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  • Del telgopor a las conservadoras de lujo: cómo se vive la grieta de las heladeritas en las playas de la costa

    » TN

    Fecha: 20/01/2026 20:55

    La heladerita playera es el verdadero INDEC del verano. Hay dos variables infalibles para entender lo que pasa. La primera es la carcasa que grita tu clase social. La segunda es el contenido que susurra la realidad de tu billetera esta temporada. Fui desde San Clemente a Mar del Plata para indagar por qué arrastramos esos pesados bodoques en la playa y si eso tiene algún sentido. Hay una verdadera grieta trazada en la arena. Si bien en toda la costa se ven las clásicas conservadoras rígidas esos incómodos yunques azules o rojos, en las playas del Primer Cordón Costero (San Clemente, Santa Teresita, Mar de Ajó) todavía resisten las frágiles y chirriantes heladeras de telgopor. Son el símbolo de la escapada gasolera, muchas veces remendadas con cinta para que aguanten un verano más. Leé también: Caminar para vender: reglas, jerarquías y supervivencia de los vendedores de churros en la Costa Atlántica En el otro extremo del mapa y de la pirámide social, cambia el escenario. Hacia el sur, en los paradores exclusivos de Pinamar o las bajadas de Playa Grande, aparecen las conservadoras importadas, las mochilas térmicas de diseño y las heladeras tecnológicas de 12 voltios que se enchufan a las camionetas 4x4. En este sector VIP de la costa, el frío no se consigue con cubitos y sal, sino con geles refrigerantes importados y motores eléctricos. Dime qué cargas y te diré quién eres. En la base de la Pirámide Heladeril está la conservadora de telgopor, que cuesta lo mismo que un sandwich. Un escalón más arriba, la rígida nacional, cuyo valor equivale a tres kilos de asado. Pero a partir de ahí, el salto es brutal: una marca internacional aspiracional cuesta cuatro veces más y la marca de los termos de moda cuesta 10 veces más. En la frontera con el absurdo está la heladera Yeti importada, que puede costarte casi un millón de pesos. Si la carcasa marca el estatus de origen, el contenido denuncia la realidad del bolsillo. El índice heladera confirma el ajuste: el 80% del espacio lo ocupan las bebidas, relegando la comida a un segundo plano. Entre el hielo derretido conviven botellas de gaseosa, el Fernet y algún champagne para celebrar el último día. Pero el dato clave está en el agua: las familias no compran mineral, sino que rellenan botellas descartables con agua de la canilla, un síntoma claro del ajuste. En cuanto a la comida, resisten los tuppers con fiambre y, sobre todo, el sándwich de milanesa, que ya no es individual: se ven milanesas gigantes, pensadas para compartir. Leé también: Ellos salvan vidas bajo el sol: la realidad de los guardavidas de la costa argentina Hay, además, un conflicto de diseño cultural. Estas conservadoras rígidas fueron creadas bajo estándares norteamericanos, pensadas para guardar latas de 350 ml perfectamente apiladas. Pero la economía argentina se mueve al ritmo de la oferta de supermercado: acá las gaseosas son más baratas en los envases más grandes, así que es común ver botellas del tamaño de una garrafa en las heladeras playeras. Como son demasiado altas, no entran paradas ni acostadas a lo largo, lo que obliga al veraneante a acomodarlas en diagonal. Esto genera un Tetris de la pobreza, donde una sola botella anula la mitad del espacio útil, obligando a meter los sándwiches en los rincones triangulares que quedan a los costados. Sin embargo, en el fondo de todas las heladeras, sin distinción de clases, brilla la inesperada Reina de la Arena: la banana. Es el único elemento que atraviesa transversalmente toda la costa. Aporta el potasio necesario para evitar calambres después del chapuzón, llena la panza y no necesita cadena de frío rigurosa. Pero su genialidad es su ingeniería natural: posee el mejor envoltorio del mundo, una cáscara impermeable a la que no le entra la arena: esa enemiga que siempre termina masticándose en los duraznos o las uvas. La banana es la compañera leal, la fruta todoterreno que nunca falta en las heladeritas de la playa.

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