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  • Por qué algunas personas viven sin sexo: qué reveló un estudio sobre soledad, desigualdad y vínculos

    » Clarin

    Fecha: 20/01/2026 06:58

    Vivir sin haber tenido relaciones sexuales a lo largo de toda la vida es una experiencia poco común y, muchas veces, atravesada por prejuicios. Un estudio internacional publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) pone el foco sobre este fenómeno y propone una mirada más compleja: la falta de sexo no responde solo al deseo, sino a una trama que combina factores sociales, emocionales y económicos. La investigación fue realizada en 2025 por equipos de la Universidad de Ámsterdam, el Max Planck Institute y el QIMR Berghofer Medical Research Institute. Analizó datos de más de 400.000 personas del Reino Unido, de entre 39 y 73 años, y 13.500 residentes de Australia, de entre 18 y 89 años. Del total, alrededor del 1% declaró no haber tenido nunca relaciones sexuales de ningún tipo. Soledad, ansiedad y bienestar emocional: el impacto de vivir sin sexo Uno de los hallazgos centrales es que las personas que nunca tuvieron sexo presentan, en promedio, un mayor nivel educativo y menor consumo de alcohol y tabaco. Sin embargo, también reportan mayores niveles de soledad, nerviosismo e infelicidad, además de una menor cantidad de vínculos cercanos. El estudio encontró asociaciones significativas con variables vinculadas a la conexión social: menos visitas a familiares y amigos, menor probabilidad de tener una relación de confianza, menos uso del teléfono celular y una sensación más frecuente de que la vida carece de sentido. En términos emocionales, la ausencia de sexo aparece fuertemente ligada al bienestar psicológico. Los resultados confirman que la vida sin sexo está estrechamente relacionada con la calidad de los vínculos y la integración social, señalan los autores. No se trata de una elección aislada, sino de un fenómeno que se inscribe en contextos sociales concretos. Diferencias entre hombres y mujeres El análisis también mostró diferencias de género. En los hombres, la vida sin sexo estuvo más fuertemente asociada a factores físicos y económicos -como la fuerza corporal, el nivel de ingresos y la posibilidad de establecer relaciones de confianza- además de variables vinculadas al bienestar y la integración social. En las mujeres, en cambio, esas mismas variables tuvieron un peso menor y más distribuido. La ausencia de relaciones sexuales no se explicó tanto por desventajas estructurales concretas, sino por factores como soledad, ansiedad y dificultades para construir vínculos íntimos sostenidos. Por otro lado, los investigadores identificaron variantes genéticas comunes que explican hasta el 17% de la variabilidad en la ausencia de sexo en hombres y el 14% en mujeres. Sin embargo, fueron enfáticos: no existen genes de la asexualidad. La genética puede predisponer, pero no define, aclaran los autores. Las influencias genéticas interactúan con el entorno social, las experiencias de vida y las condiciones económicas. Es decir, tener cierta predisposición no implica, necesariamente, vivir sin relaciones sexuales. Desigualdad económica y ecología del apareamiento Por otra parte, el estudio confirmó que la falta de sexo está ligada con el contexto socioeconómico. Esta condición fue más frecuente en regiones con mayor desigualdad de ingresos y con desequilibrios en la proporción entre hombres y mujeres. Este fenómeno se conoce como "ecología del apareamiento" y describe cómo las condiciones estructurales influyen en las posibilidades de formar vínculos afectivos y sexuales. En entornos más desiguales, las oportunidades de encuentro, intimidad y construcción de relaciones se reducen, especialmente para los hombres. En ese sentido, la falta de sexo aparece como un síntoma más de un entramado social fragmentado. Más allá del deseo Finalmente, el estudio aclara que la falta de relaciones sexuales no debe leerse como una decisión vinculada a no tener hijos. De hecho, no tener descendencia no mostró un impacto significativo en el bienestar emocional. En cambio, la ausencia de sexo sí se asoció con mayores niveles de malestar y aislamiento, lo que sugiere que la intimidad sexual cumple un rol clave en la conexión emocional y social, más allá de la reproducción. Mirá también Mirá también Newsletter Clarín

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