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» La Nacion
Fecha: 18/01/2026 09:15
Famoso por su archipiélago de 365 islas, es uno de los lugares elegidos por los argentinos para descansar este verano; los recorridos más icónicos para aprovechar la estadía - 10 minutos de lectura' Angra dos Reis provoca cierto desconcierto inicial, probablemente el mismo que tuvo Gaspar de Lemos, el navegante portugués que entró en esta bahía en 1502. Era un seis de enero, día de Reyes, por eso la bautizó primero con el nombre de Vila dos Santos Reis Magos, pero era muy largo y quedó Angra dos Reis (ensenada de los reyes). Lemos desembarcó en lo que creyó que era la costa, pero en realidad era la isla Grande, tan enorme que le pareció haber llegado al continente. Angra dos Reis es el nombre de un municipio del estado de Río de Janeiro. La ciudad principal también se llama Angra dos Reis, pero su atractivo es que allí está uno de los dos muelles públicos para hacer excursiones, tanto para ir a Ilha Grande, la gran protagonista, como para algunas de las 365 islas que conforman el archipiélago. La costa continental no tiene las playas amplias como las de Río de Janeiro, por eso el plan aquí es hacer playa, pero en las islas. Habrá entonces que planificar los paseos por mar combinando el lugar de residencia en el continente con el punto desde donde se harán los paseos. Esta Costa Verde es intrincada, llena de subidas y bajadas, un solo carril por mano, por lo que, aunque la distancia parezca corta, los traslados llevan tiempo. Una opción es hacer base directamente en Ilha Grande que combina naturaleza virgen, senderismo y varias playas espectaculares. Los muelles de Santa Luzia y Conceição de Itacari ofrecen varios servicios regulares en flex boats, lanchas colectivas de hasta treinta y cinco pasajeros, que llegan a Vila Abrãao en la isla. Vila Abrãao es un caserío de no más de diez manzanas sobre la costa noreste donde hay restaurantes, supermercados, farmacias, pequeñas agencias de viaje para recorrer otras islas, puestos de alquiler de máscaras de snorkel, recuerdos marítimos, ropa de playa y la Iglesia de São Sebastião del siglo XIX. Los recién desembarcados en el muelle, deben tomarse la foto junto al cartel Eu love Ilha Grande, esquivando los capitanes de lanchas taxi que vocean su servicio exprés para ir a otras playas de la isla. Santuario de mata atlántica La superficie de la isla Grande es de 193 km cuadrados, casi equivalente a la de la ciudad de Buenos Aires, llega a los 30 kilómetros de longitud y casi 12 en su parte más ancha. No hay caminos internos ni vehículos, por lo que contar con una lancha taxi para llegar a otros puntos por mar, es fundamental. La isla que alguna vez albergó una cárcel de máxima seguridad, hoy es un santuario de la mata atlántica, está declarada Patrimonio de la Humanidad y es un caso de estudio en el equilibrio entre el ecoturismo y la conservación. Para afrontar el impacto del alto flujo turístico, el gobierno municipal ha anunciado la implementación de la Tasa de Turismo Sostenible (TTS), que entrará en vigor de manera gradual a partir de 2026. Estará en plena vigencia para 2028 y establece pagos diferenciados según el destino: quienes se queden en Isla Grande pagarán una tasa mayor que quienes se hospeden en el continente, e irá subiendo según el tiempo de permanencia en la isla. Algo similar ocurre en la isla Fernando de Noronha en el estado de Pernambuco. Los fondos recaudados se destinarán a ambiciosas metas ambientales y de infraestructura, incluyendo los programas de Esgoto Zero (cero aguas residuales) y Lixo Zero (cero residuos), así como a la revitalización de muelles estratégicos como el de Santa Luzia en la ciudad de Angra, y el de Vila do Abraão. Arenas blancas Isla Grande es también reconocida por albergar una de las