22/01/2026 14:00
22/01/2026 14:00
22/01/2026 13:59
22/01/2026 13:59
22/01/2026 13:59
22/01/2026 13:59
22/01/2026 13:59
22/01/2026 13:59
22/01/2026 13:59
22/01/2026 13:58
Concordia » Hora Digital
Fecha: 22/01/2026 10:35
Según explican distintos organismos dedicados al estudio del descanso, uno de los factores centrales es el ritmo circadiano, el reloj interno que regula funciones clave del organismo a lo largo de un ciclo de 24 horas. Este sistema influye sobre la vigilia, la temperatura corporal, el metabolismo y la liberación hormonal, marcando momentos del día más propensos al descanso. El reloj biológico y la baja natural de energía Durante la tarde, el ritmo circadiano genera una disminución progresiva de las señales que sostienen el estado de alerta. En paralelo, baja la liberación de hormonas asociadas a la atención y la energía, lo que favorece la aparición de la somnolencia, incluso en personas que durmieron bien la noche anterior. A este proceso se suma el impacto directo de la digestión. Tras una comida, el organismo prioriza el trabajo del sistema digestivo y aumenta el flujo sanguíneo hacia el intestino delgado. Este cambio puede reducir de forma transitoria el riego al cerebro, generando una sensación de cansancio o pesadez mental. Qué comemos y cuánto: un factor clave No solo importa el hecho de comer, sino también qué alimentos y en qué cantidad se consumen. Estudios experimentales realizados inicialmente en modelos animales observaron que comidas abundantes y con determinados nutrientes pueden actuar como disparadores del sueño postprandial. Si bien estos resultados no se trasladan de forma directa a humanos, investigaciones clínicas sí detectaron patrones similares vinculados a la alimentación. En particular, los carbohidratos simples y los alimentos de alto índice glucémico tienen mayor probabilidad de generar somnolencia. Dulces, jugos azucarados, pan blanco, arroz refinado o pastas provocan subas rápidas de glucosa en sangre, seguidas de descensos bruscos que se traducen en fatiga y falta de concentración. Nutrientes y equilibrio energético Algunos alimentos aportan nutrientes esenciales como vitaminas del complejo B, magnesio y hierro que son clave para el buen funcionamiento muscular y cerebral. El problema no está en estos nutrientes en sí, sino en los excesos y en la falta de equilibrio general de la comida. En jornadas largas o de alta exigencia mental, moderar las porciones y priorizar combinaciones más balanceadas puede ayudar a sostener la energía y reducir el impacto del cansancio después de comer.
Ver noticia original