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  • De 1889. El Atlántico, el hotel de lujo que renace de sus cenizas: sobrevivió a incendios, saqueos y años de abandono

    » La Nacion

    Fecha: 20/01/2026 10:45

    El Hotel Boulevard Atlántico fue inaugurado a fines de XIX para la aristocracia, pero las crisis, los saqueos y los rumores lo convirtieron en un mito; la historia de un edificio que se niega a desaparecer - 9 minutos de lectura' En Mar del Sud, a 17 kilómetros al sur de Miramar, hay un edificio que parece detenido en el tiempo. A fines del siglo XIX, cuando la Argentina soñaba en grande, se levantó ahí un hotel pensado para la aristocracia: el Boulevard Atlántico. Nació con la misma idea que impulsó al Bristol de Mar del Plata y al Edén cordobés: convertirse en un elegido por la alta sociedad de la época que buscaba lujo y veranos interminables. Pero su esplendor no duró mucho. Con los años, Boulevard Atlántico atravesó crisis, cambios de dueños, saqueos y períodos de abandono. A su alrededor surgieron historias que nadie termina de confirmar pero que todos conocen. Hoy, mientras el hotel se reconstruye por etapas, vuelve la pregunta inevitable: ¿qué hay detrás de su mito? Fue muy emocionante sentir que el hotel volvía a vivir, dice Martin Heit antes de empezar a contar la historia del emblemático lugar. -Martín, ¿cómo nació tu vínculo con el Hotel Boulevard Atlántico? -Yo soy de Miramar pero mi señora es de Mar del Sud. Tenía -y aun tengo- un balneario y el restaurante Coco Loco en Mar del Sud. Ahí conocí al dueño del hotel, Horacio Domenicone, que venía remodelando el hotel desde hacía años, llevaba más de diez años de obra. Le presenté una idea concreta: acelerar ese proceso y devolverle vida al hotel. Desde entonces trabajamos juntos. Hoy somos socios en la obra y también amigos. -Si tuviéramos que contar la historia del hotel desde el principio, ¿cómo empieza todo? -El hotel nace en una época dorada de la Argentina. La idea original era construir un hotel para la aristocracia. Se inauguró en 1889, aunque el proyecto se empezó a gestar al menos diez años antes, hacia fines de la década de 1870. Todo el emprendimiento era un loteo y el corazón del proyecto era el hotel Boulevard Atlántico. En ese momento esto era literalmente un páramo: playa, campo y nada más. No había calles, no había asfalto, se llegaba en carreta. El hotel estaba pensado para la clase alta que buscaba tranquilidad, aislamiento y naturaleza. El lujo en esa época era muy distinto al de hoy. El hotel tenía muy pocos baños: uno cada varias habitaciones. Las familias venían por meses enteros -diciembre, enero, febrero, a veces, hasta marzo-, ocupaban alas completas del hotel y se instalaban. Llegaban en tren hasta Mar del Plata, después hasta Miramar, y desde ahí seguían viaje. -¿A quién pertenecían las tierras? -Originariamente eran de la familia Otamendi, los mismos que fundaron en la zona el colegio La Eufemia. La familia tenía cientos de hectáreas para aprovechar frente al mar tuvieron el sueño de hacer un balneario. El Banco Constructor de La Plata, cuyo presidente era Carlos Mauricio Schewitzer, comienza la construcción del Boulevard Atlántico Hotel. -Imagino que Mar del Sud surge con el hotel. -Sí. Antes en la zona había asentamientos indígenas y población rural dispersa, pero el pueblo nació alrededor del hotel. En las fotos antiguas, se ve el edificio rodeado solo de campo y playa. Boulevard Atlántico -que era el nombre original- iba a ser el gran desarrollo de la costa. Pero las cosas no salieron como planeaban. -¿Qué sucedió? -El problema fue que el tren, que era una promesa sellada de palabra, nunca llegó. Si el tren hubiera llegado acá, creo que hoy estaríamos hablando de algo parecido a Cariló o Pinamar. El proyecto quedó atravesado por la crisis: a la ausencia del tren se sumaron la debacle económica durante la presidencia de Juárez Celman y la quiebra del Banco Constructor de La Plata. El 11 de enero de 1892 Schewitzer terminó suicidándose y se cree que fue por todo esto, agrega. -¿Cómo era arquitectónicamente el hotel? -Era un edificio de estilo francés, de dos plantas. Tenía más de 70 habitaciones, muy angostas pero con techos altos y unos pocos baños. Un gran salón comedor, sala de juego, sala de cine y otras dependencias. Los materiales eran de primera: arañas enormes, pisos de pinotea, grifería de bronce, mármoles importados y la entrada con escalones de mármol de Carrara. Las paredes, de casi 40 centímetros, estaban asentadas en barro. El techo se importó de Suiza y buena parte de la estructura de madera original todavía se conserva: es una madera durísima, tan estacionada que parece hierro. Ningún carpintero supo decirnos con certeza cuál es. Además, había dos canchas de tenis. -¿Cuál fue la época de oro del hotel? -La mejor época fue entre los años 30 y 40. Después empezó el deterioro, sobre todo por el clima. El techo se vino abajo, hubo incendios, temporales el hotel pasó por muchísimo. Los mitos que rodean al Hotel -Entre los relatos que se circulan del hotel, uno lo vincula a los inmigrantes judíos que llegaron en el vapor Pampa. -Sí, es real. Llegaron