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  • Carolina Sosky, nutricionista: Después de los 50, algunos simples cambios en la alimentación tienen un enorme impacto en la calidad de vida

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 18/01/2026 13:15

    Con más de 400 mil seguidores en redes sociales y una presencia sostenida en medios masivos, la nutricionista se consolidó como una de las voces más activas en la divulgación de salud y bienestar en Paraguay. Su trabajo articula práctica clínica, formación científica y comunicación clara, con un eje definido: traducir la nutrición y la longevidad en información comprensible, aplicable y basada en evidencia, con foco en la Generación Silver. En esta entrevista, Carolina Sosky aborda la longevidad como una construcción cotidiana vinculada a la calidad de vida, el rol de la nutrición personalizada después de los 50 y la importancia del músculo como órgano clave del envejecimiento saludable. También analiza el impacto de hábitos como el sueño, el movimiento y la gestión del estrés, el cruce entre genética, inflamación y alimentación, y reflexiona sobre el valor de la divulgación científica en un escenario marcado por la sobreinformación en salud. Cuando hablás de longevidad, ¿a qué te referís más allá de vivir más años? No me refiero solo a sumar años, sino a sumar vida a esos años. Para mí, longevidad es llegar con energía, independencia y autonomía; con claridad mental, buena masa muscular, un sistema inmune fuerte y un metabolismo que acompañe. Es poder moverte sin dolor, dormir bien, sostener tus vínculos, disfrutar tu rutina y sentirte capaz en tu propio cuerpo. En la Generación Silver, las nuevas tendencias en salud no giran solo alrededor de vivir más, sino de vivir con autonomía, energía, lucidez mental y disfrute. Por eso hoy se está moviendo el foco desde la estética o el peso hacia la funcionalidad: fuerza, equilibrio, masa muscular, movilidad, densidad ósea, salud metabólica, digestiva y cerebral, ya no se busca únicamente prevención; sino optimización y eso se construye con decisiones pequeñas, repetidas todos los días, no con soluciones extremas ni modas. Una de las tendencias más fuertes es el enfoque de healthspan (años de vida con calidad) por encima del lifespan (años totales). Esto se traduce en acciones concretas: entrenamientos de fuerza como pilar (no opcional), proteína de alta calidad distribuida durante el día, prioridad absoluta al sueño, y manejo del estrés con estrategias prácticas (respiración, pausas activas, rutina de luz natural, meditación o caminatas conscientes). ¿Qué cambios simples en la alimentación pueden mejorar la calidad de vida después de los 50? Después de los 50, los cambios simples tienen un enorme impacto en la calidad de vida porque el cuerpo se vuelve más sensible a los pequeños detalles. Algo tan básico como aumentar la proteína en cada comida (pescado, aves, huevos, legumbres, yogur) para proteger la masa muscular, sumar fibra todos los días (verduras, frutas, legumbres, avena, semillas) para cuidar la microbiota, regular el azúcar en sangre, y priorizar grasas de buena calidad (aceite de oliva, palta, frutos secos, pescado) puede mejorar la energía, la digestión, la inflamación y el ánimo. También ayuda mucho estabilizar la glucosa reduciendo ultra procesados y eligiendo comidas más completas y reales. Y no subestimar el aporte adecuado de hidratación y electrolitos: muchas veces el cansancio o los calambres no son por la edad, sino por déficits nutricionales acumulados. ¿Por qué no existe una dieta igual para todos? En ciencia aplicada a longevidad, se consolida el enfoque de medicina de precisión: no existe una dieta para todos porque envejecemos distinto. Aumenta el auge de los análisis avanzados (genética, epigenética, microbiota, metabolómica) como apoyo clínico para decidir intervenciones más específicas: estrategias antiinflamatorias, soporte intestinal, control glucémico, manejo de lípidos y planes de recomposición corporal. Cada vez intentamos personalizar más la alimentación ya que se puede ver como un mismo alimento puede sentar diferente según el contexto: sueño, el momento de vida, el nivel de actividad, medicación o estado emocional, sumado a otros factores individuales como la presencia o no de intolerancias alimentarias. En mi experiencia, la nutrición verdaderamente efectiva es personalizada, sostenible y realista. Lo que funciona es lo que una persona puede sostener con placer y constancia. ¿Cómo influyen la genética y la inflamación en el envejecimiento? La genética influye, pero no determina. Nos da predisposiciones: cómo metabolizamos grasas y carbohidratos, cómo gestionamos el estrés oxidativo, la inflamación o la sensibilidad a la insulina. Y ahí entra el punto clave: el estilo de vida puede encender o apagar muchas de esas tendencias. La inflamación crónica de bajo grado que muchas veces no se siente como dolor claro, acelera el envejecimiento celular porque afecta desde el corazón y el cerebro hasta la piel y las articulaciones. Lo bueno es que la inflamación se modula mucho con hábitos: comida real, buen sueño, manejo de estrés, movimiento diario y un intestino bien cuidado. ¿Es tarde empezar a cuidarse después de los 60? Nunca es tarde para empezar, incluso después de los 60. En mi práctica clínica vi cambios