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Paraná » 9digital
Fecha: 19/01/2026 11:33
Como el cormorán Si dejáramos el auto sin marcha, si bajáramos a oler el pasto recientemente aplastado por nuestras huellas escucharíamos cómo se abren las ranas al canto. Entre el agua que no se apura por correr nunca, sentiríamos el aire compacto como ladrillo a nuestros lados. Los dientes afilados de los alambres puestos por un hombre que quiso encerrar el viento chillarían para que miráramos sus encías de acero. Hay cuises que se mueven entre nuestros pensamientos. Pequeños ratoncitos que cruzan con sus ojos quietos como legumbres. Me gusta lo que veo cuando la velocidad descompone la imagen, el borroneo de nosotros mismos sobre las cosas. Hace unos días en un documental de aves vi cómo tragaba peces enteros el comorán, movía el gañote como si serrucharra con su esófago. Una tala interna de un bosque hecho de espinas. Andamos arriando a una madre, el ciclo de la vida en tres gajos de hijos que van y vienen. Tengo frente a mí a dos mujeres que miro como si fuesen las dos únicas estrellas en el cielo. Mi hermana enseña a respirar a mi madre. Ella aletea las venas que parecen subirle como dedos de un lagarto sobre el cuello. Los pájaros andan siempre cerca de su cuerpo. Los vuelos vienen con mi hermana. Hay brisa en la noche, una puerta se abre siempre como arrancada de la soledad por algo que no vemos. Los cuides como piedras que caen de una montaña que los suelta. Los hijos como mercurio que vuelve a juntarse. Las espinas se incrustan cuando hablamos de las cosas. Las escamas se apoyan en los hombros como charreteras. Soldaditos disparados en la ruta de cemento como si se tratara del canal de parto. Vamos, venimos. Nacemos de nuevo como los peces que pasan vivos en una garganta de pájaro.
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