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  • Grupos de WhatsApp y contacto con las escuelas: un plan para prevenir el suicidio adolescente logró bajar a cero las muertes

    » La Nacion

    Fecha: 22/01/2026 15:57

    suicidio Entrá a la guía de Fundación La Nación y encontrá los tips de los expertos sobre cómo prevenir, actuar y encontrar ayuda frente a este problema Yo creía que mi hija era una nena feliz. Eso nos demostraba. Las certezas que tenía Mariela sobre Mayra, su hija, se hicieron pedazos hace cinco años. Un día, al abrir la puerta del baño, descubrió lo que su hija escondía debajo de su ropa: un cuerpo lleno de cortes. Tenía apenas 11 años. Me dijo que era su manera de calmar tanto dolor, dice ahora esta mujer, que prefiere permanecer en el anonimato para preservar a su hija. Mayra siempre tuvo complejos con su cuerpo porque tiene sobrepeso. Le han hecho mucho bullying, pero nunca imaginé que le afectaba tanto, recuerda Mariela. Cuando la chica empezó la secundaria, el bullying se hizo insoportable. La solución que le ofreció el colegio fue cambiarla de turno. En 2024, Mayra tuvo tres intentos de suicidio. Después del tercer episodio, Mariela la llevó de urgencia al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, en Palermo, donde quedó internada dos meses y medio. Con el alta vino la indicación de que siguiera con tratamiento ambulatorio. Para sorpresa de la mujer, que creía que no había un buen servicio de salud mental en San Miguel, donde viven, los médicos le dijeron que podría hacerlo en su municipio. Mariela no sabía que desde 2023 San Miguel cuenta con un Plan Integral de Abordaje al Suicidio en Niñez y Adolescencia. Sus primeros resultados son alentadores: en 2024 no se registró ningún suicidio entre los niños, niñas y adolescentes que viven en ese partido, 92.493 chicas y chicos, según el último Censo. El director de Salud Mental del municipio, el psicólogo Mariano Bigliani, cuenta que el programa ya genera interés en otros municipios, como San Isidro y Moreno. Dice que cuando aceptó el cargo, en octubre de 2019, el área no tenía psiquiatras infantojuveniles. Eran 30 profesionales distribuidos en Centros de Atención Primaria de Salud (CAPS) y en los dos hospitales municipales, el Raúl Larcade y el San Miguel Arcángel. Hoy tenemos presencia en 15 de los 19 CAPS y somos una red de 50 profesionales: 2 psiquiatras infantojuveniles, 8 psiquiatras de adultos, 29 psicólogos para niños y adultos, 8 psicopedagogas, 1 trabajadora social, 1 acompañante terapéutica y 1 terapista ocupacional, enumera. Un equipo de salud mental así de nutrido, sin contar los del sistema de salud privado, es de por sí un dato relevante, sobre todo cuando se lo compara con el panorama de toda la provincia de Buenos Aires, donde hay dos psiquiatras infantojuveniles cada 100.000 chicos y chicas, tal como lo reflejó una investigación de LA NACION. El dato se vuelve alarmante cuando se lo contrasta con otra revelación del mismo trabajo: cada 20 horas, un niño, niña o adolescente se suicida en nuestro país. Desde la implementación del plan, un niño o adolescente con conducta suicida tiene prioridad para obtener un turno con un psiquiatra infantojuvenil en San Miguel. Se lo admite de inmediato. Si no hay turno con el psiquiatra justo en ese momento, empieza con la psicóloga pero el turno aparece, como máximo, en 15 días, explica la coordinadora general de la Dirección de Salud Mental, Daniela Marin, quien junto a Bigliani reciben a LA NACION en el Centro de Salud Mental Granaderos a Caballo. Esa inmediatez contrasta con el panorama nacional, donde muchos pacientes llegan a esperar más de dos meses por un turno o deben viajar acompañados con un familiar cientos de kilómetros hasta las grandes ciudades para dar con un especialista. Otro de los aspectos que vuelve innovador al programa, al punto de que en 2024 fue premiado por Alianza Iberoamericana de Psiquiatría Infantojuvenil y destacada por la Red de Innovación Local, se trata del trabajo en red con las familias y las escuelas, lo que garantiza seguimiento y un plan personalizado. ¿Cómo funciona esta red? Cuando un chico ingresa al programa, recibe tratamiento psicológico y psiquiátrico. Además se suma a grupos terapéuticos con otros adolescentes. En paralelo, alguien de su grupo familiar se suma a un grupo terapéutico de padres. Mientras que todos los profesionales que intervienen en el caso están conectados en un grupo de WhatsApp al que también suman a una de las tres coordinadoras de la Dirección de Salud Mental, una trabajadora social y a la directora del colegio al que va ese chico. La finalidad es coordinar los detalles para que el chico retome su rutina: definen situaciones muy específicas, como quién lo acompaña y lo retira de la escuela o si puede ir solo al baño. Además permite que todos estén al tanto de las novedades: si falta al tratamiento o a la escuela, o si surgió alguna dificultad. A lo largo de 2025, ingresaron al programa unos 140 chicos. De ellos, 72 continúan supervisados, mientras que 68 pasaron a terapia individual o a otro dispositivo. Otro de los logros de este programa es que ahora tenemos datos sobre suicidio. Sabemos que es un tema subregistrado, sostiene Bigliani. Quizás esta sea la razón por la que la cifra de ocho muertes que el municipio relevó en 2023 a partir de fuentes propias, como los reportes de los hospitales o del SAME, contraste con los registros del Ministerio de Seguridad de