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  • Un siglo del Plus Ultra, el avión que unió Europa y América: la hazaña tras el rastro de Colón y un arreglo en pleno vuelo sobre el Atlántico

    » Clarin

    Fecha: 22/01/2026 08:08

    La sartén es inglesa y el aceite es italiano, pero los huevos son españoles, se jactaba una publicación de la colectividad en Buenos Aires tras el arribo del Plus Ultra a aguas porteñas a comienzos de febrero de 1926. Había partido el 22 de enero desde Palos de la Frontera, Andalucía, y tras diecinueve días y más de 10 mil kilómetros se convirtió en la primera expedición en cruzar el Atlántico sur en un solo avión. Un siglo después, la hazaña sigue siendo recordada como la del Colón de los aires. Desde Palos de la Frontera rumbo al Nuevo Mundo: más de cuatro siglos después, Ramón Franco, piloto de la Aeronáutica Militar de España, buscaba alcanzar una hazaña similar a la de Cristóbal Colón. Entre el deseo y su concreción había un mar de distancia. Apenas cuatro años antes dos aviadores portugueses habían logrado cruzar el Atlántico sur, pero cambiando dos veces de nave. Ramón Franco quería ir más allá. Nacido en Ferrol, Galicia, en 1896, hijo de un capitán de la Armada española. En 1914 fue destinado a Marruecos, entonces protectorado español. Años más tarde, Clarín lo retrataría así: "Ilustrado e inquieto, ganó condecoraciones en las ásperas contiendas africanas. Fue profesor de árabe, y atraído por la aviación obtuvo su pase de la infantería a la novísima arma, en la que se destacó rápidamente". Por sus méritos en la guerra del Rif recibió la Medalla Militar y la jefatura de la Base de Hidroaviones de Marruecos. Desde allí, en 1924, comenzó a soñar con un raid aéreo de resonancia mundial. No resultó fácil obtener apoyo, porque el proyecto era considerado locura. Nadie lo había intentado, y las máquinas disponibles no eran del todo confiables. Pero Franco insistió y consiguió finalmente la aprobación del propio rey Alfonso XIII y del jefe de Gobierno, Miguel Primo de Rivera. Por lo demás, la aventura ofrecía positivo interés al prestigio de España. La Argentina era la hija predilecta, y a juicio de Primo de Rivera se justificaba cualquier esfuerzo, escribiría Clarín al reconstruir la gestación de la hazaña. La pulseada aérea entre España e Italia por el vuelo a Buenos Aires España buscaba dejar atrás su imagen de país atrasado en Europa y reafirmar su presencia en América Latina, donde perdía influencia política ante potencias como Estados Unidos y cultural frente a colectividades como la italiana, muy presente en la Argentina. Además, el 3 de noviembre de 1925, el diputado y militar condecorado italiano Eugenio Casagrande intentó adelantarse a los planes españoles y partió desde Sesto Calende, en Lombardía, rumbo a Buenos Aires a bordo del hidroavión Alcione (un SIAI Marchetti S.55 con dos motores de 500 caballos) para promocionar la industria italiana en nuestro país. Por esas fechas Primo de Rivera y Franco se decantaron, en cambio, por un Dornier DO J Waj, un hidroavión de ingeniería alemana, que, sin embargo, fue construido en Pisa, Italia, debido a las restricciones impuestas a Alemania en el Tratado de Versalles. Llevaba dos motores de origen inglés, dos Napier Lyon de 450 caballos. Costó a la Corona 415 mil pesetas de la época, medía 17 metros de largo y 1,75 de alto, tenía una envergadura de 22 metros y estaba impulsado por dos hélices contranaturales una apuntaba hacia adelante y otra hacia atrás. Podía alcanzar una velocidad crucero de 180 km/h y transportar a cinco tripulantes, con el piloto y el copiloto en una cabina abierta, a merced de los cuatro vientos. Los preparativos del Dornier, rebautizado como Plus Ultra (lema oficial de España, significa "más allá" en latín), se ultimaron en Palos de la Frontera, desde cuyo puerto se hizo a la mar Colón hacia sin saberlo América. Los españoles se enteraron, en los últimos días de diciembre de 1925, que el Alcione ya había pasado por Génova, Barcelona, Cartagena y Gibraltar. Y que luego lo había destruido un huracán en Casablanca. Ya no había competencia. El viernes 22 de enero de 1926, a las 7.55, despegó el hidroavión Plus Ultra matrícula M-MWAL. A bordo iban Ramón Franco como piloto y comandante; el capitán de artillería Julio Ruíz de Alda, como copiloto; el cabo Pablo Rada Ustárroz, como mecánico de vuelo; y el teniente de navío Juan Manuel Durán