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  • El teatro de hace 50 años: exilios, el debut de Olmedo en la revista, el éxito de Alcón y el desnudo de Miguel Ángel Solá

    » La Nacion

    Fecha: 23/01/2026 07:05

    El teatro de hace 50 años: exilios, el debut de Olmedo en la revista, el éxito de Alcón y el desnudo de Miguel Ángel Solá En medio de amenazas de la Triple A y el golpe militar, la cartelera porteña del conflictivo 1976 dejó varios mojones en la historia de nuestros escenarios - 15 minutos de lectura' Todo indica que la cartelera teatral porteña de 2026 estará dominada por títulos que tuvieron sus versiones cinematográficas de rotundo éxito cuando el cine convocaba multitudes, cuando los viernes y sábados por la noche caminar por Lavalle -la calle que supo tener la mayor cantidad de salas cinematográficas por cuadra- era imposible. El circuito de cine en aquellos tiempos, según consigna la cartelera de LA NACION de 1976, en los barrios porteños había 50 salas de cine. Claro que -dato no menor- 50 años atrás se vivía un tiempo de amenazas, exilios, listas negras, represión y censura. Lo supo muy bien Nacha Guevara. El martes 30 de diciembre de 1975, poco antes de las 11 de la noche, una bomba estalló en un baño del complejo teatral Estrellas, en donde se iba a estrenar Las mil y una Nachas 1976, una propuesta dirigida por Claudio Segovia. En el momento de la explosión estaban actuando Antonio Gasalla y Cipe Lincovsky en otras dos salas. El 2 de enero de 1976, Nacha Guevara, sus hijos y su esposo por entonces, Alberto Favero, tuvieron que dejar el país. Ese fin de semana se levantaron seis obras teatrales por amenazas. El 24 de marzo de 1976 fue el golpe de estado que inició el período más sangriento del país. Esa noche, un joven Carlos Rottemberg había programado para el Ateneo, su primera sala, a Pepe Soriano haciendo Parra, obra basada en la vida de Florencio Parravicini. Obviamente, esa noche no hubo función. A tres meses de ese día negro, estalló una bomba de gases lacrimógenos en plena función de Sobre el amor y otros cuentos, unipersonal con Norma Aleandro. Horas después, a las 3.30 de la mañana del 22 de junio, estalló otro explosivo en la planta baja de su vivienda. A los minutos, sonó el teléfono. Atendió Doris, la señora que trabajaba en la casona. Anotó en un papel el mensaje anónimo: le daban 24 horas para irse del país. En medio de ese clima imposible atravesado por el gobierno de Isabel Perón con la nefasta Triple A y la llegada de la dictadura militar, la actividad teatral no se detuvo. Fue la temporada en la que se produjo el debut en la revista porteña de Alberto Olmedo y de Adriana Aguirre. En el Teatro Maipo, Olmedo protagonizó junto a Jorge Porcel y Ethel Rojo El Maipo de Gala. Según cifras de Aadet, la cámara del circuito comercial, fue el espectáculo más visto del año. Convocó a 170.000 espectadores (más que Rocky o La cena de los tontos y algo menos que La sirenita, todos títulos estrenados el año pasado). A lo largo de esos 12 meses, en la Ciudad de la Furia hubo otros cuatro montajes que superaron la barrera de los 100.000 espectadores. Dos de ellos basados en textos de autores argentinos (El gran deschave y Coqueluche). Fue también el año del desnudo de Miguel Ángel Solá en Equus en una puesta que dejó su marca. Fue la temporada en la que dos textos de Arthur Miller (uno, protagonizado por Alfredo Alcón; el otro, por Oscar Ferrigno) convocaron a 162.000 espectadores en total. Fue el momento en el que un joven Carlos Rottemberg programó sus primeros éxitos y el año en el que Kive Staiff creó el Elenco Estable del Teatro San Martín. Y fue también el año en el que dejaron sus huellas autores como Ricardo Talesnik y Sergio de Ceceo, y en el que Carlos Gandolfo dirigió dos verdaderos tanques. En medio de clima político y social imposible, en aquella lejana temporada teatral porteña pasaron cosas. Muchas. Las marquesinas de la Avenida Corrientes En una recorrida imaginaria por la avenida Corrientes desde Callao hacia el Bajo, la primera gran sala teatral es el Astral, ubicada al lado del Enrique Santos Discépolo (actual Teatro Alvear). En la lejana temporada de 1976, en el Astral se programó