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    Concordia » Despertar Entrerriano

    Fecha: 22/01/2026 11:07

    Hoy ha evolucionado mucho la parte técnica, tenés todo en internet, pero no es colgarse una guitarra y decir soy músico eso se siente, se vive Santiago Enrique Olivera En esta edición N° 155 de Entrevistados, Despertar Entrerriano charló con Santiago Enrique Olivera Tata, músico de prácticamente toda la vida, actual bajista de Canto Nuestro y del coro Estable. Su extensa trayectoria, fue marcada por el folclore, la música popular, el trabajo coral y una vida atravesada por el arte. Desde sus primeros recuerdos ligados al piano de su madre hasta su consolidación como bajista, Santiago repasa sus inicios, sus aprendizajes, los desafíos del oficio y una mirada profunda sobre la música como forma de vivir y de sentir el mundo. Contanos hace cuántos años que te dedicás a ser músico Bueno, me dedico a la música de toda la vida. Mi mamá era profesora de piano, era maestra de música acá, de la escuela Choveta, de la Rivadavia, te estoy hablando de hace muchísimos años. Yo vivía en el frigorífico de Yuquerí y en esa época mi mamá tocaba el piano, compraba partituras en la antigua Casa. Me acuerdo perfecto. Ella las llevaba a casa, tocaba el piano y nosotros, con mis hermanos, cantábamos. ¿Cuáles son tus primeros recuerdos vinculados a la música? Tendría tres o cuatro años y me regalaron una armónica. Todo el tiempo con la armónica. Después empecé a estudiar piano con una profesora excelente, Sara. Venían profesores de Buenos Aires a tomar exámenes. Y tengo una anécdota de esa época: mi papá me decía cuando me veas por la ventana, pedí para salir, pero la profesora me decía no mires para afuera. Me lo decía una vez, dos veces, hasta que aprendí. Era otra época. No pasó nada malo, pero aprendí disciplina, respeto. Después, en el año 66, nos vinimos a Concordia y ahí seguí tocando. ¿Cómo siguió ese recorrido ya en Concordia? Yo ya tocaba antes, en la escuela. Después me regalaron una melódica, una guitarra, y con Sergio Pessoa, el Mono, querido amigo que ya no está en esta dimensión, armamos un grupo. Después hicimos un dúo que tocábamos en todos lados. Era instrumental, hacíamos temas de hombre y mujer, de todo. Más adelante aparece el Flaco Leal, que tocaba la batería, y estaba armando un grupo con Eduardo Sarli. Un día llevan los equipos a la casa de mi abuela, ponemos micrófonos, tocamos y sonaba muy bien. Y un día el Flaco viene y me dice: Santiago, los muchachos quieren que vengas porque le gusta cómo hacés el bajo con la guitarra. ¿Ahí aparece el bajo? Sí, totalmente de casualidad. Voy a lo de Eduardo Sarli. Abre la puerta y dice: Muchachos, acá les presento al bajista. Yo lo miro y les digo la verdad: Disculpen, yo no sé tocar el bajo, no tengo idea. Y me dicen: No importa. Así empecé. Iba a ensayar, volvía a casa y me sentaba en el piano a entender: escala mayor, escala menor, séptima, novena. Así fui armándome en el bajo. Santiago agrega: Después tomé cursos, estudié armonía con Eduardo Gómez, algo de escritura musical. Aprendí muchísimo también tocando con Enrique Montecasero en el coro estable, donde además conocí a mi actual esposa. Fueron comienzos muy variados y muy ricos. ¿Cómo ves la evolución de la profesión de músico? Es difícil decirlo. Porque hay música y música. Músico se siente, se vive. No es colgarse una guitarra y decir soy músico. Ha evolucionado mucho la parte técnica. Hoy tenés todo en internet. A comparación de antes que no. Para sacar un tema tenías que escucharlo en la radio y esperar que lo pasen de nuevo. A veces no era la segunda ni la tercera vez. Si no, tenías que comprar el disco. Hoy grabás en tu casa. Yo grabé en cinta, con grabadores enormes. Hoy con una computadora hacés todo. Es impresionante la diferencia. Agregó: muchas cosas las fui descubriendo solo y después vi que estaban en la red. Antes no. Antes el primer bajo que me prestaron era terrible, apretabas un do y podía salir cualquier cosa. Hoy apretás un do y es un do. Eso es maravilloso. Hoy grabás en tu casa, mezclás, editás. Antes necesitabas estudios, cintas, equipos enormes. ¿Cómo es un día tuyo como músico? ¿Tenés rutinas o rituales? Sí. Primero, siempre tener el instrumento en perfecto estado. Hay que quererlo al instrumento, tratarlo bien para que te responda. Yo siempre digo que si mirás con un microscopio, no hay nada sólido, son átomos dando vueltas. Si lo tratás bien, te responde. Siempre tocar antes, estudiar el tema Continuó: Hoy tenés YouTube, buscás versiones, escuchás distintas interpretaciones, pero siempre respetando lo que pide el director o el grupo. Yo descanso, trato de estar tranquilo ese día. Capaz es locura mía, pero me lo tomo muy en serio. Porque la música no es algo que hacés un rato: sos músico siempre. Vas caminando y estás pensando arreglos, sonidos. ¿Qué otros instrumentos tocás? Principalmente el bajo. Tengo varios: de cuatro cuerdas, seis cuerdas, fretless, eléctricos. También piano, guitarra, flauta dulce, soprano y contralto, flauta traversa, armónicas cromáticas. Como digo yo, rasco un poco de todo, pero soy bajista. ¿Cuál fue tu mayor desafío como músico? Todo es un desafío. Tocar con un coro, por ejemplo. Tenés que tener afinación casi perfecta, controlar el volumen. Eduardo Gómez, un gran amigo y mentor me decía que hay dos formas: acompañar al coro o tocar con el coro. Y tocar con el coro es trabajar con la línea melódica, dialogar con ellos. Eso es un desafío enorme. También el jazz, tocar con Alfonso, con Martín. Cada grupo te exige algo distinto. ¿Y una experiencia gratificante que te haya dejado la música? Todo. Absolutamente todo. Incluso en momentos muy difíciles de la vida. A veces estás pasando situaciones durísimas y tenés que salir a tocar. La gente no tiene por qué saber lo que te pasa. Vos tenés que dar otra cosa. Es difícil, muy difícil, pero te enfocás en el momento. Vivir el momento. ¿Qué consejo le darías a alguien que quiere ser músico? Que le guste de verdad. Que vea qué instrumento le nace. No sé dar consejos. Creo que es algo innato. Vos nacés músico. Después estudiás, trabajás, pero si no lo sentís, no va. Para cerrar, ¿volverías a elegir este camino? La vida me llevó a esto. Yo trabajé en oficinas, salía de tocar, me bañaba y esperaba el colectivo muerto de sueño para ir a trabajar. Pero sí, lo volvería a elegir. El arte me atraviesa todo: la música, la pintura, la fotografía, el cine. Todo lo termino llevando a la música. Si volviera a nacer, volvería a elegir esto. Te invitamos a ver lo más destacado de la entrevista a través de los reels en redes sociales, buscános como @Despertarentrerriano.

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