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  • Luciano Benavides ganó el Rally Dakar

    Parana » AIM Digital

    Fecha: 17/01/2026 19:00

    Luciano Benavides (KTM), corriendo con un hombro y una rodilla en recuperación, consiguió la hazaña de ganar el Rally Dakar 2026 en motos ¡por dos segundos! Teniendo todo a su favor, el estadounidense Ricky Brabec (Honda) cometió un error inoportuno a pocos kilómetros de terminar la carrera y el argentino no perdonó. Fue un regalo que me hizo el destino por no dejar de creer que se podía ganar, lanzó el salteño en una línea de llegada repleta de euforia. Faster completó casi 8.000 kilómetros de carrera en poco más de 49 horas y se impuso con la diferencia más ajustada de la historia. Roto y con una cirugía postergada para poder estar en el Dakar, escribió uno de los capítulos más espectaculares, confiando en las señales que se le presentaron hasta cuando dormía: Soñé que Messi me daba la copa, reveló el piloto de 30 años ON luego del desahogo y la emoción. Ni cuando estrelló su rodilla en Marruecos, hace tres meses, pensó en cancelar el viaje a Arabia. Cuando llegó al campamento inicial volvió a golpearse durante las pruebas libres que realizó para poner a punto la máquina. Además de los ligamentos dañados, sumó una afección en el menisco: No lo conté abiertamente, pero agarré una piedra para hacer un salto y caí con la rodilla mala. Me tuvieron que sacar mucho líquido, no podía caminar y no sabía si podría largar, recordó, pero no dejó de intentarlo. Disminuido en el físico, encontró la fortaleza en otra parte. Tardó dos días en poner a gusto la suspensión trasera y trató de no bajar la pierna en las curvas, cuidando entre algodones su punto débil. En la Etapa 3 se le destruyó el neumático trasero y casi pierde toda chance: Llegué de milagro, reconoció aquél día. Su compañero de equipo, Daniel Sanders, dio pelea con los pergaminos propios de quien dominó la última temporada. Pero el australiano se quebró la clavícula durante la Etapa 10 y, aunque siguió adelante, no pudo sostener el ritmo de Luciano. El argentino creció en confianza y, con Edgar Canet cediendo terreno por una goma destruida, fue el único que defendió a KTM frente a la armada roja de Honda. En las últimas tres jornadas, el norteño jugó todo lo que tenía y quedó mano a mano con Brabec. La estrategia del estadounidense fue dejarse ganar un día para remontar al otro. Ricky jugó a las escondidas para largar atrás mío, señalaba Luciano, oportunamente. Funcionó para el de Honda, porque llegaron al último día con una tendencia favorable al californiano, pero un solo fallo fue suficiente para que Luciano, quien nunca dejó de creer posible lo imposible, lo aprovechara. Como resultado, recortó los 3 minutos y 20 segundos que tenía en contra y extendió a su favor la mínima diferencia de 2 segundos para ganar. El estallido de euforia rompió el silencio ensordecedor que reinaba cuando llegó Benavides al final del recorrido, junto al Mar Rojo. Aún no sabía que era ganador, lo podía intuir, más no creer. Luciano vio a Brabec en un rumbo equivocado, en el kilómetro 98,4 de la prueba especial que tenía 105 km y arriesgó todo para ganar. Todavía me cuesta caer con lo que pasó, fue mágico, un regalo del destino por no dejar de creer, dijo el vencedor. No se había sacado ni el casco ni las antiparras, bajó de la moto para seguir con la mirada al helicóptero que dio la vuelta para encontrar al extraviado. Y estaba volando lejos. En los últimos cinco kilómetros había que agarrar una pista al lado del Mar Rojo. Ricky se confundió y lo vi regresando en contramano, pero él tenía que dar toda una vuelta al lago, detalló, todavía incrédulo. Primero pensé que era una moto de algún espectador, hasta que me acerqué y vi que era él. Era un regalo de Dios para el día más feliz de mi vida, sostuvo. Lo rodearon mecánicos, amigos, gente de otros equipos, su hermano Kevin -que iba a largar en autos unos minutos después- además de su padre, presente en la segunda semana de la carrera que empezó el 3 de enero. Esto es increíble, pensé que no podríamos porque era imposible, comentó Norberto Benavides, bañado en el agua que revoleó el exultante grupo. Reconoció que había algo en su mirada, en la manera en que despertó y arengaba al equipo antes de salir al último tramo: Luciano lo sabía, yo lo vi al largar y le dije que tenga fuerzas, que haga historia. Lo mismo le había dicho a Kevin, en 2023, cuando logró su segundo triunfo. Norberto fue el