a Fabio Zerpa hablando de Ovnis y a Charly García con La Máquina de Hacer Pájaros. Pero el gran éxito de la temporada en la sala en donde el año pasado se programó Pretty Woman fue Panorama desde el puente, el clásico de Arthur Miller, que protagonizaba Alfredo Alcón junto con Silvia Montanari, dirigidos por Carlos Gandolfo. Llegó a hacer 190 funciones y 119.000 espectadores fueron a verla. En la vereda de enfrente al Astral actualmente se levanta el Paseo La Plaza. En 1976 funcionaba allí el Mercado Nuevo Modelo. Mientras varias salas emblemáticas de la Avenida Corrientes en estos 50 años fueron tiradas abajo o se reconvirtieron como parte de un emprendimiento inmobiliario, el Paseo La Plaza parece ser el único que aportó grandes salas teatrales al eje central del circuito comercial en estas cinco décadas. A la altura de la calle Paraná en dirección a la zona de Congreso se encuentra el Teatro Liceo, la sala privada más antigua de Latinoamérica. Según el registro de Aadet, entidad que todavía no nucleaba a la cantidad de salas que agrupa actuales, el éxito del año fue El precio, de Arthur Miller. Lo protagonizaron Oscar Ferrigno, Raúl Rossi, Myriam de Urquijo y Fernando Labat. El texto del autor de Incidente en Vichy, puesta clave de la escena alternativa del año pasado que volverá esta temporada, llegó a la cartelera porteña apenas seis meses después de su estreno mundial en Nueva York. De retomar la caminata por la Avenida Corrientes le sigue el Teatro San Martín, que está por fuera del circuito comercial. Depende del gobierno porteño, pero que no se lo puede pasar por alto en la recorrida. Con la llegada de la dictadura, volvió a asumir la dirección general del teatro Kive Staiff. Allí, el director Hugo Urquijo estrenó Seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello, con Gianni Lunadei, Luisina Brando, Lito Cruz, Adriana Aizenberg y Patricio Contreras, entre otros. Ese mismo año, el gestor histórico del San Martín creó el Elenco Estable, que se mantuvo hasta 1989. En la vereda opuesta está el Teatro Premier; en aquel tiempo una sala dedicada al cine. Lo mismo sucedía con el Metropolitan, en el cual, en junio de 1976, se proyectaba Veredicto, con Sofía Loren. A la altura del 1200 de Corrientes en una virtual caminata de hace 50 años aparecía el Teatro Blanca Podestá, sala que al principio de este siglo Carlos Rottemberg convirtió en el Multiteatro. Actualmente se presenta allí la comedia La función que sale mal, entre otros títulos. En 1976, la obra a la que todo le salió bien allí fue una que protagonizó Thelma Biral junto con Eloísa Cañizares, llamada Coqueluche, del autor argentino Roberto Romero. Aquello fue un verdadero tanque de esos años, que había arrancado con Thelma Biral haciendo dupla con Niní Marshall en la temporada de 1972. Esto es una cosa nueva para mí, por eso estoy con un chucho bárbaro. Hago de una señora madura, como corresponde a los carnavales que cuento; y medio loca y despistada, como dicen que soy, contaba la gran Niní en la noche de estreno en Mar del Plata. En la temporada de 1976, Coqueluche llegó a hacer 325 funciones en 152 días. O sea que, en promedio, habría hecho dos funciones diarias. Años después, Thelma Biral fue una de las brujas de Brujas. Entre una obra, la otra y otras tantas es considerada la actriz más taquillera del teatro nacional. En la vereda de enfrente al Blanca Podestá/Multiteatro estaba el Teatro Cómico. Allí también hubo un cambio en su DNI: desde 1982 pasó a llamarse Lola Membrives. Es en donde Nicolás Vázquez montó su propio ring para hacer, con Rocky, un verdadero tanque del circuito comercial de la actualidad. Pero el tanque de hace 50 temporadas se llamó El gran cambio, título sugestivo para los tiempos que corrían. Fue el debut de Adriana Aguirre en la revista, de la mano del empresario y director Carlos A. Petit. La vedette compartía escenario junto al grupo de cómicos uruguayos que conformaban Ricardo Espalter, Enrique Almada, Raimundo Soto y Berugo Carámbula. El gran cambio convocó a más de 72.000 espectadores en 111 días de función. A la misma altura de numeración, pero por la Avenida Santa Fe, se erige el Teatro Regina. Allí, el éxito de hace 50 años lo