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Paraná » Confirmado.ar
Fecha: 17/01/2026 14:26
Mientras Israel continúa atacando Gaza y desacata el alto el fuego, Donald Trump impulsa un supuesto Consejo de Paz integrado por figuras alineadas al poder global. Tony Blair, Marco Rubio y Javier Milei aparecen como garantes de una paz que no llega y que parece diseñada para legitimar la guerra. - Por AF La creación del llamado Consejo de Paz impulsado por Donald Trump expone, sin disimulo, el nivel de cinismo con el que las grandes potencias administran los conflictos internacionales. Bajo el discurso de la pacificación y el diálogo, se conforma un espacio integrado por dirigentes que han sido protagonistas directos o cómplices políticos de guerras, intervenciones militares, bloqueos económicos y políticas de ajuste que profundizaron la desigualdad y la violencia en el mundo. La presencia de Tony Blair, uno de los arquitectos de la invasión a Irak; Marco Rubio, férreo defensor del lobby militar y de la política exterior más agresiva de Estados Unidos; y Javier Milei, alineado sin matices con Israel y Washington, deja en claro que no se trata de un organismo para detener la guerra, sino de una herramienta de legitimación del orden bélico vigente. El anuncio se produce mientras Israel continúa bombardeando Gaza, desconociendo el alto el fuego y agravando una crisis humanitaria que ya es insostenible. Hospitales destruidos, miles de víctimas civiles y una población sometida al hambre y al encierro contrastan brutalmente con los discursos diplomáticos que hablan de paz desde cómodos despachos lejos de las bombas. En este contexto, el Consejo de Paz no solo resulta una provocación, sino una operación política destinada a lavar responsabilidades. No hay condenas firmes, no hay sanciones, no hay exigencias reales para frenar la ofensiva israelí. Hay, en cambio, declaraciones vacías y gestos simbólicos que buscan instalar la idea de que algo se está haciendo, cuando en los hechos la guerra continúa. La inclusión de Javier Milei confirma el alineamiento absoluto del gobierno argentino con esta lógica. Lejos de una tradición diplomática basada en la autodeterminación de los pueblos y la defensa de los derechos humanos, Argentina queda asociada a un esquema que relativiza crímenes de guerra y justifica la violencia en nombre de alianzas geopolíticas. Hablar de paz mientras se permite la masacre es una forma de violencia más. Este consejo no nace para detener el conflicto, sino para administrarlo, maquillarlo y volverlo aceptable ante la opinión pública internacional. La paz no se decreta entre responsables del desastre: se construye con justicia, algo que hoy está completamente ausente. - Periodista de investigación.
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