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» Clarin
Fecha: 17/01/2026 17:41
El primer año de Donald Trump: lo que dejó y lo que vendrá en un gobierno impredecible y turbulento - Desde que asumió su segundo mandato en Estados Unidos, en enero de 2025, el magnate republicano sacudió la política nacional e internacional. - Guerra comercial, intervenciones en países extranjeros, persecución a inmigrantes, drásticos recortes de gastos y una marea de decisiones sorprendentes. - Un repaso por lo que ocurrió y perspectivas para los tres años que le quedan en la Casa Blanca. Era un día frío y desangelado, el 20 de enero de 2025, cuando Donald John Trump colocó su mano sobre la Biblia para jurar como el presidente número 47 de los Estados Unidos. Hace un año el aniversario se cumple el martes- el republicano comenzaba su segundo mandato, avalado por una mayoría de 77 millones de votos, y con la gran incógnita en el país y en el mundo sobre cómo sería su nuevo tiempo en la Casa Blanca. Quien pensaba que Trump buscaría unir a un país ultrapolarizado y pasar a la posteridad como un moderado estadista se equivocó. El año inicial de Trump al frente de la primera potencia mundial fue un terremoto de medidas disruptivas en todos los frentes, muchas de ellas más controvertidas y radicalizadas que lo que incluso había prometido en campaña, rompiendo límites históricos, políticos y judiciales. Un fuerte contraste con el gobierno de su antecesor Joe Biden, a quien Trump acusaba de lento, ineficiente y senil. Es realmente diferente a todo lo que hemos visto en la era moderna. De hecho, parece que Trump disfruta rompiendo las expectativas y normas sobre cómo se puede usar el poder presidencial, afirmó a Clarín Evan McCormick, investigador de la Universidad de Columbia, experto en la historia presidencial de los Estados Unidos. McCormick describe una presidencia imperial con amplio margen para actuar a nivel nacional y usar la fuerza militar en el extranjero, pero sin perseguir objetivos específicos como parte de un interés común, sino para intereses personales. Bajo el gobierno de Trump, acciones como el desmantelamiento de la burocracia federal por parte de DOGE, el despliegue del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), las investigaciones a ex funcionarios del gobierno y la reciente intervención en Venezuela indican cómo el poder del Estado se está movilizando para una agenda que lleva la impronta personal de Trump, señala. El gran lema de Trump fue America first, colocar a Estados Unidos primero. Pero sus decisiones parecen estar dirigidas más por su instinto e intereses personales que por políticas de Estado. Su política arancelaria, la guerra cultural contra el progresismo, la lucha contra la inmigración ilegal y los inmigrantes en general, la ruptura con aliados históricos, el acercamiento a líderes controvertidos, sus actos y ambiciones sobre Venezuela y Groenlandia, la motosierra que inició Elon Musk, las intervenciones externas, la presión sobre la Reserva Federal, la remodelación de la Casa Blanca a su gusto son algunos ejemplos. Durante su primer mandato, Trump disfrutó de ser un outsider disruptivo en la Casa Blanca, jugando con las normas y expectativas, pero a menudo actuando con cautela y escuchando algunas voces moderadas. En el segundo, parece decidido a moldear la presidencia -y por extensión el país- a su imagen. Las elecciones de mitad de término de noviembre determinarán en gran medida si ese proyecto continúa, advierte el experto. El magnate, que hoy tiene 79 años y que coquetea con un tercer período que la Constitución prohíbe, ha comenzado a sentir el impacto en las encuestas. Según un promedio de sondeos de RealClearPolitics, un 55% de los estadounidenses hoy desaprueba su trabajo en general y un 42% lo avala. Los índices más bajos aparecen en la gestión económica: un 56% la considera negativa, particularmente el manejo de la inflación, con un 61% está en desacuerdo. Sin embargo, Trump logra más apoyo en su política para combatir el crimen (un 50% la aprueba y un 49% no) y en la lucha contra la inmigración (46% a favor y un 50% en contra), aunque su popularidad en ese rubro, que comenzó muy alta, viene cayendo mientras surgen las noticias de violentas redadas como la reciente de Minneapolis. El primer año de