen que el escenario nunca resultó tan favorable. La evaluación interna, según el diario, indica que la economía cubana se acerca al colapso, debilitada por la caída del respaldo venezolano y por el endurecimiento de las sanciones estadounidenses. Para el entorno de Trump, la fragilidad económica se transformó en una ventana política. No existe, al menos por ahora, un plan formal para un cambio de régimen. Sin embargo, funcionarios citados por el WSJ reconocen que Washington tomó como referencia lo ocurrido recientemente en Venezuela. Trump considera que la caída de Nicolás Maduro y las concesiones posteriores de su entorno demostraron que Estados Unidos puede forzar acuerdos si combina presión económica con negociaciones discretas dentro de los gobiernos aliados. Ese mensaje llegó también a la esfera pública. El 11 de enero, Trump advirtió en Truth Social que no habrá "más petróleo ni dinero para Cuba" y sugirió a la dirigencia isleña llegar a un acuerdo "antes de que sea demasiado tarde". Detrás de esa advertencia, la Casa Blanca avanzó con el bloqueo al envío de crudo venezolano hacia la isla. Desde mediados de diciembre, Cuba no recibe cargamentos de petróleo, según confirmaron fuentes estadounidenses al WSJ. Estados Unidos interceptó al menos siete buques en el Caribe y apuntó directamente al principal sostén energético de la isla. Dentro del círculo de Trump, el secretario de Estado Marco Rubio empuja una línea dura. Hijo de inmigrantes cubanos, el funcionario promueve abiertamente la caída del castrismo y aparece como una de las voces más influyentes en la estrategia hacia La Habana. Desde Cuba, la respuesta fue de rechazo frontal. El presidente Miguel Díaz-Canel descartó cualquier entendimiento bajo presión y afirmó que no existe margen para una rendición ni para acuerdos basados en la intimidación. Mientras tanto, en Washington creen que el desgaste económico hará el trabajo que no logran las declaraciones públicas. La ofensiva sobre Cuba, concluye el WSJ, forma parte de un giro más amplio de la política exterior estadounidense, orientado a reafirmar su influencia en América Latina. Para Trump, un acuerdo en La Habana sería la prueba definitiva de que la presión puede torcer regímenes y reordenar el tablero regional. Venezuela es el mayor proveedor de crudo de Cuba y el corte del suministro amenaza con profundizar una crisis marcada por apagones prolongados y una economía paralizada. En Washington estiman que el país podría quedarse sin reservas en cuestión de semanas. Mientras aprieta el frente económico, la administración republicana explora la vía política. Funcionarios estadounidenses mantuvieron encuentros con exiliados cubanos y organizaciones cívicas en Miami y Washington para identificar posibles interlocutores dentro del aparato estatal. La apuesta, según uno de los funcionarios citados por el WSJ, es encontrar a alguien dispuesto a "leer el escenario" y negociar una transición. El cerco se extendió además a las misiones médicas cubanas en el exterior, una de las principales fuentes de ingresos del Estado. Estados Unidos restringió visados a funcionarios cubanos y extranjeros vinculados a esos programas, a los que acusa de financiar al régimen mediante la retención de hasta el 85% de los salarios de los profesionales.
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