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  • Escapada: el pueblo a solo dos horas de la ciudad para disfrutar los platos que hace la abuela los domingos

    » La Nacion

    Fecha: 17/01/2026 09:22

    José Luis Miceli, alias el Zurdo, carga el baúl del auto con 30 porciones de pollo relleno de mozzarella, jamón y morrón cubiertas con una fina película de crema de roquefort y papas fritas. Lleva la comida por los caminos de tierra, en su auto, desde el roti-bar La Rueda en el pueblo de El Paraíso, en el partido de Ramallo, a casi 200 km de Buenos Aires por la Ruta N.º 9 hasta el Club Social y Deportivo El Ombú, inaugurado en 1922. Lo esperan un grupo de veteranos y exfutbolistas de la zona. En el otro salón, madre e hija, ensayan patín artístico con la luz de la tarde que se cuela por las ventanas del club. Federico Gardessi y Juan Carlos Di Bucci, papá de Federico, actual dueño del restaurante Almacén de Ramos Generales, el otro lugar para comer en este pueblo de 500 habitantes, son parte del encuentro en el amplio salón del club histórico de El Paraíso. Más temprano, el Zurdo había atravesado el campo en su moto para entregar un delivery de sorrentinos de verdura y pollo, especialidad de su esposa Silvina Carrero a un chacarero. ¡Arriba del tractor en el medio del potrero! Delivery campestre le dicen por acá. La Rueda nació como rotisería hace 7 años y como bar hace 4. Nosotros nos criamos acá porque nuestros abuelos nacieron y vivieron en El Paraíso. Cuando nos casamos vinimos a vivir con mi abuela después de que el Zurdo consiguiera trabajo en un supermercado, donde trabajó 32 años, cuenta Silvina Carrero. Dada la facilidad y el amor que sentían por la cocina, se animaron a dar el salto y poner aquello de lo que el pueblo carecía en ese entonces, para los maestros del campo, los camioneros y chacareros, la gente de acá, que atendemos en la semana; en cambio, el fin de semana el público se renueva con viajeros de Rosario, San Nicolás, San Pedro, Buenos Aires. Entonces viene mi hija chef y el resto de la familia para ayudarme: esto es un emprendimiento familiar, dice. Sirven minutas, pollo relleno, sorrentinos de verdura, calabaza, osobuco braseado, budín de pan, receta de su abuela y un largo etcétera. Llegar a El Paraíso es sumergirse en un mar de luciérnagas y pasto, algún perro suelto, y el horizonte infinito, ver la luz y sus ecos de polvo que se cuelan en las celosías de las ventanas antiguas o escuchar los fantasmas de El Castillo. La historia de la fundación del pueblo, que tuvo lugar el 14 de junio de 1883, se remonta a la cesión de tierras de Mercedes Lavallol pertenecientes a su estancia El Paraíso. Entonces se construyó la Escuela N.º 4, que abrió sus puertas ese mismo mes y luego se trasladó. Otra de las benefactoras fue María Unzué de Alvear. Las dos grandes estancias en las que aún resuena su historia son El Castillo y La Riviera. El castillo en cuestión existe y fue construido en 1896 por el poeta Rafael Obligado sobre las barrancas del río Paraná en honor a su esposa Isabel Gómez Langenheim, con 3 pisos, ventanales ojivales y numerosas habitaciones, figurando incluso en el escudo de Ramallo. Por otro lado, la estancia La Riviera, edificada en 1880 y demolida en 1945, fue la casa de María Obligado y su esposo Francisco Soto y Calvo. El lugar es recordado por haber acogido brevemente a Jorge Luis Borges como bibliotecario que llegaba en tren hasta El Paraíso para cumplir su labor. El castillo es muy difícil de ver: si el río está crecido, tal vez desde una lancha por agua ahora hay poca. Está habitado, así que queda en el viajero imaginar a una doncella en alguna de sus 365 ventanas, una por cada día del año, según los parroquianos que lo vieron alguna vez. Un lugar seguro El pueblo se recorta entre un caserío prolijo que rodea la plaza Dalmiro Rocco, nombre de un sacerdote nacido aquí que hizo mucho por la comunidad. Cuando aplaca el calor, se llena de niños con sus bicicletas. Las puertas de las casas permanecen abiertas. Un chico pasa, mira a los visitantes y cabecea diciendo buen día. El Paraíso estaba formado por muchas colonias de trabajadores desparramados en el campo. Desapareció el tren y empezó el éxodo. Pero acá estamos, con 5 escuelas rurales en pie y resistiendo, cuenta Sebastián Tioni, delegado del pueblo. La hermosa Capilla del Sagrado Corazón de Jesús fue fundada en 1930 como un homenaje de María Unzué de Alvear a sus padres. A media cuadra asoma el histórico Almacén de Ramos Generales, construcción de 1935 que reabrió hace cuatro años de la mano de Federico Di Bucci. Tercera generación, a pesar del bache desde 1986 hasta 2022 en que permaneció cerrado, con el piso y la estructura de antaño intactos, bellísimos, el sol se cuela por la ventana gigante como si no existiese el paso del tiempo. Allí se sirven delicias como el costillar a la estaca, la tortilla con alioli y los canelones rellenos, platos de abuela de campo ricos ricos como dice Karlos Arguiñano. Carlos Di Bucci cuenta que su abuelo Emanuel era herrero y llegó al pueblo con su fragua. En 1935 fundó junto con sus hermanos el Almacén de Ramos Generales cuando todavía funcionaba la cooperativa de colonos. Hoy el turismo y la vida tranquila atrae al viajero a disfrutar de esta calma, que no cambiamos por nada del mundo, cierra.

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