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  • Sentirse mal se asocia a estar trastornado: depresión y estigma, desde la mirada de una filósofa

    » Clarin

    Fecha: 19/01/2026 06:48

    Pregunta: ¿Pueden hablar de la depresión en adultos? Creo que muchas veces da vergüenza decir que estamos deprimidos. Muchas gracias. Muchos fueron los comentarios que llegaron a nuestro canal de Preguntas a Buena Vida, a raíz de la nota sobre el Día de la lucha contra la Depresión, publicada la semana pasada. El denominado Blue Monday -que sin base científica dice que hoy, tercer lunes de enero, es el día más triste del año-, vuelve a poner el tema en agenda. En este contexto, el flamante libro de la filósofa Renata Prati, Esta es tu pena: qué nos diría la depresión si nos animáramos a escucharla (Siglo veintiuno editores); profundiza, entre otras cuestiones, la perspectiva planteada por el lector: muchas veces, da vergüenza contar que se padece un malestar anímico, y a nivel social puede ser escasa la disponibilidad para alojar la complejidad del universo psíquico de algún miembro del entorno. Y eso puede redundar en un apuro por sacarse de encima ese malestar, en lugar de intentar comprender por qué llega y qué trata de manifestar. En un recorrido por la historia y aplicación contemporánea de esta categoría, Prati invita desde las herramientas de la Filosofía a adoptar una perspectiva amplia que trascienda el plano individual e incorpore las interacciones con el contexto vincular y social. En el libro problematizas la categoría de depresión que comúnmente se usa. ¿Qué te interesa señalar en este sentido? Más que criticar o cuestionar, que son palabras confrontativas, me parece importante problematizar como señalas ,ya que es un libro que busca que se amplíe la discusión. Y me parece importante decir que es una categoría que estamos usando cada vez más sin darnos cuenta, o sin tener tan claro, para qué la estamos usando. Hay un esfuerzo en el libro por rastrear la historia, analizar cómo se va conformando y difundiendo esta categoría, para que podamos tener más conciencia de qué trae consigo. Porque las palabras que usamos traen supuestos y connotaciones. ¿Qué nos aportaría el hecho de tomar consciencia del sentido que le damos al término? Tener consciencia de esto nos puede permitir tener un vínculo un poco más consciente y también más amable, más comprensivo, menos polarizado de esta categoría, que aborda temas que son muy sensibles. Las categorías de enfermedad, estos lenguajes psiquiátricos, psicológicos, implican también formas de hacer cosas. Si yo me diagnostico con alguna enfermedad física es porque quiero acceder a un tratamiento, y a todos los beneficios que brinda la posibilidad de investigar lo que una enfermedad me puede producir. Pero, en la forma en la que se usa en nuestra vida cotidiana, en la escena pública y en el ámbito social; hay un intento de que las categorías diagnósticas referidas a los trastornos y malestares psiquiátricos nos sirvan para validar lo que estamos sintiendo. Y poder tomar conciencia de cómo, para qué y por qué los estamos usando, nos puede servir para concientizar que es probable que no los necesitamos para eso, podemos pedirnos ayuda entre nosotros también, confiar en que el otro se está sintiendo mal sin pedirle que me presente una nota del médico para creerle. Es, entonces, tomar conciencia de las distintas funciones sociales que tienen los diagnósticos y por ahí no pedirle a estas categorías que nos ayuden a mediar en la vida social o en nuestros vínculos personales. Pasa que mientras la ansiedad y depresión son dos categorías que crecen, hay mucho subdiagnóstico, y las campañas buscan concientizar para que se llegue rápidamente al diagnóstico y así al tratamiento... ¿Cómo se posiciona tu planteo en relación a esto? Es que hay algo de mi libro que va en ese mismo sentido: tomar conciencia, que no sean temas tabú, que podamos hablar con más amabilidad, con menos prejuicio sobre estos temas, que me parece que es el espíritu de muchas de las campañas de concientización. Lo que a mí me interesa sumar justamente a esa discusión es que no hay mucha investigación sobre que estas campañas de concientización tienen efectos mucho más ambivalentes de lo que pensamos. Pensamos que la buena intención es concientizar y combatir el prejuicio y el estigma, pero hay algo, en el modo en el que se nos