González. Por mar los escoltaban el crucero Blas de Lezo y el destructor Alsedo. Diecinueve días sobre el océano: la travesía del Plus Ultra El avión podía volar hasta 3.000 kilómetros de un solo tirón. Al atardecer del viernes 22 de enero llegó a Las Palmas de Gran Canaria tras recorrer 1.300 kilómetros, recibido por una multitud. El martes 26 despegó hacia Puerto Praia, en Cabo Verde, adonde arribó nueve horas y 1.745 kilómetros después. En esa colonia portuguesa, Franco bajó del Plus Ultra al teniente Durán González. Nada personal: había que aligerar el peso. Por la misma razón en Las Palmas el capitán ya había dejado en tierra a Leopoldo Alonso, el único polizón que viajó contra las reglas en el avión: era periodista y fotógrafo de United Press International y luego, con los años, sería suegro de Juan Bellveser, durante años corresponsal de Clarín en Francia. Ya con Durán González apoyando desde el Alsedo, el siguiente tramo del Plus Ultra era hasta Recife, Brasil. Casi 3.000 kilómetros. No tendrían dónde cargar combustible, con el Atlántico embravecido debajo. Fortísimos vientos desviaron el avión de la ruta estipulada. Para ahorrar combustible arrojaron al mar parte del equipaje, víveres y hasta el botiquín de primeros auxilios. Incluso así, no lograron llegar a Recife. Casi 350 km al norte, el archipiélago Fernando de Noronha fue una salvación el 30 de enero. Hubo más suspenso: tras el despegue del día siguiente, se rompió la hélice posterior. Faltaban 100 km para Recife. El mecánico Rada Ustárroz fue héroe y la reparó en pleno vuelo. Una vez allí, el Plus Ultra recibió reparaciones y su tripulación pudo descansar. El jueves 4 de febrero el avión llegó a Río de Janeiro, tras 12 horas y 45 minutos. Los cariocas lo recibieron tirándoles flores a los tripulantes desde los balcones de las avenidas Rio Branco y Beira Mar. Tras una escala en Montevideo, Franco, Ruiz de Alda y Rada Ustárroz cruzaron el Río de la Plata y amerizaron en la costa de la ciudad de Buenos Aires. El sacrificado Durán González llegó en el destructor. Eran las 12.28 del miércoles 10 de febrero. Una multitud los recibió en la Costanera y en la Plaza de Mayo. Ahí estaban el presidente Marcelo Torcuato de Alvear y su esposa, Regina Pacini, quienes interrumpieron sus vacaciones por el arribo del Plus Ultra. Alvear invitó a la tripulación a saludar desde el balcón de la Casa Rosada y propuso que se levantaran dos monumentos a la hazaña de los cuatro españoles: uno en la Costanera de Buenos Aires y otro en Huelva, España. Dos Ícaros a 9.500 km de distancia. Con Ramón Franco como piloto habían cruzado el Atlántico sur, un total de 10.270 kilómetros a una velocidad promedio de 172 km/h y a una altura máxima sobre el mar de 450 metros. Fueron 59 horas y 39 minutos netas de vuelo. Pero Italia insistía. En esos días, un diario de esa colectividad en Argentina recordó que el Plus Ultra había sido construido en Pisa. De ahí proviene la respuesta de la comunidad española: aquello de que, a pesar de todo, "los huevos son españoles". Un mismo vuelo, distintos destinos El Plus Ultra cumplió otra hazaña, además de la aeronáutica. En él volaron cuatro aviadores de convicciones políticas muy distintas: un republicano, un falangista, un comunista y un monárquico. Todos tuvieron finales con pátinas novelescas. Juan Manuel Durán González, al que Franco había bajado en Cabo Verde, era el monárquico del grupo. Murió en julio, cinco meses después de la llegada del Plus Ultra a Buenos Aires. Tenía 26 años y participaba de ejercicios aéreos en Barcelona. Chocó contra otra aeronave y cayó al mar. Durán González sufrió heridas fatales en el cráneo. El rey Alfonso le envió un telegrama de pésame a la familia. Julio Ruiz de Alda Miqueleiz recibió en 1926 la Medalla Aérea, máxima condecoración en tiempos de paz. En 1933, ya en tiempos de la Segunda República, fundó junto con José Antonio Primo de Rivera (hijo de Miguel, el dictador que alentó el proyecto del Plus Ultra) la Falange Española, un movimiento político ultraconservador, de corte fascista. En marzo de 1936, el gobierno español disolvió la cúpula de Falange y detuvo a Ruiz de Alda en su despacho. Lo trasladaron a la Cárcel Modelo de Madrid. El 22 de agosto, milicianos anarquistas invadieron la prisión y lo asesinaron. Un mes antes había iniciado la Guerra Civil y Ruiz de Alda había rechazado colaborar con la República. El periplo de Pablo Rada Ustárroz