Trump ha tenido un nivel de intensidad demoledor. El presidente lanzó medidas importantes prácticamente todos los días, con comunicados o en redes sociales, a veces a medianoche. Además, su lengua filosa es otro generador diario de noticias: en lo que va del año participó en al menos 433 eventos con periodistas, desde conferencias de prensa hasta charlas improvisadas en el avión presidencial. Es difícil resumir un año tan turbulento, pero los siguientes son los temas que marcaron sus primeros 12 meses en la Casa Blanca. Inmigración Su política fue mucho más radical que durante su primer mandato. El arresto y expulsión de inmigrantes indocumentados -a quienes suele calificar sin pruebas de asesinos y terroristas- se atiza con el argumento de la defensa de la seguridad nacional, pero organismos de derechos humanos la denuncian como xenófoba y racista. Ernesto Castañeda, director del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos y del Laboratorio de Inmigración de American University señala a Clarín que lo que se ha vivido estos meses fue una situación bastante extrema y pública de persecución e intimidación a los inmigrantes. Ahora la gente tiene mucho más miedo. El gobierno habla de deportaciones masivas, usa una fuerza federal pseudo-militarizada y hace detenciones en la vía pública basadas solamente en la apariencia física. Para empeorar las cosas ahora también están atacando y deteniendo a ciudadanos estadounidenses en las manifestaciones, agrega el experto. A pesar de las denuncias de abusos en arrestos y deportaciones, la política de Trump ha logrado este año el objetivo que se planteó en campaña: En 2025 hubo migración neta negativa, más gente salió o fue deportada que la que entró, dijo Castañeda. Y esta era una meta del America first de Trump. Sin embargo, el destaca que en una época donde la tasa de natalidad es menos de dos en una pareja promedio, esto traerá malas noticias para la economía y la innovación. Esta cerrazón de fronteras y decrecimiento en la migración solo se vio durante lo peor de la pandemia en el 2020 y después de la gran depresión en 1929. El Estados Unidos cerrado va más allá de la inmigración ilegal. En su primer año, Trump ha restringido también la política de visados a profesores y estudiantes internacionales e incluso de turistas, elevando los costos y hasta revisando las redes sociales de los demandantes. Las empresas que quieran contratar trabajadores calificados extranjeros tendrán que pagar ahora 100.000 dólares por año. Días atrás, restringió las visas para migrantes de 75 países, una lista que incluye naciones como Colombia, Uruguay y Brasil para evitar el abuso del estado de bienestar. Aranceles y economía Con una inédita y drástica política económica y arancelaria, Trump provocó un golpe a la globalización y un tembladeral entre sus socios comerciales que aún luchan en un panorama incierto por adaptarse a los nuevos tiempos. Primero impuso aranceles sin precedentes a las importaciones desde México, Canadá y China y el 2 de abril lanzó los aranceles recíprocos a todos los países que comercian con Estados Unidos, desde una base de un 10%. En teoría, subió y bajó porcentajes en base al desequilibrio comercial, pero hubo claramente castigos y ventajas para determinados. Los aranceles son también un arma política que muchas veces depende del humor presidencial. En shock, el mundo intentó acomodarse a la nueva realidad y varios socios, entre ellos la UE, el Reino Unido, Japón y la Argentina, han firmado acuerdos bilaterales con reducciones parciales. Pero todo sucede a un ritmo muy lento. Además, muchos de los aranceles han sido cuestionados en la justicia estadounidense y se encuentran en distintas cortes, lo que alimenta la incertidumbre comercial. El impacto de los aranceles fue previsiblemente negativo: desaceleró el crecimiento y aumentó los precios dentro de los Estados Unidos, dijo a Clarín Marcus Noland, vicepresidente y director de Estudios del Instituto Peterson de Economía Internacional. Y agregó que es probable que el impacto total de los aranceles aún no se haya sentido y que el impulso inflacionario continúe este año. De hecho, el descontento público con el aumento de precios obligó a Trump a rescindir algunos y a posponer indefinidamente otros. El experto también remarca el