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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 22/01/2026 14:57
Diez años en imágenes, diez años en palabras directas, sin adorno. Luisana Lopilato detuvo el tiempo para celebrar la vida de ElÃas, su hijo con Michael Bublé, en un video donde cada escena y cada frase marcan el pulso de una familia que aprendió a mirar lo esencial. No fue una fiesta pública; fue una memoria compartida con quienes saben lo que significan los dÃas difÃciles y la luz que llega en silencio. ¡ElÃas! No puedo creer que hoy estés cumpliendo 10 años. El tiempo pasó volando y vos crecés con una luz tan especial que ilumina a toda esta familia. Asà arranca la dedicatoria, con la incredulidad de quien ve pasar una década en un instante. El video abre con la fecha precisa: 21/01/2016. No hay música, solo un fondo negro y el registro de lo que fue el inicio, la sala del hospital, la espera, las manos entrelazadas. Esa imagen, muda y apretada, sostiene lo que vendrá después. Aparece el primer encuentro: Luisana besando a ElÃas recién nacido. Los ojos cerrados, la piel de ambos pegada, el mundo detenido. Siempre tenés esa manera tan tuya de observar en silencio, pero qué clara la tenés entendés todo. La frase, escrita en el pie del video, acompaña una serie de imágenes domésticas donde el hijo aparece como testigo y protagonista de la vida familiar. No es un homenaje a la perfección, sino a la verdad de lo cotidiano. Las escenas se suceden: en la cocina, madre e hijo amasan juntos; la harina cubre la mesa, los moldes esperan turno. En ese gesto simple se resume el vÃnculo: la intimidad de las rutinas, la alegrÃa que se esconde en los detalles pequeños. Qué orgullosa estoy de vos: de lo bueno, dulce y generoso que sos, de lo cool, gracioso y auténtico. ¡Cómo me hacés reÃr! Te amo, hijo, continuó. El texto acompaña las imágenes, sin buscar la épica, solo la pertenencia. Después, el niño en pijama de Spiderman y anteojos oscuros, mirando a cámara, inventando su propio personaje. La infancia aparece sin escenografÃa: el juego, la libertad, la seguridad de saberse protegido. Un beso fuerte en la mejilla de su madre, el rostro arrugado por la fuerza del cariño, la risa espontánea que no necesita palabras. Gracias porque en momentos difÃciles fuiste nuestra luz. Gracias por esperar, por escuchar y por amar de una manera tan pura y sincera. También hay lugar para las pasiones. El estadio, la camiseta blanca con la banda roja y el número 10, el apellido Bublé en la espalda. El niño avanza, sostenido por dos adultos, en dirección a la cancha, sin mirar atrás. Más tarde, la escena de un ensayo profesional: ElÃas frente al teclado, auriculares puestos, los músicos atentos. Toca sin apuro, sin público, pero con la convicción de quien aprende a ser parte de algo más grande y suela con seguir los pasos de su padre. Todos te amamos tanto, más de lo que imaginás. En otra, tres chicos caminan abrazados por unos pasillos anónimos, con los brazos cruzados sobre los hombros. El entorno es frÃo, industrial, pero la cercanÃa es cálida, y el sentido de pertenencia está en ese caminar juntos. Frente a los edificios altos y el rÃo, Luisana sostiene a ElÃas en brazos y lo besa en una tarde sin apuros. El fondo se diluye, porque lo importante está en primer plano. El abrazo al atardecer, la baranda del barco, el reflejo del agua. ElÃas con anteojos de utilerÃa, la sonrisa apenas dibujada; Luisana con los ojos cerrados, el rostro apoyado sobre su hijo. No hay palabras. Vuelven las sorpresas: ahora un Spiderman casi real en el escenario, Luisana con ElÃas en brazos, los dos sorprendidos. Años después, la broma: ella lo muerde en la mejilla, él sonrÃe con anteojos de juguete. El cariño no se explica, se muestra. No hay narración lineal ni moraleja final. Solo la elección de momentos en los que la vida familiar se hizo visible: hospital, cocina, playa, estadio, escenario, rÃo, barco, juegos, besos y abrazos. Cada escena es un dato. Cada imagen, una declaración de amor silencioso. Que Dios te acompañe siempre, en cada paso y en cada decisión que tomes. Diez años en imágenes y en palabras. El agradecimiento queda escrito al pie: Gracias porque en momentos difÃciles fuiste nuestra luz.
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