fue diferente. Respecto del Plus Ultra, tuvo un rol preponderante: reparó desperfectos en pleno vuelo, a casi 200 km/h, trepando por un ala y extinguiendo un inicio de incendio con sus propias ropas. ¿Heridas? ¡No, hombre! Son condecoraciones, respondió a las preguntas por las marcas que la travesía había dejado en su piel. En Buenos Aires, donde fue el más aclamado, le dislocaron un hombro producto de los abrazos de la multitud. En España, el rey le dio una medalla de oro en agradecimiento. Él no era militar de carrera. Antes de ingresar como mecánico ajustador en el XI Regimiento de Artillería Ligera, había trabajado en una fábrica azucarera en Navarra. Allí se había hecho militante comunista, por lo que fue detenido varias veces. Fue una influencia para Ramón Franco, su amigo y padrino de matrimonio. Ambos participaron, en diciembre de 1930, en la conspiración republicana conocida como Sublevación de Cuatro Vientos. Tuvieron que escapar a Portugal, desde donde Rada Ustárroz realizó misiones en favor de la República. Cuando la Guerra Civil terminó, a finales de los 30, se instaló en Venezuela. En 1969, con un cáncer terminal, solicitó permiso para poder morir en España. Se lo concedieron. Murió ese mismo año en el Sanatorio de la Marina, como uno de los héroes del Plus Ultra. El otro Franco, el republicano que se pasó de bando y murió en su ley Quien le concedió ese último pedido a Rada Ustárroz, como máxima autoridad de España, fue Francisco Franco, generalísimo y dictador. Su hermano había sido el comandante del Plus Ultra. Ramón era conocido como el republicano de los Franco y se diferenciaba de su hermano: era despreocupado, alegre y rebelde. El año 1926 fue importante para ambos. Según Paul Preston, biógrafo de Francisco Franco, "el día en que se anunció el ascenso de éste a general, su éxito fue eclipsado por la espectacular cobertura que la prensa española le dio a su hermano Ramón". El menor de los Franco fue crítico de Primo de Rivera y de la monarquía. Sus declaraciones lo llevaron a la cárcel. En 1929 intentó otro raid transatlántico, pero quedó varado en los Azores y lo rescató una patrulla inglesa. Después, en el frustrado levantamiento en el aeródromo de Cuatro Vientos, con Rada como copiloto, fue en vuelo rasante hasta el Palacio Real. El objetivo era bombardearlo. Los proyectiles nunca cayeron. Franco aseguró que desistió de hacerlo cuando vio nenes jugando en las inmediaciones. Se exilió en Lisboa y París. Con la proclamación de la Segunda República, en 1931, regresó a España y fue designado director general de la Aeronáutica Militar, pero pidió la baja para dedicarse a la política. Paco por ambición sería capaz de asesinar a nuestra madre y por presunción mataría a nuestro padre, supo decir sobre su hermano mayor. El 18 de julio de 1936 estaba como embajador en Washington cuando Francisco Franco encabezó la sublevación nacionalista contra la República y pronto se convirtió en su líder. Ramón dio un salto político. Se pasó del lado sublevado. Lo nombraron comandante de la base de Pollensa, en Mallorca. El 28 de octubre de 1938 amaneció con mal tiempo. Pero Ramón decidió volar igual. Cargó su hidroavión con una tonelada de bombas que tiraría sobre Barcelona (donde estaban desplegadas las Brigadas Internacionales). En medio del vuelo, sin embargo, se internó en una tormenta, perdió el control y se hundió en el Mediterráneo. Exilio, tragedia y asesinato marcaron a los tripulantes del Plus Ultra. Buscaban una hazaña un poco mayor: luego de llegar a Buenos Aires, querían volver volando a España. Pero cuando estaban en Montevideo y mediante telégrafo, el rey Alfonso hizo saber al capitán: "Comandante Franco: la hazaña está cumplida. Ordeno que el Plus Ultra quede en Argentina y que vosotros regreséis en barco". Desde entonces, el avión es el único sobreviviente de la hazaña y está exhibido en el Museo Udaondo, de Luján. Su gesta paralizó a dos países y hasta maravilló a Gardel, que le dedicó un tango: "Salió el Plus Ultra con raudo vuelo/mirando al cielo, rumbo a la ciudad del Plata/El orbe entero se ha estremecido/y el entusiasmo en todas partes se desata/Desde Palos, el águila vuela/y a Colón con su gran carabela/Nos recuerda, con tal emoción/la hazaña que agita todo el corazón/Franco y Durán, Ruiz de Alda los geniales/los tres con Rada son inmortales. Sobre la firma Newsletter Clarín

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