impacto de la drástica política inmigratoria en la economía, con unos 2 millones menos de trabajadores en sectores clave por deportaciones y arrestos. Por otra parte, Trump desmanteló varias de las medidas de Biden para promover la transición verde, favoreciendo el uso de combustibles fósiles, y también expandió el déficit fiscal impulsado por recortes de impuestos que favorecen a los estadounidenses de mayores ingresos. En el primer año de Trump, 2025, el PBI de Estados Unidos creció un 2%, menos del 2,8% del 2024. El republicano no logró la promesa de bajar la inflación: el año pasado cerró con un 2,7%, similar a los índices del último tramo de Biden. En este marco ha desatado una inédita ofensiva personal que alarma a economistas y al mercado-- contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, a quien acusa de no bajar las tasas de interés a un ritmo más acelerado para que se reactive la economía. Históricamente, la Casa Blanca siempre ha respetado la independencia de la FED. Pero como ha preferido ser más cautelosa por temor al impacto de los aranceles sobre la inflación y el empleo, Trump la convirtió en blanco de amenazas al extremo de que Powell fuera enjuiciado penalmente. Es probable que la guerra de Trump contra la Reserva Federal resulte en un PBI permanentemente más bajo y precios más altos, posiblemente tras un auge a corto plazo, dijo Noland. Si bien EE.UU. no se encamina hacia una recesión, las políticas adoptadas podrían conducir a una estanflación, un crecimiento relativamente débil combinado con un aumento de precios, advirtió. Los conflictos externos Con la mente en America first, Trump prometió en su campaña que Estados Unidos no se involucraría en conflictos externos y que resolvería enseguida la guerra entre Rusia y Ucrania y en Oriente Medio. En su primer año no ha cumplido buena parte de estas promesas. La guerra en Ucrania continúa y, a pesar de sus esfuerzos y reuniones con los presidentes Vladimir Putin y Voldimir Zelenski, no se vislumbran avances. Sí pudo anotarse una victoria en el acuerdo para frenar la guerra en Gaza y permitir la liberación de los rehenes secuestrados por Hamas. Ahora está en la segunda etapa, formando un consejo directivo de transición para gobernar la Franja. Además, Trump ha tenido dos intervenciones militares importantes, una en Irán con un bombardeo quirúrgico sobre las instalaciones nucleares del régimen, y otra en Venezuela, que fue mucho más controvertida. En una acción inédita, fuerzas estadounidenses capturaron el 3 de enero al dictador Nicolás Maduro desde su bunker en Caracas y lo trasladaron a Nueva York para ser enjuiciado por narcotráfico, en un operativo sin autorización del Congreso y en contra de la ley internacional. Trump dijo que Estados Unidos se hará cargo de la transición en Venezuela --donde insólitamente quedó a cargo la vicepresidenta aliada al régimen- y que se facilitaría la exportación del petróleo a EE.UU. En estos últimos días las tensiones aumentan con Irán, donde fuertes protestas contra el régimen son reprimidas. Trump ha dicho que está preparado para intervenir si es necesario y hubo amenazas cruzadas en una situación extremadamente volátil. En el horizonte asoma Groenlandia, un territorio estratégico que el republicano ya dijo que quería ocupar: lo que en otro momento podría sonar disparatado es posible en los tiempos de Trump. Este mismo sábado, el jefe de la Casa Blanca anunció sanciones comerciales a los países de Europa que rechazan el avance Estados Unidos sobre la estratégica isla del Ártico. Para Stephen Walt, profesor de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, las intervenciones internacionales del presidente en su primer año en la Casa Blanca no deberían sorprender a nadie, ya que Trump también estuvo dispuesto a usar la fuerza libremente durante su primer mandato, según dijo a Clarín. La clave es que depende casi por completo del poder aéreo, solo ataca a oponentes débiles e intenta evitar compromisos costosos a largo plazo. El problema es que simplemente bombardear personas o secuestrar líderes no resuelve ningún problema político subyacente. Venezuela puede complicarle el futuro a Trump, opina Walt. Estados Unidos no sabe cómo gobernar la nación caribeña y sus sueños de explotar los recursos petroleros del país son