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  • Reforma laboral, gobernadores y un PJ desconcertado: Milei enfrenta el primer test político de 2026 - Informe Digital

    Parana » Informe Digital

    Fecha: 18/01/2026 13:20

    El arranque deja algunas certezas. Por un lado, el Gobierno suma voluntades para aprobar el primer test parlamentario del año, la reforma laboral, que llegará al recinto el 11 de febrero, y vuelve a apoyarse en los jefes provinciales. Por otro, Milei capitaliza a su favor la agenda internacional, incluso aquellas situaciones en las que es apenas actor de reparto como el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, mientras el peronismo sigue embotado, sin capacidad de reacción, atrapado en una interna inacabable. La reforma laboral concentra hoy el centro de las preocupaciones y su desenlace sigue abierto. En ese marco, en el oficialismo analizan una propuesta que, por lo bajo, hicieron llegar emisarios de los gobernadores: que la baja de Ganancias para las empresas sea progresiva. Ese articulada molesta en las provincias, ya que Ganancias se reparte de manera automática y queda la sensación de que siempre Milei baja los impuestos que no recauda, como decían desde un distrito aliado. La baja progresiva será, así, una carta de negociación de La Libertad Avanza para evitar que los recursos coparticipables se vean afectados de forma intempestiva. Sin embargo, los mandatarios no parecen dispuestos a acompañar a ciegas, sin conocer la moneda de cambio. En la última semana hubo señales para el buen entendedor: el neuquino Rolando Figueroa pidió coparticipar el impuesto a los combustibles; funcionarios del tucumano Osvaldo Jaldo lamentaron la reducción de los envíos de Nación; el radical mendocino Alfredo Cornejo le entregó a Santilli un petitorio de obras clave para su provincia; y un lote de gobernadores busca acelerar los pagos de las deudas previsionales que el Ejecutivo nacional mantiene con sus distritos. Una suerte de yo te avisé, pero también una ventanilla abierta para el diálogo. Santilli sigue, en ese sentido, su gira por el país. El ministro del Interior tiene previsto recalar en Salta para reunirse con el gobernador Gustavo Sáenz. El miércoles estará en Neuquén, donde se verá con Figueroa, y el jueves viajará a Entre Ríos para encontrarse con Rogelio Frigerio. En su entorno aseguran que ya cosechó los respaldos de Cornejo, del sanjuanino Marcelo Orrego y del chaqueño Leandro Zdero. Distinto es el caso del pampeano Sergio Ziliotto. El peronista canceló dos veces su reunión con el ministro del Interior en la Casa Rosada. Hubiese sido una foto incómoda: Ziliotto rechaza la reforma laboral y el encuentro, explican en la provincia, tenía como objetivo destrabar pagos de Nación a La Pampa que ya cuentan con sentencia judicial. Los mandatarios del PJ intentan esquivar una interna que consideran propia del AMBA, mientras buscan asegurarse recursos para que no se les complique la gestión. Aun así, hay un cambio de conducta desde Nación que empieza a ser leído con atención. A diferencia de lo ocurrido hasta ahora, el Gobierno parece dispuesto a usar el látigo y billetera. Antes era solo látigo, para todos. De hecho, resonaban las quejas de los denominados dialoguistas: Nos dan lo mismo que a Quintela, decían, en referencia al riojano Ricardo Quintela, opositor frontal al oficialismo. Ahora, hay diferenciación, premios y castigos para cada cual. Un ejemplo de este 2026 llega desde el sur, en Tierra del Fuego. Gustavo Melella atraviesa serias dificultades en la gestión económica: la provincia es una de las más castigadas por el modelo Milei, con una industria electrónica expuesta a la importación y una caída del turismo internacional producto de un dólar sostenido dentro de un esquema de bandas. Melella no recibió auxilios cuando la cartera de Economía provincial quedó acéfala ni hubo contemplaciones al momento de bajar impuestos a los celulares, una bomba de tiempo para las fábricas radicadas en la Isla, que se oficializó esta semana. La interna sin fin Mientras tanto, el peronismo sigue sumido en el desconcierto. La interna entre Axel Kicillof y el kirchnerismo se convirtió en una novela interminable que paraliza a un partido conducido formalmente por Cristina Kirchner. Ahora se suma un nuevo mojón concreto: la elección interna del PJ bonaerense. Allí todo está abierto. Mientras se desata una guerra, no tan silenciosa, por los padrones definitivos, también avanzan conversaciones para evitar otro derrame de