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  • Un peronismo ladrón y farandulero naufraga con el caso Chiqui Tapia - Entre Rios 24

    Parana » ER 24

    Fecha: 17/01/2026 09:00

    Un peronismo ladrón y farandulero naufraga con el caso Chiqui Tapia El caso Tapia terminó de desnudar lo que muchos se negaban a ver: un peronismo degradado, más cerca de la farándula que del pueblo, más preocupado por blindar negocios que por defender ideas. Lejos de la tradición política que decía representar a los de abajo, hoy aparece naufragando en un escándalo de dólares, sociedades opacas y protección corporativa, con la AFA como escenario y la Selección como escenografía.No es fútbol. Es poder. Y es dinero. La reacción del peronismo frente al escándalo fue automática y reveladora: cerrar filas, minimizar, relativizar, atacar al mensajero. Como si Tapia fuera un dirigente político y no el emergente de un sistema donde el espectáculo, los negocios y la política se confunden sin pudor. La defensa no fue ideológica; fue instintiva, propia de quien sabe que, si cae una ficha, puede desarmarse todo el dominó.Detrás de ese blindaje aparece la mesa chica del massismo, donde el Estado dejó de ser herramienta de desarrollo para convertirse en ingeniería de supervivencia. Sergio Massa, Javier Faroni, Guillermo Michel: política, show y experticia técnica confluyendo en un mismo clima de época. Un clima donde armar sociedades, mover dólares y diseñar estructuras parece más importante que gobernar. Michel no es un improvisado. Los propios medios lo han señalado desde hace años como especialista en armado de sociedades, un cuadro técnico del poder, habituado a los engranajes finos del Estado. Faroni tampoco: productor, empresario del espectáculo, habituado a convertir todo incluso la política en puesta en escena. Y Massa, el hilo conductor: el dirigente que prometió orden y terminó dejando un país con cepo, inflación y un peronismo sin relato, reducido a fuerza de cobertura. El resultado es patético: un peronismo que ya no discute justicia social, sino contratos; no milita, sino blinda; no conduce, sino tapa. Un peronismo que cambió la plaza por la quinta de Pilar, la liturgia por la marquesina, el proyecto por el negocio. El caso Tapia no es una excepción: es el espejo. Y lo que refleja es un movimiento que se volvió irreconocible, atrapado en su propia caldera, mientras el país real el que no llega a fin de mes mira cómo los supuestos defensores del pueblo naufragan abrazados a una caja.La farándula pasa. Los dólares vuelan. Pero cuando el telón cae, lo que queda es el vacío. Y esta vez, el peronismo no puede culpar a nadie más que a sí mismo.

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