impresionantes en personas que mejoraron fuerza, energía, presión arterial, laboratorio y calidad de sueño con ajustes simples y consistentes. El cuerpo responde a cualquier edad si le das señales correctas: proteína adecuada, ejercicio de fuerza adaptado, vitamina D, omega-3 cuando corresponde, más vegetales y menos azúcar. La clave es hacerlo con estrategia y realismo: enfocarse en lo que más impacto tiene y es sostenible. El cuerpo tiene una capacidad enorme de mejorar cuando le das el contexto adecuado. ¿Qué error nutricional ves con más frecuencia en adultos mayores? El error nutricional más común es comer muy poca proteína y muy poca variedad. Muchas veces por falta de apetito, miedo a subir de peso, cuando eso incluso puede acelerar la pérdida muscular y empeorar el metabolismo, también es común ver que se simplifica la dieta a té con pan, sopa o algo rápido. Esto lleva a pérdida de músculo, más fragilidad, peor equilibrio y más riesgo de caídas. En nutrición, el foco 2026 se centra en el músculo como órgano de longevidad. Se habla cada vez más de prevenir sarcopenia desde los 4050+, priorizando proteína de calidad, fuerza progresiva, balance de aminoácidos, y timing proteico durante el día. La meta no es solo bajar grasa: es mejorar composición corporal, densidad ósea y función física. Otro tema no menor es la deshidratación, que es uno de los factores más frecuentes y silenciosos después de los 50. Con la edad disminuye la sensación de sed, y muchas personas reemplazan el agua por café, mate, tereré o bebidas light, creyendo que es lo mismo. Pero cuando el cuerpo no tiene suficiente agua, todo se vuelve más lento: el intestino funciona peor, aumenta la retención de líquidos, aparece más fatiga, baja el rendimiento físico y cognitivo, y muchas veces esto se confunde con cansancio de la edad. Además, una hidratación insuficiente puede influir en la presión arterial, aumentar calambres, mareos y favorecer dolores de cabeza. Por último, el exceso de harinas refinadas (panificados, galletitas, facturas, pastas blancas) con poca fibra real, empeora estreñimiento, inflamación y perfil metabólico. ¿Cómo se combina el placer de comer con una alimentación saludable? El placer y la alimentación saludable no son contrarios: se potencian. Comer bien no debería sentirse como castigo. Yo trabajo mucho la idea de comer y disfrutar porque si la comida se vuelve castigo, nadie sostiene el plan. La comida debe ser un disfrute, pero con inteligencia: porciones que se adapten, combinaciones que den saciedad y platos que sean ricos de verdad. Cuando una persona aprende a comer con conciencia, no vive a dieta: aprende a elegir. Y cuando hay placer, hay adherencia, y cuando hay adherencia, hay resultados. Comer rico y comer bien pueden ser lo mismo. ¿Qué hábitos cotidianos impactan tanto como la comida en la longevidad? Además de la comida, hay hábitos cotidianos que impactan tanto como lo que comemos: El sueño es uno de los grandes reguladores de longevidad: si dormís mal, aumenta la inflamación, hambre, ansiedad y resistencia a la insulina. Caminar todos los días, hacer fuerza y no pasar horas sentado es medicina real. El movimiento diario y el entrenamiento de fuerza son esenciales para preservar músculo y autonomía. La exposición al sol y el contacto con la naturaleza mejoran estado de ánimo y ritmos biológicos. Y el estrés crónico, si no se gestiona, puede acelerar el envejecimiento tanto como una mala dieta. También suman muchísimo la conexión social y tener propósito, porque la longevidad no es solo biología, también es estilo de vida. Otra tendencia fuerte es el auge de intervenciones para flexibilidad metabólica: estabilizar glucosa, reducir picos y mejorar sensibilidad a la insulina, porque hoy se entiende que la disfunción metabólica acelera envejecimiento vascular, inflamación y deterioro cognitivo. Por eso se vuelven populares estrategias como caminatas posts comidas, cenas más tempranas, más fibra real y entrenamiento de fuerza. ¿Qué te llevó a divulgar nutrición y ciencia en redes y medios? El ver cómo el conocimiento correcto cambia vidas cuando se explica con claridad. Hay demasiada información en redes, pero también mucha confusión, miedo, demonización de alimentos y mensajes extremos que generan ansiedad. Yo quería traducir la ciencia a algo aplicable, humano y posible para la vida real. Y también mostrar que cuidarse no es una moda: es una forma de respeto hacia tu futuro. La educación es prevención y, para mí, eso es parte de mi propósito. ¿Qué mensaje clave le dejarías hoy a la Generación Silver? Un mensaje muy concreto: nunca es tarde y no hace falta hacerlo perfecto. El cuerpo tiene una capacidad enorme de regenerarse cuando le das lo que necesita. En longevidad gana la constancia, no la intensidad. Si hoy empezás con dos o tres hábitos simples: proteína suficiente para fortalecer el músculo (es la mejor jubilación para llegar en buen estado esta etapa), comida real, ejercicios de fuerza y sueño. Protegé tu músculo, cuidá tu inflamación, comé con placer, dormí bien, movete todos los días y no normalices sentirte cansado o apagado como parte de la edad. La edad suma experiencia, y con buena nutrición y hábitos correctos son una herramienta poderosa para que esa etapa se viva con plenitud y autonomía.

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