sangre y consensuar una lista de unidad. Otro foco de conflicto será el debate para revertir la ley que prohíbe las reelecciones indefinidas en la provincia de Buenos Aires. Kicillof quiere derogar la norma sancionada durante la gestión de María Eugenia Vidal, que limita la continuidad de los intendentes, aunque procura que el impulso surja desde la Legislatura y no desde el Ejecutivo. Saben que el Frente Renovador de Sergio Massa se opondrá, defensor de la alternancia obligatoria, pero apuntan a forzar una definición de Cristina Kirchner y La Cámpora, de ser posible antes de la renovación de autoridades partidarias. En paralelo, el gobernador bonaerense planea expandir su Movimiento Derecho al Futuro más allá de las fronteras provinciales, uno de los temas abordados en la cumbre realizada el miércoles en Villa Gesell. Otra carta que raspa a los K. Pero más allá de esa rosca cada vez menos atractiva para la sociedad, el problema de fondo es otro: cómo volver a disputar una agenda hoy monopolizada por Javier Milei. El atisbo preelectoral de marcar la conversación se esfumó tras la victoria de La Libertad Avanza en octubre. Hasta los rebotes parecen favorecer al Presidente. El desenlace del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela o el acuerdo MercosurUnión Europea sellado en Paraguay este fin de semana dominaron el inicio del año y le sentaron bien a Milei, aunque haya tenido poco que ver en esos procesos. Venezuela incomoda al peronismo, al igual que los tratados de libre comercio: ambos ejes forman parte del mito fundacional del kirchnerismo post 2001. El vínculo con Hugo Chávez fue una impronta de Néstor Kirchner, y el rechazo al ALCA impulsado por George Bush (h) le dio épica regional a su liderazgo. En los vaivenes de la historia, Milei se monta sobre los fracasos de Maduro y del proteccionismo para pararse en la vereda opuesta y sacar provecho político. Incluso el presidente paraguayo, Santiago Peña más cercano ideológicamente al libertario argentino, elogió públicamente a Lula da Silva por su rol en el acuerdo con la Unión Europea. Lula juega con otros márgenes, menos dogmáticos, y desarma la división tajante entre buenos y malos, libertarios y socialistas, que suele proponer Milei. No casualmente, el argentino evitó aplaudir ese pasaje del discurso en Asunción. Más allá de gestos efímeros, lo central sigue siendo la dificultad del peronismo para rearmarse y capitalizar la coyuntura. Milei, en cambio, combina escena local e internacional: antes de viajar a Paraguay pasó por el festival de Jesús María y ahora partirá rumbo a Davos para reforzar su imagen de líder global de derechas. Entre los intentos de reconstrucción, el peronismo trabaja en una suerte de contrarreforma laboral que elimina los artículos que incomodan a los gobernadores, pone el foco en los trabajadores de plataformas ausentes en la ley libertaria y busca blindar la actividad sindical. La paradoja es que la CGT, pilar histórico del movimiento, está lejos de la redacción del texto: participan dirigentes de manera individual, sin una intervención orgánica. Mientras tanto, la central obrera intenta convencer a los gobernadores, vía Zoom, de los riesgos del proyecto oficialista: aportes solidarios, ultraactividad y prioridad de los convenios por sector. La otra línea incipiente es cuestionar los números del Gobierno. Desde centros de estudios afines al peronismo intentan demostrar que la inflación fue mayor a la publicada por el Indec (la menor en ocho años pero con una curva ascendente en los últimos meses). También posan la lupa sobre la pobreza: resulta difícil sostener que bajó ese indicador cuando creció el desempleo, cayó la capacidad instalada de la industria y el salario real perdió poder adquisitivo durante la era Milei. Sin contar fenómenos visibles, como el aumento de personas en situación de calle, reconocido esta semana por el propio Gobierno porteño de Jorge Macri. Así, mientras el Gobierno ensaya una combinación más sofisticada de presión y negociación con las provincias para sacar adelante su reforma laboral, el peronismo sigue atrapado en disputas internas que le impiden leer el momento político. Milei, aun cuando no controla todos los hilos, logra pararse en el centro de la escena y ordenar la conversación pública. La oposición, en cambio, discute padrones, reelecciones y estadísticas, sin terminar de encontrar una narrativa que conecte con una sociedad que, por ahora, parece mirar para otro lado.

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