una fantasía. Su petróleo es caro de extraer y refinar, la infraestructura requiere miles de millones de dólares en inversiones para aumentar la producción, y ya existe un exceso de petróleo en los mercados mundiales, advierte. Las intervenciones en el extranjero despiertan dudas entre los votantes de Trump porque chocan con la promesa de campaña de no involucrarse en conflictos externos. Los más fieles partidarios de MAGA apoyarán a Trump sin importar lo que haga, pero algunos republicanos creen que estas aventuras en el extranjero son una distracción costosa de cuestiones más importantes en casa, y ya están empezando a contraatacar. La guerra cultural Trump lanzó una guerra cultural como eje político central de su segundo mandato, una ofensiva explícita contra lo que define como woke, marxismo cultural o ideología de género. Su estrategia combinó decretos, presión presupuestaria, litigios, cambios regulatorios, retiro de organismos internacionales clave y una narrativa de restauración del sentido común frente a élites educativas, medios y corporaciones progresistas. Uno de los blancos visibles fue el mundo académico y se reflejó en sus peleas con universidades de elite, a las que Trump acusa de ser un foco de adoctrinamiento ideológico, antisemitismo tolerado y discriminación contra conservadores. Amenazó con recortarles el financiamiento y en muchos casos logró torcerles el brazo. En algunas que resistieron, como Harvard, la pelea sigue en tribunales. Por otra parte, la motosierra de recortes del Estado encabezada por Elon Musk, se centró especialmente en los departamentos asociados a la diversidad, igualdad e inclusión. Lo que viene El primer año de Trump ha sido arrollador, pero el segundo se inicia con un horizonte electoral: en noviembre hay elecciones legislativas que podrían ratificar el rumbo o encender las alarmas de los republicanos que hoy dominan ambas cámaras del Congreso. Mitchel Sollenberger, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Michigan, dijo a Clarín que las agresivas medidas de Trump en diversos frentes políticos (aranceles, inmigración, asuntos exteriores) han revitalizado la base del Partido Demócrata. Esto se puede ver en las encuestas, pero más en el éxito de los demócratas en las elecciones del año pasado, dijo en referencia a los triunfos de la oposición en la ciudad de Nueva York y los estados de New Jersey y Virginia. Si bien es habitual que el partido que no controla la presidencia obtenga buenos resultados en las elecciones intermedias, sospecho que las acciones de Trump podrían generar una ola electoral para los demócratas, en la que obtendrán mejores resultados de lo habitual y no me sorprendería que pudieran recuperar 15 o 20 escaños en la cámara baja y retomar el control. La batalla es más dura para los demócratas en el Senado, pero podrían recuperarlo si 2026 se convierte en una elección arrasadora, vaticina. Los puntos más altos de Trump, según las encuestas, son su pelea contra el crimen, la lucha contra la inmigración y la resolución del conflicto en Gaza. Pero en el centro del escenario estará la economía y la inflación, ya que los estadounidenses no están sintiendo en sus bolsillos que los precios bajen, como Trump había prometido. El republicano también podría sufrir en las urnas el impacto de los archivos del caso Epstein, un escándalo que no logra acallarse. Para Sollenberger, los temas clave para los votantes serán la economía, el costo de los productos básicos, el empleo y el mismo Trump, porque los demócratas están haciendo campaña en su contra. Muchos estadounidenses valoran la energía de Trump, en contraste con Biden. Sin embargo, muchos otros no están satisfechos con la dirección del país por los indicadores económicos clave. Sienten que están peor hoy que hace unos años. ¿Y en qué se enfocará ahora el presidente? Trump seguirá buscando ampliar los límites del poder presidencial, dijo Sollenberger. Gran parte de lo que está haciendo no tiene precedentes. Supongo que hemos visto los cambios más significativos que él y su equipo querían implementar. Sin embargo, nunca subestimaré a Trump, por lo que es muy probable que siga forzando los límites de las normas políticas. Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín
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