Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Piratería, la hora de la verdad: los sitios ilegales de contenidos crecen, ¿son pérdida o ganancia para el cine y las plataformas?

    » La Nacion

    Fecha: 17/01/2026 14:42

    Piratería, la hora de la verdad: los sitios ilegales de contenidos crecen, ¿son pérdida o ganancia para el cine y las plataformas? Aunque los grandes estudios se quejan y sostienen que las descargas causan pérdidas por entre 20 y 30.000 millones de dólares anuales, en ciertos casos pueden impulsar la taquilla en salas; ejemplos - 9 minutos de lectura' Hace unos días, conversando con un amigo, descubrimos que uno de los dos no había visto Pasión de los fuertes, de John Ford, a pesar de que ambos somos fordianos empedernidos. La omisión era imposible dado que esa película es clave en la obra del cineasta -y del cine en general-. La pregunta siguiente es una que muchos de nosotros nos hacemos todos los días: ¿Dónde la veo?. La respuesta que debemos dar es en ninguna parte, porque Pasión de los fuertes no figura en ninguna plataforma de streaming. De todos modos, la omisión fue saldada a las tres horas de cerrarse esa conversación, porque no es cierto que no esté en ninguna parte: no está en ningún sitio o plataforma legal. Pero todos sabemos -también los grandes estudios que persiguen la descarga ilegal- cómo encontrarla. O cómo encontrar cualquier clásico, cualquier película iraní, cualquier film europeo previo a los años 60, o incluso obras de Fellini o Bergman, autores por el que la cinefilia argentina se rasgaba algo más que las vestiduras hace cinco décadas y que hoy están ausentes incluso de las plataformas de nicho. La gran paradoja de estos tiempos es que, aun con más material audiovisual que nunca, mucho de lo mejor del arte del cine (y mucho de lo mejor de la televisión) es inaccesible por medios pagos y transparentes. La piratería es hoy un refugio, y no por la voluntad delictiva de desaforados consumidores de películas. De hecho, las descargas digitales fueron un problema desde la popularización de Internet. Pero cuando en 2012 surgió Netflix como plataforma pionera de streaming, el problema comenzó a solucionarse. Nada mejor que pagar un costo razonable por mucho contenido variado. ¿Está Pasión de los fuertes? No, ahora no, pero vendrá y, mientras tanto, se puede ver Un tiro en la noche (formó parte del acervo de Netflix durante años). Si uno se había perdido un blockbuster del año anterior, seguro que en poco tiempo podía recuperarlo en casa. La tendencia a la disminución de la piratería fue notable: entre 2011 y 2019, el tráfico a través de la red peer-to-peer (es decir, cliente a cliente, la que permite sacar archivos de otras PC y compartirlos vía torrent) BitTorrent pasó de ser el 23 por ciento de todo el tráfico de internet estadounidense al cinco por ciento. Pero en el medio, el tráfico creció en términos absolutos. BitTorrent es un indicador clarísimo de la piratería. Conclusión: con acceso a una oferta abundante de películas a precio accesible, la piratería era sólo para especialistas o ansiosos. Luego, el Covid-19 movió la pelvis, el mundo hizo ¡plop! y nadie entonces pudo entender qué era esa anomia. Al mismo tiempo arrancaron AppleTV+, Disney+ y HBO Max, mientras se expandía Prime Video. Las nuevas plataformas surgían de la filosofía ¿por qué vamos a dejar que otros exploten nuestras pertenencias si podemos hacerlo nosotros mismos?. El problema era que eso implicaba exclusividades: lo de Disney es de Disney, lo de Warner es de Warner y, para poder acceder a gran parte de esos acervos, había que pagar más suscripciones. Resurgimiento Durante la pandemia esto llevó a un crecimiento grande. Y también, comenzó a resurgir la piratería. Para decirlo con números: en 2020, los sitios pirata tuvieron alrededor de 130.000 millones de visitas, mientras que en 2024 fueron 216.000 millones. Y sigue en alza. ¿Por qué? Hay que pagar muchas membresías y, además, aparecieron sistemas que impiden compartir contraseñas (Netflix fue pionero), lo cual cerró aún más el negocio. Hoy el crecimiento se estima entre un ocho y un 15% interanual de descargas ilegales. Veremos el balance de 2025. Sin embargo, la piratería no afecta por igual a todos los contenidos. De hecho, en algunos casos hasta los ayuda. Fue célebre en 2013 la declaración del entonces CEO de Time Warner, Jeff Bewkes, cuando dijo que el hecho de que Game of Thrones fuera la serie más pirateada de entonces era mejor que un Emmy. La razón: quienes pirateaban algún episodio luego querían seguir viendo qué pasaba y se suscribían a HBO, lo que no solo mantenía la marca viva sino que, además, permitía ahorrar en publicidad. Eran tiempos buenos, además, para el cine. Hacía un año que Netflix proveía cine en casa y el cierre del depositorio non sancto Megaupload, en 2012, se reflejó en un aumento del seis por ciento de