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  • La longevidad entra en agenda: el camino que abren las provincias

    » Clarin

    Fecha: 21/01/2026 11:42

    La Argentina expulsa talento en silencio. No se trata de un fenómeno abrupto ni visible. Se trata de un proceso progresivo que desplaza del mercado laboral a personas plenamente activas, formadas y con experiencia acumulada. Allí señalaba que vivimos más y sabemos más, pero trabajamos menos años de los que podríamos. Que a los 45 empezamos a ser caros, a los 50 difíciles y a los 55, directamente invisibles. No era una denuncia ni una provocación: era una constatación. Hoy empieza a aparecer algo distinto. No de golpe. No todo junto. Por partes, como suelen avanzar las reformas estructurales en países complejos. Primero lo urgente; después, lo fino. En ese recorrido, Mendoza acaba de encender una señal. Mientras el Gobierno nacional impulsa una reforma laboral orientada a ordenar reglas, reducir incertidumbre y destrabar rigideces históricas, una provincia decidió agregar una capa más a la conversación: qué hacemos con la longevidad. No es un gesto aislado. Es un complemento necesario. El proyecto de ley de Mendoza presentado en el 2025 en su Legislatura local parte de un diagnóstico que el sector privado ya conoce, pero que al sector público le cuesta procesar: la pirámide demográfica cambió. Tenemos más personas de 50 años en plenitud productiva, que marcos normativos que las acompañen. ¿En qué consiste el enfoque mendocino? En algo tan simple como infrecuente: dejar de tratar a la edad como un problema y empezar a gestionarla como una variable de competitividad. La iniciativa propone instrumentos concretos para la generación silver: incentivos para la contratación senior, esquemas de transición entre empleo y jubilación, y modalidades adaptadas a trayectorias largas. No se trata de forzar permanencias ni de postergar derechos. Se trata de crear puentes donde hoy hay cortes abruptos. A nivel nacional, la discusión avanza sobre lo más difícil: reducir la litigiosidad y generar previsibilidad para el empleo formal. Es lógico. Sin reglas claras, no hay incentivos. Y sin incentivos, no hay inclusión posible. En ese mapa, la política diferenciada para los +50 todavía no es explícita. No por falta de relevancia, sino porque toda reforma tiene sus capas. Mendoza ya está trabajando sobre la siguiente etapa. No discute lo que la Nación intenta resolver; agrega lo que viene después. Cómo sostener la productividad en un país que envejece rápido. Cómo evitar que décadas de experiencia se evaporen justo cuando más falta hacen. Cómo diseñar trayectorias que sean, a la vez, más largas y más flexibles. Hay una secuencia clara en este tipo de transformaciones. Primero lo hacen las empresas, después algunas provincias abren el surco y, finalmente, el Estado Nacional toma nota y escala. La longevidad no entra aquí como un eslogan, sino como una adaptación sistémica a la realidad demográfica. Lo escribí antes y vale resignificar hoy: Nadie sobra. Pero ahora podemos ser más precisos. Nadie sobra cuando el sistema sabe qué hacer con cada etapa de la vida. Cuando el trabajo no termina en un número arbitrario, sino que se transforma. Cuando la experiencia deja de ser un costo y vuelve a ser un activo estratégico. La reforma nacional avanza por partes. Mendoza también. En algún punto, esos caminos se van a encontrar. Y cuando eso ocurra, la generación silver dejará de ser un problema a resolver para convertirse en una oportunidad incorporada. El futuro del trabajo no es joven ni viejo: es más largo, más inteligente e intergeneracional. Y, de a poco, Argentina empieza a pensarlo así. Sobre la firma Newsletter Clarín

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