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» La Nacion
Fecha: 19/01/2026 10:33
Los detalles de la única ocasión en que se hizo fuera de Suiza En 2002, el Foro Económico Mundial rompió una tradición alpina de 30 años y trasladó su encuentro anual a Manhattan como gesto de solidaridad con Estados Unidos y la ciudad, tras el atentado terrorista ocurrido cuatro meses antes - 3 minutos de lectura' En un contexto excepcional marcado por los atentados del 11 de septiembre de 2001 (11-S), el Foro Económico Mundial realizó por única vez su reunión anual fuera de Suiza. El encuentro se desarrolló entre el 31 de enero y el 4 de febrero en el hotel Waldorf Astoria de Manhattan y congregó a líderes políticos, empresarios y académicos de todo el mundo, con una agenda atravesada por la reconfiguración del escenario internacional y los primeros signos de desaceleración económica global. La edición de Nueva York se convirtió en un antecedente clave para entender cómo los grandes foros internacionales reaccionan frente a crisis de alcance mundial. A diferencia del tono habitual de Davos, centrado en diagnósticos económicos y financieros, el encuentro adoptó un registro más político y simbólico, sintetizado en el lema El liderazgo en tiempos de fragilidad: una visión para un futuro común, que reflejaba el clima de conmoción todavía presente tras el atentado. El traslado del Foro expresó un respaldo explícito a Estados Unidos y redefinió, de manera excepcional, las prioridades del debate. En contraste con la lógica multipolar de Davos, la edición de 2002 colocó al país norteamericano como eje casi excluyente de las discusiones, con especial atención a su papel en la seguridad internacional, la estabilidad democrática, la política exterior y la conducción de una eventual recuperación económica. Si bien participaron CEOs de grandes compañías, el peso del encuentro recayó en dirigentes políticos, académicos y referentes de organismos internacionales. Más que una cumbre de negocios, Davos en Nueva York funcionó como un espacio de reflexión estratégica sobre el orden mundial que emergía tras el ataque terrorista, un debate que, casi veinticinco años después, conserva vigencia en un escenario internacional nuevamente atravesado por conflictos y tensiones geopolíticas. Aunque ya no era alcalde el cargo lo ocupaba Michael Bloomberg, la presencia de Rudolph Giuliani reforzó el tono simbólico del Foro. Invitado como figura emblemática del 11-S tras haber dejado el cargo apenas un mes antes, encarnó el liderazgo en situaciones de crisis que ese Davos en Manhattan buscaba exaltar, en un mensaje que presentó a Nueva York como el ámbito más apropiado, valiente y optimista y como señal de que la ciudad volvió a los negocios y seguía siendo un polo para los líderes globales. Ese capital simbólico se apoyaba en la narrativa que el exalcalde había construido en los años noventa, resumida en consignas como la libertad se basa en la autoridad y volvimos a ser una ciudad donde el Estado de derecho importaba, con las que defendía su política de tolerancia cero. Años más tarde se convirtió en el abogado personal de Donald Trump y en 2020 fue una de las figuras centrales del intento por desconocer el resultado electoral, lo que derivó en sanciones, derrotas judiciales y un marcado deterioro de su imagen, alejándolo de los espacios de gobernanza internacional. La experiencia de Nueva York fue única. En 2003, el Foro regresó a Davos, retomando su formato tradicional. La edición 2002 quedó en la historia como una excepción que marcó un punto de inflexión: mostró que el Foro podía adaptarse a crisis globales y, al mismo tiempo, evidenció los límites de trasladar el espíritu Davos fuera de su enclave habitual.
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