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» La Nacion
Fecha: 19/01/2026 18:34
La historia de amor de Valentino y Giancarlo: 66 años de una relación invencible El diseñador y el empresario se conocieron en una Roma en pleno auge de la alta costura; juntos sortearon las dificultades y llevaron a la firma a ser una leyenda de la industria - 5 minutos de lectura' Este lunes 19 de enero se confirmó la muerte de Valentino Clemente Ludovico Garavani a la edad de 93 años. El maestro de la alta costura sobrevivió a la dictadura de Benito Mussolini en su pueblo natal, Voghera, y a los 17 años sintió que su vida estaba destinada a la moda. En el marco de esta triste noticia, los focos se posaron en su único y verdadero amor, Giancarlo Giammetti, un aspirante a arquitecto que lo dejó todo por seguir las ambiciones de quien fuera su socio y pareja. Con un simple posteo en su cuenta de Instagram, el empresario lo despidió con un forever (por siempre) y una foto del diseñador en sus mejores momentos. El vínculo entre Valentino y Giancarlo nació en Roma, al poco tiempo de que el diseñador retornó de sus estudios en Francia, con el propósito de crecer en la moda en su país, una industria que parecía prometedora a finales de los 50. Los dos sortearon dificultades personales y económicas y con su capacidad erigieron un imperio de fama mundial. La historia de amor de Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti Corría el año 1959. Valentino tenía 27 años y, con el apoyo de su padre, abrió un local en la capital italiana y no en Milán, ciudad central de la Lombardía, región que lo vio nacer y donde se hallaban otros diseñadores. Su elección al principio pareció poco acertada: las deudas se acumulaban y el sueño parecía venirse a pique. El 31 de julio de 1960, mientras se perfilaba como un gran diseñador, Valentino, que destilaba energía y espíritu emprendedor, se cruzó en el camino de Giammetti. Ambos se conocieron en el Café de París, en la calle Via Veneto. Por ese entonces, el nacido en Voghera tenía 28 años y el otro 22, según describió en 2022 el medio italiano La Repubblica. Me habló de moda: yo estudiaba arquitectura por aquel entonces, así que no sabía nada del tema. Luego me preguntó si entendía francés: él acababa de regresar de siete años en París, e incluso lo usaba para pensar. Le dije que sí, pero cuando decía algo, me callaba, porque el francés que enseñaban los sacerdotes en las escuelas romanas era muy diferente del que se enseñaba en París. Un poco decepcionado, dijo: Así que no lo hablás. Y yo dije: Ya me lo imaginaba. Entonces me dijo que, a partir de entonces, solo hablaríamos francés para que yo pudiera aprenderlo. Lo seguimos haciendo durante todo este tiempo, recordó Giammetti del día que conoció a Valentino en ese café de estilo parisino hacía ya 62 años. Tras los problemas que tuvo Valentino en el inicio de su negocio, su nuevo amigo lo ayudó con la parte operativa y comercial. Ambos conjugaron bastante bien, porque en poco tiempo la firma se volvió una de las más famosas de Italia y de toda Europa. Con el aporte de Giammetti, Valentino se dedicó a la confección de los vestidos. Quería trabajar en paz y así lo hizo, lo que le permitió enfocarse en sus dos primeros desfiles en Roma y, más tarde, en 1962, mudaron su local a Via Condotti, donde celebraron en el Palacio Pitti de Florencia un desfile inaugural. La relación de los dos empezó como una amistad y rápidamente pasó a ser algo más serio, aunque por ese entonces tuvieron que mantener su vínculo sentimental en secreto. El contexto de aquella época no permitía una muestra de afecto pública y temían que eso afectara su trabajo. En diálogo con la revista Vanity Fair en 2004, Valentino habló de su noviazgo con el diseñador, el cual duró 12 años, hasta que se desgastó el romance. Giancarlo y yo nos entendemos perfectamente, pero su carácter es totalmente contrapuesto al mío. Yo estoy siempre metido en el estudio, dijo el modisto en esa misma entrevista. A pesar de que el noviazgo se había esfumado, mantuvieron de forma cariñosa su lazo de amistad y de negocios. Nunca se separaron: cada uno se conocía a la perfección y respetaba el espacio del otro en cada momento. Incluso tenían gustos en común por fuera de la moda, como el arte. Sabían apreciarla en conjunto. En 2008, Valentino se retiró de la industria como diseñador, pero dejó en funciones la firma que lleva su nombre y la fundación que abrió de la mano de su amigo y socio. Su relación fue fuerte y marcó una era de la moda que traspasó cualquier desfile o revista. En el estreno del documental en honor al modisto, El emperador, se desnudó la intimidad de los dos y eso contribuyó a la sociedad, como ya lo dijo el empresario a La Repubblica: Es la historia de un gran afecto, desarrollado a lo largo de los años, entre dos personas que serían capaces de matar el uno por el otro. Muchos nos escribieron que, gracias a esa película, pudieron decirles a sus padres que aman a alguien del mismo sexo. Nos alegra. La muerte de Valentino Garavani fue vista por muchos como el fin en el mundo de la etapa de los gigantes de la alta costura, que llevaron a Italia a ser un referente indiscutido, pero Giancarlo Giammetti perdió mucho más que eso.
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