protagonizó la dupla conformada por Federico Luppi y Haydée Padilla, quienes repusieron El gran deschave, el texto de Armando Chulak y Sergio De Cecco que dirigió Carlos Gandolfo. Esa obra, considerada un clásico del teatro argentino, se había estrenado el 11 de agosto de 1975 en la misma sala. Se presentó luego en diversos teatros, llegando a las mil funciones. En la temporada de Buenos Aires de hace cinco décadas convocó a 123.764 espectadores. Fue el tercer título más convocante luego de la revista de Porcel y Olmedo, y de Coqueluche. Del otro lado del Obelisco Durante el gobierno de Isabel Perón, en el Obelisco se había instalado un cartel giratorio con una frase: El silencio es salud. Era para alertar sobre el uso de las bocinas, se decía. En tiempos de silencio forzado, el cartel se prestaba a otras interpretaciones, pero a pasos de allí las grandes marquesinas de los cines de Lavalle y de los teatros de Corrientes estaban a pleno. La primera gran sala que aparece en ese segundo tramo de Corrientes es el Teatro El Nacional, en en que Fer Dente acaba de estrenar Company. El éxito de 1976 en esa sala fue El farsante (el hacedor de lluvia), que protagonizaron Arnaldo André junto con Susana Campos. Fue en la misma temporada en la que Niní Marshall y Jorge Luz presentaron El pequeño Marshall/Luz ilustrado y en la que Rodolfo Bebán y Carlos Carella protagonizaron Atrapado sin salida. A esa altura, por la calle Paraguay está el Ateneo. Ahí aparece otro nombre clave de la actividad teatral: el productor Carlos Rottemberg. El 1° de julio de 1975 había asumido la dirección de esa sala, tomando la posta de Alejandro Romay. Tiempo después, el llamado Zar de la Televisión le propuso presentar en el Ateneo Equus, texto de Peter Schaffer. El novato productor, por entonces de apenas 18 años, aceptó. Eso sí, fue a buscar en el diccionario el significado de la palabra equus, para sacarse ciertas dudas. Lo protagonizaban Duilio Marzio y Miguel Ángel Solá, dirigidos por Cecilio Madanes. Fue un verdadero suceso y el desnudo de Solá en una de las escenas acaparó las miradas de varios. Para el actor, según reconoció tiempo después, era lo más natural aparecer desnudo porque lo pedía el texto. Pero una noche pasó lo peor: un golpe lo sacó del personaje y tuvo una erección en plena función. Cosas que pasan. Otra noche hubo otro problema: cayó un control policial en plena función. A los uniformados los recibió el joven Rottemberg, que se había olvidado su cédula de identidad y no tenía manera de comprobar su edad. Los representantes de la fuerza del orden no le creyeron que tuviera 18 años. Vos serás mayor de edad, pero no podés pasar de acá, de la línea de la boletería, le dijeron. Claro, del otro lado de la línea había un desnudo. Se fueron y él se mandó. Aquella puesta de Equus también cruzó varias líneas: el éxito de esa propuesta fue impresionante. Retomando el recorrido por la Avenida Corrientes en dirección al Bajo aparecen el Gran Rex y el Ópera, en donde se programaban películas, puestas de ópera y ballet, y también conciertos (de Charly García a Astor Piazzolla). En la misma cuadra de esos dos gigantes está el Tabarís, la sala que el mismo Rottemberg reconvirtió en Multitabarís. Si en aquellos tiempos la histórica sala era sinónimo de la picaresca y de las propuestas revisteriles, en 1981 terminó siendo la sede de Teatro Abierto luego de la bomba que estalló en el El Picadero, donde se había iniciado el más contundente acontecimiento cultural contra la dictadura. Justo a la vuelta, por Esmeralda, aparece el Teatro Maipo. En la icónica sala, el gran Alberto Olmedo debutó en la revista porteña con El Maipo de gala. Lo hizo junto con Jorge Porcel y Ethel Rojo en una gran producción dirigida por Gerardo Sofovich, en la que también trabajan Tristán y Carmen Barbieri. El Teatro Maipo presenta con indiscutible orgullo esta verdadera superproducción. Decir que es una superproducción es un alarde de modestia, señalaba, sin medidas tintas, el programa de mano. La super/superproducción dio sus frutos: a lo largo de 205 noches y 460 funciones fue presenciada por 170.109 espectadores. Una cifra que el año pasado solamente fue superada por La sirenita. En