mejores playas de todo Brasil, la Lopes Mendes. Llegar a ella no es fácil. Solo los muy entrenados pueden elegir hacer las casi tres horas de caminata a través de la selva, subiendo y bajando morros, aprovisionados de agua, sombrero, repelente y protector solar, pero la mayoría va en lancha taxi hasta la playa de Pouso y allí le esperan veinte o treinta minutos de caminata. La playa Lopes Mendes está en la costa sureste, del lado del mar abierto, por eso los taxi lancha no llegan hasta allí. Hay poca infraestructura, apenas unos puestos de venta de bebida, por lo que habrá que llevarse víveres y calcular el tiempo de vuelta para tomar el taxi de regreso desde Pouso. Es una playa de casi tres kilómetros de extensión, de arena blanca y fina, con un marco exuberante de selva y cocoteros que prestan sombra y olas que atraen a los surfers. También hay monitos tití que compiten por la atención. Leste es otra playa de ese lado de la isla, más chica y más reparada que Lopes Mendes, pero con similares características. Aquí sí llegan los taxi lanchas. Cuenta con un único restaurante. Se puede llegar a pie también, pero con una caminata muy exigente por la selva, con subidas y bajadas, solo para expertos. Le sigue sobre la costa sureste la Praia do Aventureiro, ubicada en un área de preservación ambiental con un cupo limitado de 560 visitantes, por lo que habrá que obtener un permiso de ingreso en el muelle de Santa Luzia con anticipación. No hay electricidad ni señal de celular, pero está permitido acampar (con permiso). Es conocida por su icónico Coqueiro Deitado, una palmera cuyo tronco corre paralelo a la arena, hasta que se dobla en un ángulo de noventa grados con su copa al cielo. Sobre la costa que mira al continente, las playas son pequeñas bahías de aguas tranquilas. Una de ellas es la piscina natural de la Lagoa Azul, perfectas para el snorkel, tal vez la segunda playa más recomendada después de Lopes Mendes. Muy cerca está la playa Freguesia de Santana. Hay una iglesia del mismo nombre de 1843 con un cementerio antiguo. Algunos domingos se celebra misa. El encanto de Isla Grande es la sensación de jugar a Robinson Crusoe, pero con otros náufragos que ya abrieron posadas y restaurantes y que pasan datos sobre playas secretas a las que no va nadie. La ausencia de huellas de civilización como iluminación, asfalto y veredas, vehículos y semáforos, entrega noches serenas con el runrún del mar como único arrullo. Una para cada día del año Una frase que se repite seguido es que en Angra hay una isla para cada día del año. Y si bien es imposible recorrer las más de trescientas islas y sus playas secretas en unas vacaciones, sí podemos conocer las más icónicas. Dependiendo del punto de partida, la isla de Cataguases es un conjunto de tres islotes pequeños, muy cerca del continente, con aguas poco profundas, arena blanca y fina. Las lanchas y barcos suelen anclar a metros de la costa, los pasajeros se zambullen y van nadando a la orilla o se quedan espiando la vida bajo el agua con máscaras y la ayuda de flota flotas. En unos pasos se atraviesa la isla y se llega del otro lado donde hay otra playa sin embarcaciones. Una de las postales clásicas de Angra son las islas Botinas, conocidas como las gemelas por tratarse de dos pequeñas islas enfrentadas, las únicas rocosas de toda la bahía. Sus aguas son extremadamente claras y se llega a ver hasta diez metros de profundidad. Gipóia es la segunda isla en tamaño después de isla Grande y una de las más visitadas. Cuenta con una infraestructura turística para pasar el día, con bares y restaurantes, y varias playas para visitar. Una de ellas es la playa do Dentista, punto de encuentro de lanchas y yates, especialmente en verano, y con un clima de fiesta cómplice entre embarcaciones. Su nombre oficial es Jurubaíba, pero el