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» La Nacion
Fecha: 17/01/2026 09:15
Hernán Galíndez: jugaba con Messi en la infancia, sufrió depresión tras un descenso y ofrece un mensaje conmovedor MONTEVIDEO.- Hernán Ismael Galíndez era un nene que corría detrás de la pelota. Como todos los niños de fines de los años ochenta por las calles de Rosario: iban a la escuela a la mañana, almorzaban un sándwich de milanesa y poblaban las tardes de gambetas. Calles de tierra, potreros, clubes de barrio: de pronto, faltaba un arquero y el pequeño Galíndez, sin pensarlo, se puso los guantes. El primer gol que recuerda (un golazo, la verdad) se lo convirtió Lionel Messi, con la misma magia de sus 22 años de carrera profesional. Por esos días, en las calles lo llamaban El coloradito. Si jugaba, no había ninguna chance. A Leo lo conozco antes que a Angel (Di María), porque es de mi misma categoría, la 87 y él siempre participaba en los torneos que se armaban. Cualquier equipo que quería salir campeón, lo llevaba a él y jugaba con uno más. Tenía unas condiciones bárbaras desde muy chiquito. Esos videos que a veces aparecen, de cuando jugaba en el Abanderado Grandoli, tenía 5 o 6 años. En esa época fue cuando nos enfrentamos varias veces, cuenta su historia (y la del genio), el arquero y capitán de Huracán, el argentino convertido en ecuatoriano y a punto de disputar el segundo Mundial de su vida. Y un mundo durante esa travesía. Tiempo al tiempo. Mejor seguir con los recuerdos de medias bajas y meriendas con chocolatadas. Yo jugaba en Alianza Sport, él jugaba en varios equipos. Recién cuando fue más grande, fue a Newells. En esa época había muchas ligas en Rosario: yo me acuerdo unos torneos de verano que se jugaban de noche, cuando no había colegio, que lo organizaban varios equipos de barrio. Leo siempre estaba y seguro que su equipo llegaba a la final. Cuando empiezo a atajar, el primer gol que recuerdo me lo hizo Messi. Gambeteó a tres o cuatro compañeros y a mí, también. Me dejó en el piso. De chiquito se notaba que iba a ser diferente. Yo no recuerdo si lo llamaban por el apellido, lo que sí recuerdo es que los padres de los chicos decían hoy juega el coloradito. Y si jugaba él no era normal lo que hacía. Bueno, lo siguió haciendo. -Te enfrentabas con Messi y mientras tanto, te hacías amigo de Di María -A Angel tuve la posibilidad de conocerlo en las inferiores de Central, eso fue diferente. Vi su evolución de cerca, cómo llegó a primera, él llegó antes que yo. -¿Con Messi te seguís viendo, hablando? -No, porque nunca fuimos amigos, ni compañeros, entonces sería como forzar una charla de ¿te acordás?, ¡cuántos chicos se habrá cruzado! Yo sé que sabe quién soy y a mí eso ya me alcanza, no hace falta el resto. Con Angel hay buena onda, nos volvimos a encontrar en la Copa América de Brasil después de muchísimo tiempo y él se acercó, entró en el segundo tiempo del partido entre la Argentina y Ecuador. Cambiamos la camiseta por primera vez. Fue increíble verlo otra vez después de todo lo que le pasó. -¿Y vos, todo lo que te pasó? ¿Podés creer todo lo que viviste y cerca ahora de jugar un nuevo Mundial? ¿Es cierto que estuviste a punto de largar todo? -Cuando cuento mi historia, me doy cuenta de lo que pasé y de lo que me tocó sufrir (entre comillas) deportivamente hablando. Miro para atrás y siento orgullo. Mi carrera no arrancó bien en Central, me tuve que ir de la Argentina, llegué a Ecuador y allá arrancó todo. De golpe, de irme a Ecuador para tratar de seguir jugando al fútbol a jugar copas internacionales, eliminatorias, Copa América, Mundial. La