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Gualeguaychu » El Argentino
Fecha: 18/01/2026 16:56
Según relató la comerciante, todo comenzó cuando atendía a un grupo numeroso de hombres que pidió pagar por separado: Cuando las personas hacen eso, yo les voy cobrando y les doy un número. Siempre les digo: no pierdan el número, porque atendemos mucha gente, explicó. Sin embargo, parte del grupo perdió el comprobante y empezó a exigir el pedido sin poder identificarlo. Nos repetían todo el tiempo son cuatro hamburguesas, cuatro hamburguesas, pero no había ningún pedido de cuatro hamburguesas. Había pedidos con más y con menos, detalló la comerciante que, ante esa situación, les pidió esperar: Les dije que tenía que entregar los otros pedidos y que, si quedaba alguno sin reclamar, lo íbamos a revisar. Lejos de calmarse, la situación se volvió cada vez más tensa. Estaban muy pesados, molestando todo el tiempo. Yo ya estoy acostumbrada a que me digan cosas, señaló. Más tarde, al revisar las cámaras de seguridad, advirtió que no sólo la increpaban a ella, sino también a los trabajadores del local. Los invitaban a pelear, les decían cosas muy ofensivas: negra, trola, lesbiana, gorda. Un montón de cosas, confesó. La dueña también contó que durante el episodio le arrojaron objetos sin que ella lo advirtiera en el momento. Después, cuando vi los videos, me di cuenta de todo lo que había pasado y de cómo uno termina normalizando estas cosas. Para mí, lamentablemente, ya era normal, dijo. En ese sentido, señaló que este tipo de agresiones no son hechos aislados. Un día me escupieron en el mostrador porque tardé en atender. A veces los chicos se traban en la cocina, yo voy, los ayudo y vuelvo, y por eso me escupieron en el mesón, narró. En otras ocasiones, le arrojan objetos sobre el mostrador. Esa vez cerré el local, lleno de gente. No me convenía porque era mi hora pico, pero cerré y me fui a mi casa con mucha tristeza, recordó. Rocío también refirió que durante tres años tuvieron que pagar un guardia de seguridad para poder trabajar: No para cuidar a la gente, sino para que no nos insulten, no nos tiren cosas, para que respeten. Es re triste, porque no se valora lo que hacemos: cocinar en el momento, hacer las cosas lo mejor posible, puntualizó, al describir el desgaste que generan este tipo de situaciones en quienes trabajan todos los fines de semana en ese horario. Al cierre de la jornada, y ante la continuidad de los insultos, se pidió la presencia policial para que el grupo se retirara. Minutos después, uno de los jóvenes regresó diciendo que había perdido su billetera. La había encontrado mi hermano. Yo le resalté: ¿ves que chorros no somos?, contó. Sin embargo, lejos de agradecer, el joven continuó insultando. Le dije: vos viste cómo nos trataron tus amigos y no hiciste nada, sos igual de culpable, y le aclaré que iba a tener que ir a buscar la billetera a la comisaría. Rocío, tras los insultos, reaccionó tirando la billetera al piso, lo que hizo que la situación se desbordarse: uno de los jóvenes golpeó por detrás al hermano de la dueña, que estaba juntando una mesa del negocio. Le pegó de atrás y ahí se arrimaron todos a pegarle. Yo fui a defenderlo y me comí una piña. Eran cinco contra uno. Basta, ya está, váyanse, les gritaba, recordó. La Policía, en ese momento, estaba ausente. Los uniformados llegaron cuando el grupo ya se había retirado y recomendaron realizar la denuncia, que fue presentada horas después. Desde la fuerza les indicaron que, ante cualquier nueva aparición de estas personas, llamen de inmediato. Lo peor es que no son chicos de 15 años. Estamos hablando de gente grande, de 30 años, subrayó. Pese a lo ocurrido, aseguró que seguirá abriendo el local. Me encanta cocinar, me hace feliz. No voy a dejar de hacer lo que me gusta porque otros se descontrolan, expuso. También señaló que evalúa pedir una restricción para que estas personas no vuelvan al lugar. Hay gente con la que no se puede hablar, concluyó. Este hecho vuelve a poner en discusión la violencia en la nocturnidad y las condiciones en las que comerciantes y trabajadores deben desarrollar su actividad en una de las zonas más concurridas de la ciudad.
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