la taquilla cinematográfica global. Pero luego, como vimos, la guerra del streaming, que tuvo además como correlato el aumento constante de los precios de los abonos, causó un repunte de la actividad ilegal. Es preciso tener en cuenta que, aunque los grandes estudios se quejan de esto y dicen que causa pérdidas por entre 20 y 30.000 millones de dólares anuales, se trata de cifras solo potenciales. Sería así si por cada descarga ilegal se contemplara una entrada no vendida. Y no, funciona bastante distinto. A los grandes blockbusters inmersivos, según un estudio de la universidad Carnegie-Mellon, incluso puede ayudarlos: el que piratea una película como Avengers: Endgame durante su fin de semana de estreno, es casi seguro que pagará entrada para tener la experiencia completa. En ese nivel de experiencia inmersiva, la piratería puede impulsar las recaudaciones porque quienes ven estos films por medios ilegales se suman a la conversación en redes e impulsan la visita a los cines. Con las películas chicas, de nicho e independientes (hablamos de presupuestos menores a los 30 millones de dólares para un film estadounidense), pasa algo parecido: se instalan gracias a esa conversación e impulsan público en estreno, porque no tienen salidas estándar globales en el mismo fin de semana. Pasa mucho además con el cine de terror, cuyo público prefiere verlas en sala y con gente alrededor. Las que sí pierden son las películas de presupuesto medio centradas en historias y personajes, en las que entran también los cines locales o periféricos a Hollywood, incluyendo el argentino. Al no proponer un distintivo visual o sensorial, gran parte del público espera que aparezcan en plataformas o prueba una copia pirata. Y en caso de que no le satisfaga, genera un rumor negativo a su alrededor. Por supuesto que hay excepciones: películas de calidad que ofrecen algo interesante y satisfacen al público crean un boca a boca que elimina el efecto de la piratería. La calidad es importante a la hora de sostener al público en las salas, sobre todo en el caso de los cines locales. En los EE.UU. es diferente: hay interés en que ese cine vaya solamente al streaming y es una batalla sorda y, muchas veces, desigual en la que la piratería funciona como arma discursiva. Si se comparan las películas más pirateadas año a año desde 2020 a la fecha, se verá que todas hicieron un gran negocio: Godzilla Vs. Kong (2021); Spider-Man: sin regreso a casa (2022); Oppenheimer (2023); Duna-Parte II (2024); Superman (2025). Incluso con poco recupero en salas (el 50% estimado en el país de origen) y grandes gastos de marketing, a veces iguales al presupuesto de realización, ganaron mucho dinero. Moraleja: no hay relación directa entre piratería y pérdida en esa liga. Pero en la de presupuestos medios, la pérdida puede ser de hasta un 25 por ciento de la recaudación potencial. Los análisis dicen que en realidad la pérdida global, en un todo, es de entre un 15 y un 20 por ciento de la taquilla posible. Grande, sí, pero no catastrófica para el blockbuster. A nivel local En la Argentina, el problema es mucho menos la piratería cinematográfica o de series que el televisivo: la mitad del tráfico ilegal en internet se lo lleva el fútbol. Lo demás, se reparte entre series y películas, pero tampoco es un mercado demasiado grande. Volviendo al principio de esta nota, si uno de los problemas de las plataformas es proveer variedad -básicamente el ejemplo de Netflix, que se concentra sobre todo en las novedades más que en su acervo- podría paliarse con el cine clásico, en el que hay miríadas de títulos explotables y buena difusión. Esto no alteraría, por cierto, el enorme problema de tener que pagar cinco o seis suscripciones para tener variedad que permita, de paso, desarrollar un público nuevo, pero seguramente ayudaría a la fidelización. Hay otro aspecto que hace interesante abogar por esto: muchas veces el usuario paga por un servicio por la disponibilidad, no porque realmente vaya a acceder a tal o cual contenido. Ah, en Disney+ puedo ver Titanic, me abono, por ejemplo, aunque no vuelva a ver Titanic. Es cierto que el cinéfilo no es mayoría, pero difunde en redes. Una prueba de que títulos probados del pasado funcionan es que cada restreno de Volver al futuro en salas llena todas las funciones. Y lo mismo sucede con otros clásicos, una tendencia que empieza a crecer en los Estados Unidos. Quizás sea hora de volver a mirar todas estas tendencias y números. El negocio audiovisual está en crisis -es decir, en cambio, no necesariamente para peor- y las salas sobre todo requieren más y nuevos espectadores. Desarrollar esos nichos que hoy solo acceden a un enorme acervo de modo no legal podría ser crear público para lo que viene. Pero eso requiere una conversación sincera y con números reales, no potenciales, en la mano.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por