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  • Milei juega a la geopolítica del sometimiento y expone a la Argentina a un conflicto que no es propio - Confirmado

    Paraná » Confirmado.ar

    Fecha: 19/01/2026 13:26

    En una decisión unilateral, cargada de gestualidad ideológica y alineamiento automático, el gobierno de Javier Milei volvió a colocar a la Argentina en el centro de un conflicto internacional ajeno, sin debate interno, sin consenso político y con consecuencias imprevisibles para la soberanía y la seguridad nacional. - Por AF La declaración de la Fuerza Quds como organización terrorista no puede leerse como un simple acto administrativo ni como una política seria de lucha contra el terrorismo. Es, ante todo, una maniobra política de alto impacto simbólico, diseñada para satisfacer intereses externos y reforzar el perfil de obediencia internacional que Milei exhibe desde que asumió la Presidencia. Lejos de fortalecer la posición argentina en el mundo, la decisión profundiza su fragilidad diplomática. Irán ya advirtió que habrá respuesta, y la Casa Rosada parece no medir o directamente despreciar las consecuencias de provocar a una potencia regional sin capacidad real de respaldo estratégico propio. La Argentina no gana nada con este gesto, pero sí arriesga mucho. Política exterior por Twitter y obediencia sin estrategia La política exterior del gobierno libertario se mueve al ritmo de consignas ideológicas, no de intereses nacionales. Milei gobierna la diplomacia como si fuera un foro de redes sociales: sobreactuación, alineamientos automáticos y desprecio absoluto por la tradición histórica de no intervención y equilibrio que caracterizó, con matices, a la Argentina durante décadas. La decisión fue celebrada de inmediato por el gobierno de Israel, casi como una validación externa de una medida que no pasó por el Congreso, no fue debatida públicamente y no respondió a una estrategia integral de seguridad. No es casual: Milei ha convertido el alineamiento incondicional con Estados Unidos e Israel en un dogma, incluso cuando ese alineamiento implica exponer al país a tensiones diplomáticas, económicas y de seguridad. Mientras tanto, la Argentina atraviesa una crisis social profunda, con pobreza creciente, salarios pulverizados y un Estado reducido a su mínima expresión. Pero el Presidente prefiere jugar a la geopolítica global antes que resolver los problemas urgentes de millones de argentinos. El uso político de la memoria y el oportunismo discursivo El gobierno vuelve a invocar los atentados de los años noventa como justificación moral de una decisión tomada tres décadas después, sin avances reales en el esclarecimiento judicial y sin que el propio Estado argentino haya logrado justicia para las víctimas. La memoria es utilizada como escudo retórico, no como compromiso genuino. Resulta llamativo que quienes hoy se muestran implacables en el discurso internacional sean los mismos que ajustan presupuestos, desfinancian políticas públicas y relativizan derechos humanos en el plano interno. El combate al terrorismo parece servir más como herramienta discursiva que como política coherente. Un país debilitado no debería buscar enemigos externos La advertencia iraní no es un detalle menor. Argentina no tiene hoy capacidad diplomática, económica ni estratégica para sostener conflictos internacionales de alta complejidad. El gobierno, sin embargo, actúa como si el país fuera una potencia global, cuando en realidad enfrenta una de las peores crisis sociales de su historia reciente. Milei no fortalece a la Argentina: la expone. No construye soberanía: la subordina. No diseña política exterior: la terceriza ideológicamente. Cada gesto de alineamiento extremo aleja al país de una posición autónoma y lo convierte en pieza menor de disputas ajenas. Esta decisión sintetiza el modelo de gobierno libertario: gestos grandilocuentes hacia el exterior, silencio frente al sufrimiento interno. Un Presidente obsesionado con ser aplaudido en foros internacionales mientras el tejido social argentino se desgarra. La política exterior no debería ser un acto de fe ni una provocación permanente. Debería ser una herramienta al servicio del interés nacional. Hoy, bajo el mando de Javier Milei, se ha convertido en otra demostración de improvisación, ideología extrema y desprecio por las consecuencias. La Argentina no necesita enemigos nuevos. Necesita un gobierno que gobierne. - Periodista de investigación

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