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Concepcion del Uruguay » La Calle
Fecha: 18/01/2026 10:02
A los 34 años, el volante de Concepción del Uruguay atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera en Universidad Católica de Ecuador. Con protagonismo, título en la Copa Ecuador y la Copa Libertadores por delante, disfruta el presente, pero no oculta que este 2026 podría ser su último año fuera del país, con la ilusión de volver, retirarse en Gimnasia y afianzar el proyecto familiar del complejo deportivo La Toska. En lo personal la verdad que estoy muy contento. La frase sale natural, sincera, y resume el presente de Mauro Díaz en Ecuador. A los 34 años, el futbolista de Concepción del Uruguay atraviesa un momento de plenitud futbolística en Universidad Católica, donde ya transita su cuarta temporada y viene de uno de los mejores años de mi carrera en tema minutos y partidos jugados. Con continuidad, confianza del cuerpo técnico y objetivos importantes por delante, Mauro disfruta un presente competitivo, exigente y ordenado, en una liga que no da respiro. El año pasado me tocó jugar muchos minutos y eso para un jugador es fundamental. Hicimos un muy buen papel en la Sudamericana y este año queremos mejorarlo, cuenta, ya con la cabeza puesta en lo que viene. El calendario marca desafíos fuertes: la fase 1 de la Copa Libertadores, con viaje a Montevideo el 5 de febrero para enfrentar a Juventud de Las Piedras, y la Supercopa Ecuador, que finalmente se jugará en marzo ante Independiente del Valle. Nos estamos preparando para eso, remarca, consciente del momento histórico que vive el club. Parte de esa confianza tiene que ver con el funcionamiento institucional. Mauro no duda al marcar diferencias: Universidad Católica es un club muy ordenado. Viene haciendo las cosas muy prolijas desde hace muchos años. En un fútbol ecuatoriano donde el contexto muchas veces cambia, él valora la estabilidad: Viene clasificando a torneos internacionales durante muchos años seguidos y eso no es casualidad. Ese orden también se refleja en el día a día. He encontrado un lindo club, con muy buena gente, muy buenos compañeros, señala. Y pone el acento en un punto clave: El cuerpo técnico este año me dio mucha confianza. Esa confianza, explica, se traduce en continuidad y responsabilidad: Siempre trato de aportar mi granito de arena al club, a mis compañeros, al cuerpo técnico. El nivel de la liga es otro de los aspectos que destaca. La liga ecuatoriana es muy competitiva, remarca, y enumera las dificultades que presenta cada fecha. Son todos partidos muy difíciles, con escenarios muy distintos. Cuando vienen a Quito, la altura se siente; cuando vamos al llano, nos hacen jugar con mucho calor y humedad. Para Mauro, esa variedad es parte del encanto: Eso es lo que lo hace atractivo. Nunca sabés qué puede pasar, por eso hay que estar preparado fecha a fecha. El 2025 dejó una huella imborrable para el club. Ganar la Copa Ecuador fue algo histórico para el club, recuerda con orgullo. Y lejos de conformarse, ya mira más alto: Este año, como equipo y como grupo, queremos estar peleando entre los primeros dos. Sabe que no será sencillo. Independiente del Valle tiene muy buen equipo, Liga también, pero la idea es prepararnos de la mejor manera para lograr objetivos diferentes al año pasado. Más allá del fútbol, el costado humano empieza a tomar cada vez más peso en sus decisiones. Ya han pasado muchos años lejos de la familia, lejos del país, reconoce. Si bien asegura que mi familia está muy contenta acá y yo también, la distancia se siente. Cada vez cuesta más irse de la ciudad, admite, con una sinceridad que atraviesa toda la charla. Por eso, la posibilidad de que este sea su último año en el exterior aparece con fuerza. Yo creo que por ahí este es el último año afuera, repite. El deseo es claro: Volver a Argentina, estar cerca de la familia, disfrutar más el día a día. Y en ese regreso imaginado, Gimnasia y Esgrima ocupa un lugar especial. Si Dios quiere, poder retirarme ahí, desliza, con la carga simbólica que implica el club donde brilló su papá, Jorge Nono Díaz. Mientras el final de la carrera empieza a proyectarse, el futuro ya se construye. El complejo deportivo La Toska es mucho más que una idea. Surgió en una charla entre hermanos, pensando en volver y en seguir ligados al deporte, cuenta. Hoy, el proyecto avanza: canchas de fútbol sintético y pádel en funcionamiento, y obras en marcha para el salón de fiestas, la piscina y el gimnasio. De a poco vamos terminando todo, explica. La emoción aparece cuando habla de la familia. Es muy bueno tener a mi papá, a mi mamá, a mis hermanos ahí, dice. Para Mauro, el sentido es claro: Siempre ligados al deporte y a que la gente haga deporte. Y mientras disfruta del presente en Ecuador, ya se permite imaginar el reencuentro. Muy contento y esperando la vuelta, repite. Porque si algo tiene claro, es que el fútbol sigue siendo importante, pero el hogar, cada vez tira más fuerte.
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