mentor de sus chicos. El mayor tenía una técnica de manejo lograda y un compromiso con el entrenamiento, cuando Luciano recién comenzaba, hasta que el más joven se acomodó al ritmo necesario. Justamente, el hermano mayor se abrió camino en la ronda de micrófonos y abrazó a Luciano. Lo levantó con el brazo izquierdo, el que quedó debilitado tras un accidente en 2024: Yo lo viví y Luciano siguió mis pasos, copió lo mejor de mí y me ha mejorado porque esta definición fue más ajustada, contó Kevin Max. También él, por la mañana, le había dicho que mantuviera la fe. Una cámara tras otra, diferentes idiomas, 180 países viendo la proeza con sello argentino, que involucró a más de un ídolo con manifestaciones inexplicables. Contó Luciano Benavides que hubo muchas señales que lo llevaron a confiar en que la carrera lo había elegido a él como ganador: Soñé hace un par de días, no sé por qué y se lo dije a Edgar [Canet]y a Jordi [Viladoms]... Soñé que Messi me daba la copa y me saludaba, reveló. El capitán de las ilusiones de los argentinos, consagrado en un país vecino (Qatar, en 2022), tenía el trofeo del Dakar bajo resguardo para él. Tiene que ser una señal, por algo es, dijo el chico que tuvo a su familia dos semanas sin dormir, en Salta, prendidos a los celulares y computadoras viendo los tiempos en vivo. A un lado del aturdimiento, lejos de la multitud a la que se sumaron respetuosos pilotos que completaron el recorrido, se apreciaba con incrédulo gesto a Jordi Viladoms. Este español supo hacer podio en el raid más duro del mundo y es uno de los formadores de KTM. Hace una década abrazó a Luciano como un piloto en desarrollo, apuntalando su crecimiento. Hoy le dije que tiene que seguir creyendo y probar hasta el final. Que debía presionar desde la salida, narró el manager deportivo. No nos dábamos por vencidos, pero la posibilidad era mínima. Nos agarramos de ahí y mira dónde estamos, celebró. Es una de las personas que mejor conoce al menor de los Benavides: Es un joven con mucho talento y pasión, que trabaja mucho, que estuvo bajo el ala de Kevin y en un momento creció como persona. Lo interrumpe Norberto, que escuchaba todo, para decirle a Jordi lo que pensaba en ese instante de emoción. Casi sin voz, papá Benavides le dio las gracias: Te debemos mucho a vos, sos un gran tipo. Desde Argentina, el psicólogo deportivo que trabaja con los hermanos Benavides siguió la definición con emotividad, así como lo hace cuando trabaja con Franco Colapinto en la Fórmula 1. Teníamos que estar fuertes en la primera semana, porque él llegaba golpeado físicamente, contó Gustavo Ruiz. El hombre que todos los días tenía una charla con Luciano al terminar la jornada también estaba tocado: Estoy muy emocionado, porque era difícil que sucediera esto. Pero el Dakar tiene vida y hay que creer hasta el final, señaló. De hecho, Gustavo le anticipó el panorama: Le dije que Brabec abría pista y que también tenía presión, que todo podía pasar, como encontrar una nota complicada. Fue exactamente lo que sucedió. El mérito de Luciano es no dejar de creer y seguir hasta el final, se lo merece porque hizo un esfuerzo increíble, continuó. Juntos, consiguieron que las lesiones jugasen a favor para que Luciano se mantenga enfocado en él. Para Luciano seguía siendo difícil detallar lo sucedido. Hoy le dije a mi gente que no sabía por qué todavía creía que lo podía hacer. En los últimos kilómetros, Ricky tomó una pista equivocada y yo tomé la correcta. Vi la oportunidad, la tomé y es un sueño hecho realidad. Sabía lo complejo que enfrentaba pero lo hizo con otra óptica. La clave de mi Dakar fue nunca dejar de creer, incluso cuando vi que las chances se iban y matemáticamente era imposible descontar tres minutos y sacarle otro minuto de ventaja. En ese instante, cojeando, apareció otra figura entre la multitud. Lo hiciste, maldito hijo de p... lo hiciste, gritó, en inglés, Daniel Sanders, vencedor del año anterior. Haciendo bramar el motor de cuatro tiempos llegó Edgar Canet, el español que compartió la casa rodante con Luciano y creó una amistad cercana en el último año. Con la clavícula izquierda rota, Sander puso el hombro derecho y Canet levantó a Benavides, coreando su nombre. Como Mike Hawthorn y Peter Collins hicieron con Juan Manuel Fangio cuando el balcarceño los batió en Nurburgring y logró el quinto título de Fórmula 1, en 1957. También esta fue una obra maestra, en el infierno arábigo. Por Jorge Dominico

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