la Nación, que en San Miguel contabilizó solo dos muertes para ese mismo año, según verificó el equipo de LA NACION Data. En 2024, ambos registros coincidentes en que no hubo por suicidio. Con respecto a 2025, si bien los datos nacionales aún no están disponibles, en el municipio registraron 6 muertes. De esos chicos, solo uno había pasado por el sistema de salud en 2022. El resto tomó a todos completamente por sorpresa, explica Bigliani y aclara que ninguno había pasado por el sistema de salud mental municipal, lo que expone la dificultad en el abordaje preventivo del tema. Bigliani suma que a lo largo del último año hubo 47 internaciones de menores de 16 años con conducta suicida. Las entrevistas de admisión de todos los chicos que ingresaron al programa en 2025 también aportan información clave que hasta ahora no existía: el 29% sufría violencia intrafamiliar, el 20% tenía algún familiar directo con consumo problemático de sustancias, el 19% no había tenido controles de salud en los últimos años, el 18% tenía antecedentes familiares de tentativas suicidas o suicidio consumado en su núcleo familiar y el 3,25% había sido víctima de abuso sexual infantil. Decimos que el suicidio es una problemática multicausal, pero pretendemos resolverla únicamente en el consultorio. Solo con más psiquiatras no alcanza. El abordaje tiene que incluir a todos los actores que pasan por la vida del chico, tiene que ser comunitario. De eso se trata este programa, sostiene Marin, quien agrega que esta mirada está avalada por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y Unicef. Oriunda de San Miguel, esta psicóloga hizo carrera en el Hospital Garrahan, donde trabajó 18 años. Está el prejuicio de que en el Conurbano la salud se cae a pedazos, pero cuando supe de este proyecto, dejé mi trabajo en el hospital porque quise ser parte. Trabajar con la comunidad te da un plus que no tenés cuando abordás este tema desde la urgencia o en una internación, explica Marin. Esa cercanía también hace que cada historia duela más. Cuando trabajás en un hospital, te vas acostumbrando a que hay chicos que mueren. Pero te queda la tranquilidad de saber que hiciste lo humanamente posible por salvarlos, dice. Pero cada vez que un chico se suicida, yo pienso que toda la humanidad le falló. ¿Cómo pudimos fallarle todos?. En 2022, un año antes de su implementación, la Dirección organizó varios foros comunitarios a los que asistieron cientos de personas, muchas del mundo de las escuelas. Ahí empezamos a escuchar cosas como: 'se nos suicidan los chicos y no sabemos qué hacer o 'cuando el sistema de salud les da el alta después de una internación por un intento de suicidio, tienen que pulular por los hospitales para conseguir un turno, recuerda Bigliani. En este punto, ambos profesionales coinciden en el impacto que la pandemia tuvo en la salud mental de los chicos. En el hospital, pospandemia, crecieron tanto los problemas de salud mental como las situaciones de violencia familiar. Cuando, pasada la urgencia, queríamos derivar a otros equipos del país, todos estaban colapsados, dice Marin. Y esa crisis no se aplacó, sigue creciendo, agrega. En 2022, ante cada pedido de ayuda al sistema de salud mental, dice Bigliani, la única posibilidad que tenían los profesionales era dar un turno en consultorio. Pero el tema era más amplio. Los médicos no hablaban de salud mental, las escuelas no querían recibir a los chicos después de un intento de suicidio, reconoce. Por eso, con todo este caudal de información, el primer paso de la puesta en marcha consistió en capacitar al personal de salud. Lo siguiente fue articular mejor con las escuelas. El desafío, reconoce Bigliani, es que los requerimientos del programa no absorban toda la capacidad de atención en desmedro de otros cuadros. Nuestros tratamientos no son de tres o cuatro meses. Si la persona necesita un año, se queda un año y después es derivada a tratamiento ambulatorio o lo que necesite, explica. Por eso, la manera que encontraron para abarcar la mayor atención posible fue formar grupos terapéuticos para cuadros como ansiedad, depresión o problemas de conducta. Aunque eso no resuelve el problema, porque todavía tenemos gente en lista de espera, agrega. En paralelo, el equipo de coordinación de la Dirección está en contacto con las supervisiones de las escuelas del municipio. Además trabajan en red con todas las escuelas estatales (39 primarias y 43 secundarias) y 10 de gestión privada. En este punto, dice Marin, fue clave quebrar la resistencia de las familias, ya que muchas veces y por temor a ser discriminadas, se resistían a informarle a la escuela que su hijo había tenido un intento de suicidio. Mariela dice haber sentido esa discriminación en la escuela de su hija. Cuenta que, incluso, tuvo que ir a quejarse a la supervisión. El año pasado cambió la directora y es otra cosa. Ahora me siento muy acompañada, reconoce. El año que pasó, dice, se fue transformando en un año de logros para su hija. El tratamiento sigue, pero la veo conectada con la vida. Fue abanderada y sueña con ser enfermera psiquiátrica para ayudar como la ayudaron a ella, cuenta. También a ella, dice Mariela, le dieron herramientas. Antes me la pasaba llorando. No podía acompañarla. Ahora, cuando Mayra está mal, me quedo a su lado aunque sea en silencio, dice. Y cierra esperanzada: Siento que la tormenta pasó. Por fin hay sol en nuestro cielo.

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