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» Clarin
Fecha: 23/01/2026 06:29
Entre todos los rankings que circularon el año pasado, se destacan dos que resultan particularmente relevantes a la luz de la actualidad argentina. El de los países más ricos del mundo y el de aquellos en los que la gente vive con mayor confort y satisfacción. Los criterios que utilizan las instituciones y las revistas especializadas para elaborar estos listados se nutren de variables distintas. Sin embargo, los resultados, en la mayoría de los casos, suelen ser similares. Por ejemplo, The Economist, el prestigioso semanario inglés, situó a Noruega en la cima de los países más ricos de 2025 sobre la base de tres indicadores referidos al producto bruto interno. Es decir, a la producción económica total de un año. El primer indicador tomó en cuenta cuánto generó en promedio cada habitante. El segundo, cuál fue el verdadero poder adquisitivo de cada uno. El tercero, qué cantidad de horas trabajadas fueron necesarias para que pudieran obtener ese ingreso. Y la población noruega alcanzó este logro: trabajar solo 1.400 horas anuales en empleos estables, con una productividad y un nivel de vida superior. Esta combinación virtuosa de altos salarios, buen vivir y rendimiento laboral también se observa en otras naciones democráticas: Suiza, Dinamarca, Suecia, Países Bajos y Alemania. En tanto que Canadá y Australia, para mencionar dos países de rasgos similares y de trayectorias divergentes respecto a la Argentina, se ubicaron un poco más atrás. Mientras que las dos superpotencias, Estados Unidos (EEUU) y China, sobresalieron en una o dos variables, pero no en las tres de manera equilibrada. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que realizan estimaciones basadas en el ingreso promedio por habitante y su capacidad de compra, incluyeron a esos mismos países y ocasionalmente a otros más pequeños, como Irlanda y Singapur entre los más prósperos de los últimos tiempos. Las Naciones Unidas, por su parte, publican anualmente el informe de desarrollo humano que mide el progreso en tres dimensiones: la esperanza de vida, el nivel educativo y los ingresos por habitante. El objetivo consiste en ofrecer una visión más amplia del bienestar que el simple crecimiento económico. Aun así, los países que encabezaron esa tabla, a los que se les sumó Islandia, coinciden con los que ya hemos aludido. Otro tanto ocurre con el reporte sobre la felicidad individual que preparan académicos de la Universidad de Oxford a partir de encuestas globales realizadas por Gallup. El cruce de las evaluaciones personales con indicadores sociales y económicos arrojó conclusiones semejantes en 2025: al tope figuraron las mismas naciones arriba señaladas, con la sorpresiva inclusión de dos latinoamericanas: Costa Rica y México. Y en el grupo de países con gran riqueza nacional y, al mismo tiempo, altos niveles de insatisfacción personal vinculados a la desigualdad en los ingresos y el estrés cotidiano aparecen los EEUU, Qatar, Japón y Corea del Sur. Argentina, ubicada en la mitad inferior de estos rankings, podría tomar nota de las buenas prácticas de los países más exitosos para introducir avances en su organización económica y social. Como la presencia reguladora, mas no burocrática, del Estado en la explotación de los recursos naturales, el perfil productivo, la integración colectiva, el cuidado del medio ambiente y la infraestructura. Esa presencia no supone agencias estatales ineficientes y sobredimensionadas, pero sí, por ejemplo, el despliegue de una efectiva política industrial y tecnológica. Un punto que, a raíz de los actuales conflictos comerciales y arancelarios, es propuesto por economistas laureados, como Dani Rodrik, Ha-Joon Chang, Joseph Stiglitz y Daron Acemoglu, entre otros, quienes plantean que la desregulación y la apertura extremas de los mercados ya no responden a los desafíos contemporáneos. Ni aportan de manera significativa a la capacidad de un país o una región para competir de forma sostenida a nivel internacional ni a la creación de trabajos decentes. Asimismo, y no menos importante, convendría emular los esfuerzos continuos de estos países en las esferas de la salud, la educación y los servicios públicos universales. Ámbitos en los que los recursos fiscales se gestionan sin excesos, de forma transparente y equitativa. Sin embargo, el ideologismo del gobierno nacional ha despreciado, como es sabido, estas experiencias. Y en estos dos años, salvo los intentos aún estériles por controlar la inflación, no ha transmitido ninguna idea ni iniciativa constructiva en esos campos. Por el contrario, retaceó fondos a múltiples sectores, entre ellos, universidades, centros de innovación, hospitales y, recientemente, a la formación técnica profesional. Además de ignorar el cierre de numerosas industrias y la reparación y mantenimiento de rutas, puentes y accesos estratégicos. Y si nos guiamos por los elogios propinados al texto escrito por un señor llamado Block, que vindica a los narcos, los proxenetas y el trabajo infantil, y que fue exhibido con orgullo por los ministros hace poco, cualquier esperanza de cambio se desvanece en el aire. Excepto que la promoción de ese libelo haya tenido por finalidad provocar la distracción o la risa de las altas autoridades. En tal caso, hubieran sido mucho más edificantes y afines, si me permiten, El asesino dentro de mí, de Jim Thompson, o bien cualquiera de la zaga de Boogie, el aceitoso, del gran Fontanarrosa. w Sobre la firma Newsletter Clarín
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