pleno pico de popularidad, Olmedo lanzó un nuevo programa televisivo. Se llamó El chupete. La noche del 4 de mayo, el locutor del noticiero de Canal 13, Jorge Nicolao, a las 20.30 horas, apareció de pronto en el inicio del ciclo con un mensaje impactante: En este horario y por este canal debía salir al aire hoy el primer programa del año de El chupete. Desafortunadamente eso no será posible, debido a la desgraciada circunstancia de que su protagonista, Alberto Olmedo, ha desaparecido". Y agregó: No tenemos más palabras. Guardémosle cariñoso respeto viendo uno de los últimos programas del año pasado. En ese mismo momento, Olmedo estaba por entrar al escenario del Maipo, ya que el programa había sido grabado días antes. Inmediatamente, la noticia de su muerte comenzó a circular por la radio, las agencias noticiosas y los canales. En la pantalla de Canal 13, a los minutos del anuncio, apreció el mismo Olmedo con cara de yo no fui y diciendo: ¡Se lo creyeron, eeehhh!. La broma -de tan mal gusto en tiempos de centros clandestinos y desaparecidos- hizo que la emisora despidiera a Olmedo, a los guionistas Humberto Ortiz y Oscar Viale, al presentador y al director del programa. De todos modos, todas las noches Alberto Olmedo siguió llenando la platea del Maipo; el público le fue fiel. A metros de allí, justo en la esquina de Esmeralda y Corrientes, estaba el Teatro Odeón. Por esa gran sala ya habían pasado figuras como Carlos Gardel, Margarita Xirgu, Lola Membrives, Vittorio Gassman y Luis Alberto Spinetta. En la temporada de 1976, quienes coparon la parada fueron los integrantes de Les Luthiers. Viejos fracasos, la primera antología del grupo, fue otro de los éxitos del grupo: la vieron 109.000 personas. El Odeón fue demolido en 1991. Desde hace una década se levanta en ese gran terreno una torre vidriada que lleva el nombre de Torre Odeón. La ley 14.800 promulgada en 1959 dice que en caso de demoliciones de salas teatrales, el propietario tendrá la obligación de construir en el nuevo edificio otra sala con las mismas características. Bien, desde hace una década hay dos espacios destinados a salas teatrales que nunca fueron equipados, que nunca levantaron sus telones; son dos fantasmas. En materia teatral, en la comparación entre 1976 y 2026, la esquina de Corrientes y Esmeralda aporta su peor cara. A pocos pasos, en dirección a Florida, se encuentra el Teatro Astros, otra sala que no es la misma que hace cinco décadas atrás. El éxito de hace 50 años fue otra revista: La risa es salud, con Juan Carlos Calabró, Thelma Tixou y Adolfo Stray que quedó un tanto relegado en comparación al público que ese mismo año lograron otras propuestas de ese tipo. En perspectiva, en el inicio de los 70, el género revisteril/musical pisaba fuerte acaparando mucha más audiencia que las comedias. En números, la cosa sería así: mientras que entre 1971 y 1976 unos 3.109.000 optaron por presenciar comedias o dramas, otros 5.129.000 espectadores prefirieron espectáculos de revista y musicales. En los tiempos que corren, la revista como tal, más allá de la propuesta evocativa que volverá al Teatro Cervantes, es cosa del pasado. El lugar que tenían esas producciones de la Avenida Corrientes lo ocupan ahora los grandes musicales. La gran mayoría de esos títulos, toda una paradoja en sí misma, tuvieron su momento de gloria en la pantalla grande cuando por la Lavalle era imposible caminar, dada la cantidad de espectadores. En los 70, el movimiento de Lavalle y Corrientes formaban parte de un verdadero fenómeno que se retroalimentaba. En la actualidad, en Lavalle hay placas en la vereda que recuerdan la existencia de esas salas, como si se tratara del panteón de un cementerio. A una cuadra, en la Avenida Corrientes, en junio de 1974 se proyectaba en el Gran Rex la película Virginidad, con Vittorio Gassman y Ornella Muti. La primera función era a las 13 y la trasnoche comenzaba a la una y media de la mañana. Desde hace tres años, y como volverá a suceder éste, en ese momento del año la magnífica sala del Gran Rex está ocupada por grandes producciones de teatro musical, que marcan el pulso de las vacaciones de invierno.

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