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  • El fuerte descargo de Sabrina Rojas en medio del escándalo Siciliani-Castro: Hay una no sororidad

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 20/01/2026 19:26

    Las declaraciones de Sabrina Rojas provocaron un verdadero sacudón en el ambiente, al colocar bajo la lupa la coherencia entre lo que las figuras públicas eligen compartir de su vida privada y la imagen que deciden proyectar ante cámaras y micrófonos. La actual conductora, ex pareja de Luciano Castro, fue contundente al cuestionar la selectividad con la que algunas celebridades abordan temas íntimos, especialmente en un contexto donde la atención mediática sobre las relaciones sentimentales parece no tener tregua. En el momento que vos estás sentado en un programa de radio o streaming contando que fuiste amante durante seis o siete años. Más íntimo que eso al hablar de tu vida privada. La gente ni se imagina. En el ambiente, por supuesto que lo sabemos, pero eso es anecdótico, disparó Rojas en el ciclo SQP de América TV al referirse a Griselda Siciliani. El tono directo y el contenido de sus palabras desataron un debate inmediato sobre los límites de la exposición y la autenticidad en el discurso de los famosos. La polémica, lejos de disiparse, cobró más fuerza cuando Rojas profundizó su postura en diálogo con Ángel de Brito en el canal de streaming Bondi. Allí, puso en evidencia una diferencia de trato mediático que, según su perspectiva, responde al nivel de popularidad de los protagonistas. El valor de lo que uno hace depende de la estelaridad. Luciano metió los cuernos y es pobre, ah, tal vez. A mí cuando metieron los cuernos era cornuda, ¿qué opinás que sos cornuda?. Me hicieron mierda, evocó. La frase dejó en evidencia la desigualdad en la mirada pública y mediática hacia hombres y mujeres ante situaciones similares. Rojas no se quedó en la superficie y apuntó contra el doble estándar que, según ella, domina en la farándula. Puso como ejemplo a Moria Casán, al destacar la forma en que la diva elige defender o cuestionar relaciones según simpatías personales. Tiene que ver según si estás enojada o no con el novio de Lali o si tenés favoritismos. Cada uno con sus principios, subrayó, al sugerir que la solidaridad y la ética en el medio muchas veces dependen de intereses circunstanciales. El foco de Rojas giró pronto hacia un tema que atraviesa el ambiente desde hace años: la sororidad y su aplicación práctica entre mujeres del espectáculo. Para mí, tal vez, es no tener principios, meterte todo el tiempo con tipos casados, porque ya, si bien la culpa los tienen los tipos, hay una cosa de no sororidad, que levantamos el pañuelo verde y la sororidad, pero cuando... Porque te puede pasar que te enamores alguna vez de un casado, pero cuando es todo a la vez, repetís la misma... Es porque las mujeres te chupan un huevo, sentenció, al poner en discusión la coherencia entre la militancia por la igualdad de género y ciertas conductas que observa en el medio. También aclaró que su crítica apunta a una modalidad generalizada de manejar la intimidad y el discurso público. En su relato, reconoció que es legítimo elegir cuándo abrir o cerrar las puertas de la vida privada. A mí me parece espectacular que si vos abriste las puertas de tu intimidad en algún momento, un día las quieras cerrar. O sea, porque hayas hablado, no quiere decir que lo quieras hacer siempre. Me parece espectacular que si ella en algún momento habló, hoy no lo quiere hacer y hasta me parece sano y la recontraentiendo y creo que haría lo mismo, expresó. No obstante, Rojas marcó una diferencia entre el derecho a la reserva y la negación de haber expuesto la intimidad con anterioridad. Desde el momento que vos estás mostrando un viaje con tu novio, es hablar de tu vida privada. Entonces, sí entiendo que tal vez el discurso sea: No tengo más ganas de hablar. Ya está. A que digas: Yo no hablo de mi vida privada. Sí, has hablado. Has dicho que has sido amantes seis años. O sea, eso es hablar de tu vida privada, insistió. Así, dejó claro que la selectividad en el abordaje de la intimidad puede generar tensiones y contradicciones visibles para el público. En su intervención, también aludió a la presión que sienten las figuras del espectáculo para responder sobre su vida personal, más aún cuando sus vínculos sentimentales se convierten en tema de agenda mediática: Es lógico que no quieras hablar y que elijas cuándo y por qué. Porque tampoco te tenés que sentir presionada. Pero no ningunees: Yo no hablo de mi vida privada y no ningunees: Yo no trabajo de eso, trabajo de otra cosa. Rojas resumió así el sentimiento de muchos protagonistas del medio: la necesidad de manejar con honestidad los límites entre lo que se decide compartir y lo que se prefiere mantener en privado, sin caer en negaciones que no resisten el archivo. El origen de esta nueva ola de debates mediáticos fue la confirmación, sin rodeos, de la relación entre Griselda Siciliani y Luciano Castro. Fue la propia actriz quien, en declaraciones televisivas en América, despejó dudas al afirmar: Con Luciano estamos en pareja. La noticia encendió de inmediato la atención de la prensa, que ya venía siguiendo con lupa los pasos de ambos a raíz de la filtración de mensajes de Castro con Sarah Borrell, una joven que el actor habría conocido en Madrid. La confirmación de Siciliani se produjo en un escenario de máxima exposición, con rumores, especulaciones y filtraciones que mantenían al público expectante. La actriz, sin embargo, intentó marcar un límite al subrayar: No me gusta hablar de mi intimidad ni de la intimidad de nadie. La estrategia no pasó inadvertida para colegas ni para el público. Cada gesto, cada frase y cada aparición pública se transformaron en materia de interpretación y debate, alimentando la discusión sobre los derechos y obligaciones de las figuras públicas frente a la curiosidad del público.

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