carrera fue al revés de lo que resulta habitualmente. Uno se encuentra con la selección de chico y va evolucionando. A mí me tocó al revés: disfrutar de la selección de grande, eso me hace estar más maduro. Cuando era chico, si alguien me hubiera dicho que iba a tener la carrera que tuve, no le hubiera creído. El 23 de mayo de 2010, Rosario Central perdió por 3 a 0 con All Boys y descendió a la segunda división. El arquero era Galíndez, fanático canalla. En la ciudad de las pasiones desatadas, el fútbol es la gloria y una condena. Para el protagonista de esta historia, de 38 años y con 33 partidos en la selección de Ecuador, fue algo más que un golpe de KO. Se quedó en la lona, tendido, con los ojos cerrados. Gracias a Dios hoy se habla mucho más de la depresión. Esto pasó en 2010, hace 15 años no se hablaba tan cotidianamente lo que es la depresión, lo que es esa enfermedad tan grave. Yo recuerdo que quería estar todo el día acostado, no quería salir de mi habitación, no tenía hambre, no quería ver una pelota ni por televisión. Eso fue lo que me pasó a mí después de lo de Central. Tiempo después, estuve en Quilmes un año, me saqué eso de encima un poco, pero cuando vuelvo a Central me comunican otra vez que iba a estar fuera del plantel y fue un golpe más. Como que el fútbol nunca me daba nada. No podía disfrutar del fútbol, abre como nunca antes las puertas de su intimidad. Y toma imaginariamente un mapa de América del Sur. Apunta bien arriba, a la izquierda. Por eso valoro tanto a Ecuador: llegué con una mochila, con un par de botines y de guantes, con la ilusión de tratar de seguir jugando a la pelota. Ahí volví a tener ganas de disfrutar. El fútbol es lo más importante después de mi familia. No sé qué hubiera sido si me quedaba a un costado. No tengo una respuesta. Fui cabeza dura y no escuché lo que la vida me decía, que en algún momento tenía que dejar no quería eso. Fui cabeza dura, tuve suerte, yo quería ser esto, se emociona. Los ensayos estivales del otro lado de la orilla con los guantes del audaz Globo de Diego Martínez son apenas una porción de su vida. El fútbol es solo un porcentaje. Las nueve temporadas y los 396 partidos en Universidad Católica de la Serie A de Ecuador le tocaron el corazón. Mucho más que jugar en la mitad del Mundo. Mi nacionalidad la elegí porque me quería quedar en el país, no lo pensé por la selección. Esa es la verdad. Cuando vuelvo a nuestro país y atajo contra la Argentina en la cancha de River, que perdemos con un gol de Messi, algunos se acordaban este es Galíndez, el que atajaba en Central y después que volví definitivamente, acá en Huracán, siguieron los reproches. Muchos me gritan ecuatoriano, o el te fuiste del país y ahora estás matando el hambre en la Argentina. Pasé por cosas muy difíciles, la verdad, como para que me afecte un grito. Yo estoy orgulloso de ser ecuatoriano, mi vida está en Ecuador, sostiene, lejos del Palacio. Del arco, del área. Lejos de todo. En la Argentina no tengo casa, no tengo nada, salvo mi familia de sangre. Mi vida está en Ecuador, no tengo cosas que hacer acá. Cuando termine mi contrato en Huracán me voy a vivir allá. Me enamoré de ese país, me siento cómodo y soy más feliz en Ecuador que en ninguna otra parte del mundo, descubre su interior. -¿Y en Huracán, en la Argentina, sos feliz? -Sí, claro. Pero fijate esto: si yo me hubiese quedado en Ecuador hubiera estado más cómodo que acá. El fútbol argentino me exige más, me obliga a mejorar. Necesitaba salir de esa zona de confort para estar en la selección. Ahora, la parte de afuera de la cancha, me siento ecuatoriano. Mis