odontólogo de políticos y celebridades, Olympio Faissol, construyó su casa allí y por eso se la conoce como la del dentista. Praia das Flechas es otra opción en Gipóia, una bahía muy tranquila con buena oferta de bares y restaurantes en la orilla. Con tantas islas, algunas tienen dueño. Es el caso de la isla Dos Porcos también conocida como la isla Pitanguy, propiedad del conocido cirujano plástico brasileño. En los años 70 construyó allí una mansión difícil de divisar desde el agua, camuflada por la vegetación, solía recibir celebridades. Sus cenizas fueron esparcidas allí a su muerte en 2016. Otras siguen en busca de dueño. El jugador del Santos, Neymar, casi compra en 2024 una isla ubicada a siete kilómetros de la costa, pero sigue a la venta por 13 millones de dólares; cuenta con helipuerto propio y una casa de 2500 metros cuadrados. Menos difundidas, tal vez porque es mejor negocio promover las islas, en el continente hay algunas playas deslumbrantes para pasar el día. Una es la llamada playa del Laboratorio, ideal para quienes encuentran demasiado fría el agua del mar: aquí tiene hasta cinco grados más de temperatura. La razón es que enfría las turbinas de las centrales nucleares Angra 1 y Angra 2, volviendo al mar caliente pero sin contaminación. Otra mucho menos conocida es la de Sororoca, pero llegar no es sencillo. Desde la ruta que va a Rio hay un desvío antes de llegar a Caratucaia que indica Trilha de Sororoca. Habrá que bajarse y hacer una caminata en descenso de una hora hasta llegar a una de las tantas calas secretas que hay sin tomar un barco. En el camino hay algunos puestos de fruta que vale la pena parar para comprar jugosos mangos y guayabas, mini bananitas dulces y otras frutas desconocidas como pitanga o umbu. Angra dos Reis es una promesa de aventura, no sólo para los que buscan playas, sino para los inquietos que quieren hacer senderismo, avistar monos y tucanes o comer un mango cortándolo del árbol. Datos útiles - Cómo llegar. Son 170km desde Rio de Janeiro por la ruta BR 101 (Santos-Rio de Janeiro). La ruta está en perfecto estado, pero presenta curvas y ondulaciones por lo que se calculan 3 horas en auto, más de 5 en bus o combi. - Centros urbanos. La ciudad de Angra dos Reis es la capital del municipio, pero hay otros pueblitos como Frade, Itinga, Jacuenanga, Amorin, Monsuaba. - Dónde dormir. Las opciones de hospedaje están dispersas en esta costa y habrá que calcular el tiempo de llegada a los distintos puntos de partida de los paseos en lancha. - Muelles. Hay dos con lanchas colectivas. Santa Luzia es el cais (muelle) de la ciudad de Angra. Objectiva es la empresas de lanchas rápidas (flex boat) con capacidad para 35 pasajeros con un servicio por hora a isla Grande. El precio es de 180 reales ida y vuelta. La duración del viaje es de 40 minutos aproximadamente. Conceiçao de Itacaraí es el otro, en el límite entre el municipio de Angra y el de Rio de Janeiro. Está más cerca del puerto de Villa Abrãao en isla Grande. Travessia ofrece 3 viajes diarios, 9.30, 12.30 y 17 a la ida, 10, 13 y 17.30 a la vuelta, por 180 reales. La duración es de 20 minutos. - Paseos. Ir a Angra es hacer paseos en lancha o barco. Las opciones son tours de todo el día en escunas, goletas pintorescas con dos mástiles y capacidad de hasta 100 pasajeros, o contratar un paseo a medida en una embarcación chica o lancha. Los hoteles cuentan con su propio muelle y ofrecen paseos de 4 a 6 horas a tarifas altas (más de 2500 reales), con embarcaciones de distinta capacidad, de 4 a 10 pasajeros. Hay muchas ofertas de paseos privados, se los encuentra fácilmente por internet y se pacta duración, itinerario y precio. Centoca es una opción en lancha para hasta 8 pasajeros con itinerario a medida por 1300 reales.
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