16/01/2026 04:55
16/01/2026 04:52
16/01/2026 04:49
16/01/2026 04:41
16/01/2026 04:35
16/01/2026 04:32
16/01/2026 03:54
16/01/2026 03:54
16/01/2026 03:54
16/01/2026 03:54
» La Nacion
Fecha: 16/01/2026 03:34
Miguel y Celeste se llevan siete años, se conocieron en el trabajo y la vida los puso a prueba durante su relación, ¿podrían soportar la mirada del otro? - 5 minutos de lectura' Las enfermeras de neonatología empezaron a cuidarse en lo que decían a viva voz cuando Miguel (30), un residente de primer año de pediatría, empezó a trabajar con ellos y era, nada más y nada menos, que el hijo del dueño de la entidad de salud. Por temas del azar, y la necesidad de trabajar, por supuesto, unos días antes había ingresado al área de neonatología Celeste (23), la nueva enfermera que, enfocada en su nuevo trabajo, prefería hacer caso omiso a lo que le aconsejaban sus compañeras. Era la enfermera rapidita que andaba con el hijo del dueño Todas las compañeras le decían a Celeste que no hablara delante de Miguel porque, al ser el hijo del dueño, le podía contar. Las enfermeras siempre tienen ese miedo a los médicos, pasaban y se paralizaban. Yo era más joven, de otra generación de enfermeras donde no sentía como ellas esa devoción hacia los médicos, ese verlos como dioses, y eso hizo que comience a charlar con él en el pase de guardia, tomar mates o hablar sobre pacientes, explica Celeste. Los meses pasaron y esas charlas habituales de trabajo comenzaron a cobrar otro sentido, las miradas eran diferentes, se empezaron a mirar con otros ojos y no tardaron en darse cuenta de que había amor entre ellos. Fue en la segunda salida cuando llegó el primer beso. Nos enamoramos y nos pusimos de novios frente a muchas miradas prejuiciosas, pues yo pase a ser la enfermera rapidita que andaba con el hijo del dueño, recuerda Celeste. Una convivencia que empezó el primer día Miguel y Celeste se sentía cómodos juntos y dejaron fluir la relación. Al principio, a escondidas de la gente del trabajo, aunque ambos sabían que todos sospechaban. Desde el primer día que vivieron juntos: cada cual alquilaba su propio departamento pero dormían juntos todas las noches, entonces a los dos meses les pareció que lo más práctico sería rescindir el contrato de alquiler de Miguel y que se mudara con Celeste. Y así fue. Si bien eran recatados, tampoco se cuidaban demasiado, no tenían por qué, y seguramente por eso, un día entrando al departamento, una empleada los vio juntos y decidió mandarle un mensaje a Celeste contandole que los había visto entrar juntos. En ese momento decidimos oficializar nuestra relación, sobre todo porque su papá era mi jefe y no queríamos que se enterara de esta buena noticia por el chismerío de pasillo de la neo, admite Celeste. A los tres meses de comenzar su relación llegó la noticia del embarazo. Tienen dos caminos: se fortalecen como pareja o se separan, decidan el suyo En cuanto se enteraron de que iban a ser papás todo lo vivieron con alegría y felicidad. Al principio tenían miedo de que fueran mellizos ya que tanto Miguel como Celeste son hijos mellizos, pero la naturaleza decidió que ellos no iban a seguir la tradición familiar y la ecografía confirmaba que solo esperaban un bebé. Las semanas pasaban y los controles también, todo marchaba perfecto. Programaron un viaje al exterior y Celeste, que aún no le había visto la cara a su bebé, insistió para hacer otra ecografía. Ahí se enteraron de que su hijo tenía labio leporino. Fue todo muy triste, trabajábamos en una neo, así que sabíamos todo lo que se venía, cuenta Celeste. Con Miguel se abrazaron en el dolor y continuaron con el embarazo. Cuando nació su bebé una fonoaudióloga les dijo: Los papás de los chicos que tienen una necesidad especial tienen dos caminos: se fortalecen como pareja o se separan, decidan el suyo No se contesta una pregunta con otra pregunta Al volver de una salida con amigos Miguel le preguntó si se quería casar con él, Celeste le preguntó si era un chiste. Él se enojó, no se contesta una pregunta con otra pregunta, dijo. Unos días después volvió a preguntar y Celeste no demoró en aceptar. Se casaron cuando su hijo cumplió un año. Un tiempo después a su hijo le diagnosticaron discapacidad intelectual, Miguel y Celeste ingresaron en un mundo que desconocían donde las palabras inclusión, acompañante terapéutica y maestra de apoyo empezaron a ser habituales en su vida. Los años pasaban, a las terapias y cirugías le sumaron la llegada de un hermanito en plena pandemia. Creo que nuestra historia de amor se basa en el apoyo constante de uno al otro, de no dejarnos caer cuando se nos venía el mundo abajo, del abrazo durante la espera de las ocho cirugías de nuestro hijo, analiza Celeste. Hoy siguen trabajando juntos, hacen guardias para poder pagar todo lo que necesitan para su hijo, en Argentina la discapacidad es carísima, afirma Celeste. Sus compañeros de trabajo se asombran, les preguntan como pueden con todo, siempre es la misma respuesta, porque nos elegimos, nos complementamos para poder con todo. Y porque no importa lo que pase, siempre vamos a volver a casa donde estamos los cuatro juntos sin importar cuántas cosas tengamos que encarar mañana, cuenta Celeste del secreto de su relación duradera.
Ver noticia original