dos hijos nacieron allá, a mi esposa la conocí allá. Pamela es argentina. Stéfano, de 8 años y Angelina, de 5, son ecuatorianos. Habla y gesticula como un docente. Sereno, pensativo. Mira a los ojos. Y lee: lee todo lo que puede. Estudié y leí mucho de coaching, de resolución de problemas. Me encantan los temas del cerebro, cómo trabaja, los estados de ánimo, las herramientas que uno necesita para salir de algunos momentos. Esa parte me encanta. Es una chance más que tiene un deportista. Hoy está al alcance de la mano, es muy fácil llegar a ese material. Averiguar por qué uno está deprimido, por qué ese recuerdo me dio felicidad. Conocí a varios escritores que me gustaron mucho, como a Estanislao Bachrach. Lo vi en una entrevista con Migue Granados y ya me leí todos los libros que tiene. Es una oportunidad más. Es como cuando jugábamos a los jueguitos: una vida más, resume su pensamiento. -¿Todo eso te convierte en un mejor profesional? -No digo que soy más inteligente que otro. Sí digo que adquirí conocimientos que antes no utilizaba. Eso me da una oportunidad más. -Vas a jugar tu segundo Mundial y, según te escucho, es un tema más en tu vida. -Aprendí a disfrutar de los momentos, aprendí a darle a cada cosa el valor que se merece. Pero siempre digo lo mismo: cuando los futbolistas decimos mañana nos jugamos la vida, gracias a Dios eso es mentira. Siempre les digo a mis compañeros, es un partido de fútbol. Pase lo que pase, en tu casa te va a estar esperando tu esposa, tus hijos, tu mamá. Nada es tan grave. La sociedad es muy extremista, a mí no me gusta. Esto empezó como un juego en el barrio y después se transformó en un trabajo, algo que tampoco me gusta. Ganar o morir es una mentira. -¿Te escuchan tus compañeros, sobre todo los más jóvenes? -Yo no soy un consejero. Cuando tengo que hablar, doy mi punto de vista. Soy el más viejo del plantel, el capitán, así que trato de que los chicos tengan mi experiencia. -La historia de tu sufrimiento es la historia de Huracán. ¿Te sentís identificado desde esa perspectiva? -Sí, desde siempre. Estuve dos veces cerca de salir campeón y también estuve varias veces a punto de dejar el fútbol de chico. Yo sé cómo es esto. Gracias a las cosas que me pasaron, me hice una coraza para que no me afecte tanto. Perder la final fue durísimo, me dolió mucho y mucho tiempo. Pero al pasar los días, miré atrás y siento que hicimos muchas cosas bien. No solo los que ganan tienen la razón y el que no gana no sirve para nada. El que gana, corona y el que no gana tiene muchas cosas para valorar. El problema es que no se ve en ese momento. Trato de llevar mi vida más tranquila. Entregar todo, el máximo esfuerzo, eso siempre. -Hablando de entregarlo todo, ¿cómo es tu relación con Beccacece, el técnico de Ecuador? -Entró muy bien en el grupo. Entró en una eliminatoria que iba por la mitad, entendió muy rápido la idiosincrasia del futbolista ecuatoriano, cómo manejar el grupo. Hay jugadores que están en la élite al 100 por 100 y los hace sentir terrenales, los convirtió en líderes de un grupo que llegó a estar segundo en la eliminatoria. Y estaba menos tres. Hay mucho mérito. Jugar en la selección y tener compañeros como Pacho, Caicedo, Hincapié, Estupiñán a mí me parece raro. Es un privilegio estar en la selección. La idea es hacer el mejor Mundial de la historia. a mí me parece raro. Es un privilegio estar en la selección. Galíndez vuela en el último entrenamiento de Huracán. Un rato más tarde, pone los botines sobre la tierra. El arquero que ataja con la cabeza.
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