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  • Hizo willi en su moto, chocó contra un auto y tras 8 cirugías tomó una dura decisión: No quería estar postrado tanto tiempo

    » La Nacion

    Fecha: 16/01/2026 03:34

    Federico Canal estuvo al borde de la muerte. El clic llegó en una plaza, mientras observaba a personas haciendo una actividad que ni siquiera conocía; fue un antes y un después - 6 minutos de lectura' Estaba mi mamá sentada a mi lado y, de repente, me largué a llorar, le dije que me quería ir a casa y que deseaba que me cortaran la pierna para que el dolor terminara. Le aclaré que no me importaba lo que pasara después, ya había perdido 20 kilos por no comer y no poder ir al baño. Estaba en las últimas. Federico Canal tenía apenas 19 años cuando, justo después de la amputación, intentó tocarse la pierna y su mano solo rozó el colchón. Me pareció rarísimo, recuerda, pero en ese instante se sentía bien: la anestesia lo mantenía ajeno a la dura realidad. Los días siguientes fueron complicados, un infierno. Era feo, tenía que volver a depender de alguien, parecía un bebé, no me gustaba, no podía dormir por los dolores fantasma, me estaba volviendo loco, rememora. Ese accidente que lo cambió todo Antes del accidente, Federico llevaba una vida plena y activa, muy distinta a la de hoy. Se reunía casi a diario con amigos para correr por los campos, manejar moto, y soñaba con ser policía. Vivía con sus padres y su hermana y estaba en pareja con una chica. Esa noche estaba en casa con ella, jugando a la compu. Acababan de cenar cuando llegaron unos amigos. Al principio no planeaba salir en moto como solía hacer, pero al final se animaron igual. El accidente´lo provoqué yo con una mala maniobra: hice una ´willi´(wheelie en inglés) y choqué contra un auto estacionado. La moto me cayó encima y me corté la arteria poplítea, ligamentos, tendones y nervios. Me fracturé la cabeza del fémur. Básicamente, destrocé la rodilla entera. Estuve al borde de la muerte Enseguida, lo trasladaron al Hospital San José de Pergamino, y de ahí lo llevaron a un centro médico en Junín. Estuve al borde de la muerte porque corté la arteria y me estaba desangrando internamente, había perdido dos litros de sangre adentro del gemelo. De la internación me acuerdo algunas cosas muy variadas, ya que me daban muchas drogas por los dolores y demás, pero los médicos fueron muy profesionales. A Federico le hicieron ocho cirugías. Ahí los médicos le avisaron que debía pasar dos años en cama para intentar salvar la pierna. Si lo lograba, quedaría recta, inmóvil y rígida de por vida. Esa perspectiva lo hundió en una desesperación profunda. No quería esa vida, postrado tanto tiempo, con una pierna inútil colgando como un peso muerto, confiesa. Fue ese abismo de impotencia lo que lo empujó a decidir: Amputen. Quiero empezar de nuevo, aunque sea con una prótesis. Durante los días posteriores se apoyó en el acompañamiento y amor incondicional de su familia que no lo dejó solo en ningún momento. Esa contención fue fundamental para poder aferrarse a la vida. Además, en el peor momento de su vida reapareció el humor que lo ayudó a pasar esos días con otra actitud. Reírse de sí mismo fue una de las claves para empezar a ver esa luz al final del túnel, luego de haber llorado mucho durante los primeros tres meses tras ser amputado. Rehabilitación no hice, tuve acompañantes esos tres meses y después nada más. Por suerte, conocí otras personas que me veían como uno más, no como un pobrecito. Entonces, me alentaban a hacer cosas que, quizás, pensaba que no podía. Un clic inesperado y una nueva vida Cinco meses después de la amputación, Federico recibió su primera prótesis. Con el tiempo se fue acostumbrando, pero al principio le costaba mucho usarla: era algo ajeno, que no formaba parte de su cuerpo. El clic pasó cuando estaba en un parque a punto de fumar un porro y vi que había gente entrenando. Hacían calistenia, me acerqué y conocí a Fede Vitelli y Valen Curti, muy macanudos, y ese día empezó mi cambio: pasar de ser un drogadicto tirado en la lona a la versión que hoy conocen de mí. La calistenia es un tipo de entrenamiento físico que utiliza el peso corporal como resistencia principal, sin necesidad de pesas ni máquinas, enfocándose en ejercicios como flexiones, dominadas, sentadillas y planchas. Este método promueve movimientos naturales y funcionales que mejoran la fuerza, la movilidad y el control corporal en cualquier lugar. Entrenar calistenia desarrolla fuerza funcional al involucrar múltiples grupos musculares simultáneamente, lo que optimiza la coordinación y reduce el riesgo de lesiones al fortalecer tendones y articulaciones. Además, mejora la postura, la flexibilidad y la capacidad cardiovascular, facilitando actividades diarias con mayor eficiencia y promoviendo la quema de grasa. Fue un antes y un después, un abrir y cerrar de ojos La calistenia apareció justo cuando más la necesitaba, cuando más solo estaba, cuando menos me quería y cuando no sabía qué hacer. Fue un antes y un después, un abrir y cerrar de ojos. Federico, que en la actualidad tiene 26 años, empezó a realizar lo básico para esta disciplina: flexiones, dominadas, fondos, sentadillas hasta que con el correr del entrenamiento fue evolucionando hasta llegar a hacer algunos ejercicios un poco más demandantes. Fue tanta la pasión que le generó esta actividad, que se convirtió en instructor tan solo seis meses después de haber empezado a entrenar. Vi el impacto que tuvo ésta disciplina en salvarme, que se me ocurrió que yo podía ayudar a salvar a otras personas. Para eso realizó un curso online en forma intensiva y una vez que se recibió comenzó a trabajar. La calistenia no solo me salvó, sino que se convirtió en mi camino, en mi estilo de vida, en mi pasión y en mi trabajo. Si no estuviera haciendo esto, no sé qué sería de mí, afirma. En sus redes comparte rutinas, dietas y mucha motivación para que la gente sepa que puede lograr todo lo que se propone. Todos somos fuertes y capaces, solo que estamos apagados, y pretendo ser esa chispa de inspiración para el que no cree en sí mismo, porque yo no creía en mí. Un mensaje para las personas que se encuentran atravesando un momento complejo y no pueden salir adelante Se puede, pase lo que pase, todo pasa. Ármense de valor, esfuerzo y, sobre todo, convicción de que ustedes pueden. Vean el vaso medio lleno, no medio vacío. Si yo pude, ustedes también. Ánimos que la vida es una y hay que disfrutarla igual. Disfruten lo simple, escuchen los pajaritos, toquen el pasto en una plaza, huelan las flores, sientan el viento y valoren todo. No hace falta perder algo para ver el valor que eso tenía.

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