21/01/2026 00:57
21/01/2026 00:56
21/01/2026 00:55
21/01/2026 00:55
21/01/2026 00:55
21/01/2026 00:55
21/01/2026 00:55
21/01/2026 00:55
21/01/2026 00:41
21/01/2026 00:38
» Clarin
Fecha: 20/01/2026 22:37
Messi, Riquelme y Gallardo, futbolista, presidente y entrenador, quizá las tres personalidades más influyentes de nuestro fútbol, ofrecieron -supuestas- entrevistas en las últimas semanas. Los contextos y las intenciones eran diferentes, pero el resultado fue el mismo: nos quedamos con ganas de saber qué piensan Messi, Riquelme y Gallardo de un montón de cosas. Hablaron, pero no dijeron nada. O casi nada. ¿Responsabilidad propia? Veremos. Empecemos por Messi. La propuesta era una charla relajada (que además se grabó hace meses). Y eso fue. Más para mirar con una sonrisa que para ponerle atención. Ahora bien, y lo que sigue refiere a Messi. Su voz, necesaria como capitán de la Selección, se devalúa si sólo accede a conversaciones cómplices. Y aunque no juegue en la Argentina, sus opiniones tendrían un peso transformador de la realidad local. No está obligado, claro, pero es una pena saber que mira LAM, pero no saber qué piensa de Chiqui Tapia. Y tiene derecho a pensar lo que quiera. Punto aparte. Lo de Riquelme y Gallardo es otra historia. Ambos eligieron los canales institucionales de Boca y River seguramente por la misma razón: blindaje institucional. Vale la pena detenerse en las charlas en YouTube porque descubren una lógica que asusta. Para empezar, en ninguna de las conversaciones se muestra a quien pregunta, reducidos a una voz en off, dato que describe el lugar que se le otorga al interlocutor: no existe. En el caso de Gallardo es aún más sorprendente porque no se escuchan ni siquiera las preguntas; son respuestas del entrenador de River a ¡silencios!, una originalidad de formato que, accidental o no, suprime cualquier desacuerdo. El monólogo de Riquelme duró 6 minutos y hasta este martes tenía 12.000 vistas. El de Gallardo, -vinculado a su cumpleaños 50-, se extendió por 42 minutos y alcanzó las 76.000 vistas. ¿Los millones de hinchas y socios, particularmente inquietos en las últimas temporadas, habrán tenido respuestas a todo lo que se preguntan? La comunicación directa ocurre en todo el mundo, y clubes como Real Madrid y Manchester City, por nombrar a dos, tienen enormes equipos dedicados a la generación de contenidos. Sin embargo, una observación más profunda descubre diferencias determinantes. El canal del Real Madrid es, entre otras cosas, una herramienta de marketing y expansión de marca. El del City está enfocado en la producción de notables documentales que venden a Netflix y Amazon. El modelo de clubes como usina de contenidos, sin embargo, también parece pertenecer al pasado. Hoy los deportistas administran sus propias "marcas" a través de las redes sociales. Según sondeos de ESPN, la razón del cambio es concreta, el 60% de la generación Z -es decir entre los 15 y los 25 años aproximadamente- elige seguir a figuras y no a equipos, lo que reordena el marketing deportivo. Pero ese es otro tema. Entre nosotros, las intenciones de Boca, River, Riquelme y Gallardo se advierten más prosaicas: apenas evitar las preguntas incómodas y eliminar el disenso. Riquelme, divulgador principal de la premisa "el club es de los socios", y compañero fiel de Chiqui Tapia, exhibe un manejo patrimonialista. Doy las explicaciones que quiero y cuando quiero. Impide las preguntas y la posibilidad de disputarle el terreno a sus afirmaciones. Demuestra que no hace falta una sociedad anónima ni ser propietario para actuar como dueño de un club. Convencidos que así se protegen, ambos prefieren un mensaje unidireccional, sin voces disonantes, interrupciones, ni fricción entre sus ideas y la realidad. Hablan para confirmar lo que ya creían. No se trata de comunicación, sino de un dispositivo de poder. Sin saberlo, se asoman al precipicio de la autoreferencialidad, prólogo seguro de las historias con finales tristes. Sobre la firma Newsletter Clarín
Ver noticia original