alienta justamente hablar en público de estos malestares, que tiene un efecto paradójico. Porque a la vez que decimos, me valido este malestar, que no es mi culpa, o que no es una falencia moral, son temas de salud mental, por el mismo marco conceptual en el que se plantea que los pensemos, eso implica que se cierren o se silencien algunas dimensiones que son importantes. Se producen maneras de pensar mediante las cuales el malestar, esos sentimientos o esos problemas, dejan de ser cuestiones que tienen que ver con contextos sociales determinados, y se tiende a pensarlos en términos de problemas individuales, como que hay algo en el cerebro, desde el punto de vista más biologicista, o incluso más en términos de enfermedad, de tengo un trastorno. Y se pierde la oportunidad de poder pensar de qué manera los sentimientos y los problemas están justamente vinculados con lo que está pasando alrededor de esa persona. Suscribite a Buena Vida El tema es que cuando estos discursos de concientización con estas maneras de entender la salud mental y los malestares con este bagaje tan biológico y tan biomédico se vuelven demasiado predominantes, cierran mucho el camino o el espacio para pensar la pata social de todo esto, y la pata interpersonal y relacional. Entonces, lo que me interesa sumar a la discusión es: sí, tenemos que hablar más, tenemos que tener conciencia, tenemos que tener una forma menos estigmatizante y menos prejuiciosa; pero a la vez decir, bueno, por ahí esta no es la mejor manera. La depresión es una categoría propia del ámbito de la Psicología y de la Psiquiatría, ¿qué tendría para aportar una perspectiva filosófica? Creo que el aporte de la Filosofía a la discusión pasa primero por entender que los diagnósticos y las categorías de enfermedad tienen siempre esta dimensión normativa y una dimensión pragmática de que la categoría de enfermedad sirve para distintos fines, no es que viene dado en la naturaleza. Creo que discutirlo desde la Filosofía tiene beneficios concretos por la polarización que se dan en este tipo de discusiones y poder decir, bueno, no es que la depresión sea una categoría falsa, sino que por ahí me sirve en algunos contextos y para algunas cosas, y no para otros. Entonces, poder retener los beneficios de acceder a un diagnóstico para, por ejemplo, el acceso a un tratamiento, pero poder flexibilizarlo y no identificarse de más, o no sentir que lo tengo que usar en todos los contextos, para todos los fines. Y después, más en general, creo que la Filosofía lo que tiene para aportar a esta discusión en particular es un trato profundo con el trabajo conceptual, aportar a la discusión cierta claridad en cómo entender las cosas, poder desarmar estos binarios, estas polarizaciones, me parece que eso ayuda a las discusiones cuando se sobrecargan tanto. Y también, lo vinculado con la incertidumbre, poder tolerar que las cosas pueden ser un poco ambivalentes, hay algo de la Filosofía, como la disciplina que está todo el tiempo formulando preguntas, que me parece que también ayuda a abordar estas discusiones y también a transitar estos temas. Tu libro analiza, entre otras cosas, el estigma de la depresión, ¿Cuál es el efecto que más te preocupa de la mirada estigmatizante? Desde ya que profundiza muchísimo el malestar de la persona que se está sintiendo mal. Todo lo que es sentirse mal empieza a estar teñido de la sospecha de es anormal, es trastornado, o tenés que suprimirlo porque no tiene ningún valor. Y eso me parece que es preocupante. Y también creo que en términos más generales todos perdemos con eso, porque todo el mundo se siente mal en algún momento de su vida y tener un vínculo con los malestares que les cierra tanto el lugar, nos empobrece la vida a todos. Además, nos divide mucho más, porque si cuando alguien manifiesta algún malestar tendemos a alejarnos de esa persona o a cortar vínculos, cuando yo me sienta mal no me voy a sentir que puedo pedir ayuda. Nos va socavando también nuestra capacidad de ayudarnos entre nosotros, nuestra capacidad de vincularnos con empatía con alguien que se está sintiendo mal. Entonces, empeora el malestar de la persona y a la vez nos empobrece en nuestros vínculos y en nuestras experiencias con nuestros sentimientos, a todos. *** ¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com. Sobre la firma Newsletter Clarín

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