al país en el vapor Pampa: eran judíos que escapaban del zarismo y que, por breve tiempo, se alojaron acá. Algunos murieron durante esa estadía por enfermedades que pudieron contagiarse en el viaje o por la precariedad de la época; según los relatos, muchos contrajeron psitacosis, una enfermedad asociada a las aves. Fueron enterrados cerca del arroyo La Tigra y dentro del predio del hotel. Cuando hicimos las cloacas y cambios de caños de agua se encontraron restos óseos. El vapor Pampa fue uno de los barcos que, a fines del siglo XIX, trajo inmigrantes a la Argentina desde Europa. Entre ellos venían familias judías que huían de la violencia antisemita y de las persecuciones del régimen zarista en Europa oriental. En ese contexto, el Boulevard Atlántico tuvo un uso inesperado: alojó durante tres meses a un grupo que llegó al país en busca de un lugar más seguro. Mientras esperaban el traslado a Entre Ríos, donde serían instalados en colonias agrícolas impulsadas por el filántropo Maurice de Hirsch. -Además de los judíos pampistas, que está documentado, también se habla de la presencia de nazis en el hotel, ¿qué hay de cierto? -Hay muchísimas teorías de nazis. A unos 600 o 700 metros del hotel se encontró una lápida nazi vinculada a fundadores del partido nazi en Argentina. Hubo presencia y vínculos, eso está documentado. -Algunos incluso hablan de tesoros nazis ocultos en el hotel. -Es una leyenda muy fuerte. Se decía que había tesoros enterrados cerca del molino o en el sótano. Nosotros hicimos muchísima obra y nunca encontramos nada de valor económico, pero sí objetos históricos: luminarias, muebles, espejos originales. En el sótano había muchas botellas, porque las bebidas se guardaban ahí por la temperatura. Actualmente solo se utiliza la mitad del sótano, la otra parte tiene hormigón para aguantar la estructura del hotel. -También hay quienes hablan de ruidos y presencias. -Es un hotel muy antiguo y con muchísima carga histórica. Han venido médiums, guías turísticos, gente que dice percibir movimientos. Nosotros hemos escuchado ruidos, puertas que se abren o se cierran solas. Siempre decimos en broma: Tranquila, Mabel, está todo en orden. El hotel tiene una energía que atrae. Entre los relatos que circulan sobre el Hotel Boulevard Atlántico aparece la figura de Mabel Dupont, una cantante francesa que habría llegado a Mar del Sud a mediados del siglo XX y fue una de las propietarias del edificio. Según estas versiones, Dupont era una artista de carácter fuerte, muy ligada a la vida nocturna y cultural del hotel y mantenía una relación estrecha con Eduardo Gamba, otro de los personajes recurrentes en la historia del lugar. Bajo su gestión, el hotel habría vivido una etapa singular, marcada por fiestas, música y una vida social intensa. Pero Dupont tuvo un trágico final: se ahorcó en una habitación del hotel y a partir de entonces, su nombre quedó asociado a relatos de presencias y ruidos inexplicables, que algunos atribuyen a su espíritu. Presente y futuro: la reapertura -¿Cuándo comienza la caída del hotel? -Tuvo varios vaivenes: hubo un incendio, temporales fuertes y en un momento incluso se vino abajo el techo. La última etapa abierta fue en los años 90: ya no funcionaba como hotel para hospedarse, pero se hacían visitas guiadas y recorridos, aunque el edificio estaba muy deteriorado. -¿Y quiénes eran los dueños en esa etapa? -Mabel Dupont, que había heredado la propiedad de su familia, antes de morir le dejó una carta a Eduardo Gamba en la que le cedía el hotel. Pero la realidad es que Gamba, más que dueño, fue durante años una especie de cuidador: un personaje que reaparece una y otra vez en la historia del Boulevard. Según el relato, en una apuesta perdió el control del edificio y lo tomó un grupo de delincuentes, que lo usó para actividades ilegales, incluso prostitución. Con el tiempo ese grupo se fue y quien lo encabezaba terminó preso y entonces Gamba recuperó el lugar. Durante años hizo visitas guiadas, aunque también fue vendiendo objetos del hotel: una lástima cómo se lo saqueó. -¿Cuál fue el rol de los vecinos del lugar? -Muchos se han quedado con cosas del hotel como la pinotea y aperturas, lo saquearon o las compraron, otros, en cambio, lo cuidaron. Hoy el Hotel Boulevard Atlántico ya no es solo un recuerdo: es una obra viva. Heit cuenta que el hotel se está recuperando por etapas, sin pausa, y que por primera vez en verano transcurre con obreros trabajando puertas adentro. Primero, hace algunos años, se volvió a abrir la planta baja con un restaurante que activó el movimiento, después se habilitó la planta alta y, este año, una ala trasera con grandes unidades de alojamiento -más parecidas a departamentos que a habitaciones-, un patio de palmeras y hay nuevos espacios en marcha, como el gimnasio y una futura pileta. Entre shows de folklore y rock y cocina artesanal se busca recuperar aquello para lo que fue creado: ser un centro de encuentro. El objetivo, dice, es llegar a hospedar a unos 80 pasajeros, mientras conviven lo restaurado y lo antiguo, un hotel que renace sin borrar su pasado.

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